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MENÉNDEZ PELAYO

MENÉNDEZ  PELAYO

-El esperado regreso de José Luis Gómez Fernández

-Estrenamos su nueva sección “Franja del pensamiento libre”

 

 

 

Voy a reflexionar unos instantes sobre la figura cántabra de Menéndez Pelayo ciñéndome a su obra de 1880 LA HISTORIA DE LOS HETERODOXOS ESPAÑOLES,  si bien hay que resaltar que, si nace en el año 1856, a sus 24 años se consagra como  pionero de la investigación histórica de la hispanidad dentro del marco del catolicismo, resaltando desde el inicio la simbiosis del ser de España como nación y como referencia espiritual (católica, apostólica y romana).

 

Bajo este prisma Menéndez Pelayo hace un recorrido por la historia de España sintonizando con la historia de la Iglesia en su enfrentamiento con las herejías.

 

Así, comienza en el libro I con un cuadro general de la vida religiosa en la Península antes de Prisciliano, y como preliminares cita a los herejes libeláticos, (de libelo), aquellos primitivos cristianos que mediante libelos satirizaban o infamaban la doctrina cristiana; a los luciferianos, (de Lucifer), aquellos otros, cuya enseña era la soberbia; a los gnósticos españoles  de la época romana; a los agapetas (de ágape o banquete cristiano aludiendo a la Eucaristía).

 

Ahora bien, si Prisciliano, de origen gallego, es un hito en la historia como heresiarca español que concibe el cristianismo ascéticamente, queda en la posteridad como un referente ineludible en el que se asocia vivir cristianamente con vivir sufriendo. De hecho, en la historia de la literatura religiosa quedan abundantes rescoldos de esta doctrina hasta el punto de que la vida es asumida como valle de lágrimas, que aún se encuentra en devocionarios y que constituye en la personalidad religiosa su fundamento,  su guía y su consuelo.

 

La “Imitación de Cristo”, atribuido  a Tomás de Kempis, alemán del s. xv, enseña la índole sicológica del sufrimiento más como virtud que como sabiduría. La doctrina eclesiástica pronto se dio cuenta del peligro de  desviación doctrinal que ello podía implicar, y Prisciliano fue condenado y decapitado en el año 385.

 

Sánchez Dragó abunda en ello en su opúsculo “El priscilianismo”.

 

Menéndez Pelayo que se posiciona a lo largo de la historia de España al lado de la propagación del cristianismo en la España romana, próspera y rica, dice, “madre fecunda de Sénecas, Lucanos, Marciales y Columelas y de tradiciones como Santiago el Mayor que esparció la santa palabra por los ámbitos hespéricos…”, hace recuento de las herejías en la época visigoda, como el arrianismo, nestorianismo, maniqueísmo, acefalismo (la iglesia sin cabeza, sin Papa), la adivinación, la astrología, la magia en Grecia y Roma, las prácticas supersticiosas de los aborígenes y alienígenas peninsulares, vestigios que aún se conservan en muchos lugares de España como Galicia y Extremadura.

 

Las enseñanzas de la Iglesia constituyen para Menéndez Pelayo el vademécum que guía su investigación herética del siglo XV, del Renacimiento, de los protestantes del XVI_XVII, de los afrancesados del XVIII con su filosofía y su política, la influencia de la Revolución francesa en aquellos aspectos de acción anticatólica y del liberalismo progresista y se enfrenta con las doctrinas e ideas de sus contemporáneos como inadmisibles por antiespañolas.