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CONTINUACIÓN DEL ARTÍCULO ANTERIOR, TITULADO “LAS IDEAS QUE PABLO IGLESIAS LLEVA EN LA MOCHILA”

CONTINUACIÓN DEL ARTÍCULO ANTERIOR, TITULADO “LAS IDEAS QUE PABLO IGLESIAS LLEVA EN LA MOCHILA”

-Artículo de opinicón por José Luis Gómez Fernández

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Vaya por delante el enlace de dicho artículo:

LAS IDEAS QUE PABLO IGLESIAS LLEVA EN LA MOCHILA

https://liebanizate.com/2015/04/27/las-ideas-que-pablo-iglesias-lleva-en-la-mochila/

Estos días y con motivo de las campañas electorales y tertulias televisivas se ha puesto de actualidad la mochila de Pablo Iglesias. A todo el mundo parece haberle hecho gracia la cosa, Me dan ganas de pedir “derechos de autor”.

Las recientes elecciones del Reino Unido y la victoria del partido conservador de Cameron parecen haber dado por finalizada la pesadilla que Europa estaba padeciendo en su cabeza.

Tengamos presente que la Unión Europea (UE) nació bajo la égida de un Gran Mercado. Y de hecho, los 28 países que lo configuran hoy no dejan de asombrarse cada vez que se convocan elecciones en el mapa europeo y se plantea la cuestión del euro. Pues, al Mercado de Valores, siempre atento a las divisas financieras, le va en ello la llave de la competencia frente a las monedas de la periferia. India y China, entre otros países, emergen en los mercados con una virulencia antes desconocida. Y ahora, se une Méjico por su geoestrategia y su competitividad en calidad y coste; ya se produce aquí con un 20% más barato y mejor calidad que China.

Los grandes inversores no saben a qué atenerse en medio de un cruce de caminos de ideas  políticas inverosímiles unas, utópicas otras y sorprendentes, todas, a la hora de la praxis política. “No es lo mismo predicar que dar trigo”, recuerda el dicho popular de raíces religiosas. Y esto es lo que está sucediendo en España ante la emergencia de partidos como Podemos, Ganemos, Perdemos o nos Jodemos.

La inversión se encuentra paralizada en estos momentos en nuestro país, y nadie lo explica. Los puestos  de trabajo no los crea ningún gobierno sino los empresarios.

Da vértigo oír en estos días las cosas que se atreven a decir en los mítines los ejercientes de la política en busca del voto.

“Es que yo soy marxista” decía uno (Carlos Carnicero) en su tertulia habitual de Intereconomía. “Es que el partido socialista es incompatible con la corrupción”, decía el 2º zapatero, Pedro Sánchez, sin la menor pizca de sonrojo ante la mayor corrupción de la historia (los eres). “Si queréis bienestar, votad al partido popular”, decía Rajoy con cara de autosatisfacción y narcisismo (con cinco millones de parados a la espalda).

Frases parecidas y deshilachadas se oyen todos los días entre los analistas políticos y periodistas. El ridículo no deja de proliferar a raudales semana tras semana.

Las ideas nunca son inocentes por más que aparenten serlo, unas se presentan en sociedad como cáscaras vacías, si bien con gusano dentro; otras están cargadas de odio y con munición destructiva. Por eso no pierdo la ocasión de recordar aquel 15-M que gestó la mochila de Pablo Iglesias.

Sus ideas, que se van haciendo más explícitas cada día, se reducen a un congelado de odios. Y no es porque la motivación de esa repulsa a los malos gobiernos y a los engendros  corruptores de la sociedad no se deje de compartir.  No, pero el odio por sí sólo no fundamenta  nada ni es una construcción  de nada. Sí es, sin embargo, una alarma y un aldabonazo,  como lo es  el dolor en una disfunción biológica.

En la biografía de Pablo Iglesias entran factores, como en la de todo el mundo, que diseñan lo que uno es por lo que uno fue. Este chaval, de 37 años, perteneció a Juventudes Comunistas y sus ideas motrices no han dejado de pivotar en torno a esa idea incluso en la Universidad Complutense, en donde ha armado pitotes en serie como el escrache a UPYD o la invasión de la Capilla universitaria.

Su laicismo lo exhibe allá por donde va; si pudiera, borraría de un plumazo hasta el Vaticano y sus  Iglesias cristianas, sin mostrar ni un pelo de contundencia con mezquitas ni con islamismos  yihadistas.

Tiene hechas declaraciones a los medios de comunicación de la más diversa índole. Y ninguna, para tirar cohetes en su favor para gobernar. Jubilación, sueldo de 650 e, cancelación deuda pública, desahucios, hipotecas, expropiaciones, impuestos a ricos (huida de empresas de este país, despidos masivos, ¿no cae en la cuenta?) eliminación de vallas en Ceuta y Melilla, libre circulación de inmigrantes, sin fronteras y sin expulsiones de los sin papeles.

Y, por si fuera poca la retahíla de concesiones o prohibiciones en su caso, ahí aparece, en el cuadro político de esta formación nada menos que el magistrado Carlos Jiménez Villarejo, confeso de tendencia comunista y propulsor pro-etarra del proceso de paz y el perdón de sus crímenes cuanto antes. Y todo, por la convivencia y la paz (la paz de los muertos, añado yo).

¡!!Proceso de paz!!!, zapaterismo de la más rancia especie. Hubo una vez un bobo en el gobierno que…hasta su bobería se travistió en solemnidad.

Con estos prolegómenos, ¿no creen que una formación de este jaez no tiene pase en política?

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LAS IDEAS QUE PABLO IGLESIAS LLEVA EN LA MOCHILA

LAS IDEAS QUE PABLO IGLESIAS LLEVA EN LA MOCHILA

-Artículo de opinión de José Luis Gómez Fernández

 

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Pablo Iglesias interviniendo en un programa de Libertad Digital

 

 

Este muchacho durmió más de una noche en la Puerta del Sol, el 15-M, amparado por el Ministro del Interior, a la sazón A. Rubalcaba.

 

El partido socialista nunca se atrevió a disolver aquella acampada alegando males mayores, sin más explicación. La toma del Congreso y sus aledaños por esta gente empezaba a ser habitual.

 

Pablo Iglesias viene de ahí. Sus ideas, que se van haciendo más explícitas cada día, se reducen a un congelado de odios. Y no es porque la motivación de esa repulsa a los malos gobiernos y a los engendros  corruptores de la sociedad no se deje de compartir.  No, pero el odio por sí sólo no fundamenta  nada ni es una construcción  de nada. Sí es una alarma y un aldabonazo  como el dolor lo es de una disfunción biológica. Pero no olvidemos que los movimientos anárquicos de la historia empezaron por ahí, y se estancaron en eso, en anarquía, pesimismo, desolación y bancarrota. ¿Construyeron algo? Echemos un vistazo a todo el s. XIX y primer tercio del XX.

 

Pablo Iglesias ayer en la sexta, en esa entrevista  que daba la impresión de ser aséptica, incontaminada, invitando a participar al público en ella, decía que las socialdemocracias, todas, habían nacido del marxismo.  Y aquí entraríamos en debate. ¿Qué marxismo? Porque ni Marx fue marxista, ni hoy la historia marxista es unidimensional, como diría Marcuse. Hoy se halla sometida a revisión.

 

No hay dialéctica marxista ni historia de clases. Hay dialéctica de Estados e historia de relaciones sociales. O ¿es que, en el s. XXI, alguien, con un mínimo de lectura  y reflexión cree y acepta  la teoría marxista de Engels y Marx que atribuye a las técnicas de trabajo y producción como únicas relaciones sociales y económicas?

 

¿Se ha oído hablar a Pablo Iglesias de la doctrina política marxista desde su implantación en la URSS en 1917 con Lenin, y en 24, con Stalin y 100 millones de muertos?

 

¿Qué ideas lúcidas llevadas a la práctica le rondan en la cabeza a Pablo Iglesias? No será lo que se le ocurrió al secretario, Pedro Sánchez, ayer, en esas intervenciones mitinescas, cuando dijo que él pretendía cambiar al país 360 grados….Ni de grados entiende este segundo zapatero…

 

Ayer, también, Felipe González, (que mejor estaría callado) revuelve las aguas de la financiación de Podemos, como insinuando, que haciendo sangre en esa ilegalidad, contribuiría a machacar su ascenso y subir el suyo, el del Psoe. El asunto va por entregas, según avisa El Confidencial. No obstante, cabría decir lo que se decía en la II República: no es esto, no es esto…

 

Volviendo a Pablo Iglesias y al paquete que trae bajo el brazo, si, no en la cabeza, es una insinuación de estratega, de buen comunicador y empatizador, como demostró en la entrevista. Mira a los ojos y empatiza con el interlocutor como el colega que le comprende. Y eso satisface, al uno y al otro.