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MENÉNDEZ PELAYO (3ª PARTE)

MENÉNDEZ   PELAYO   (3ª parte)

-La oculta Filosofía de los Heterodoxos españoles

-José Luis Gómez Fernández

 

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Recuerdo una lectura de José Jiménez Lozano sobre Menéndez Pelayo con motivo de su centenario, allá por los años ochenta, que me llamó la atención por la filosofía que se desprendía de su reflexión. Dicho autor venía a equiparar la historia de los heterodoxos españoles a una biblia con tintes ideológicos convergentes en un mismo punto: “ESPAÑA E IGLESIA CATÓLICA” que, sin ser un juego de palabras, remite al anverso y reverso de una misma moneda.

Como ocurre en el universo del discurso donde la magia de las palabras apunta a las cosas y, éstas, a las ideas, se produce un llamativo agujero negro que, como punto neurálgico, engulle la razón última del autor de los heterodoxos españoles cuando concibe como un todo “CATOLICISMO” Y “ESPAÑOLIDAD”, dos ideas excluyentes (del islamismo y del judaísmo como si fueran una empalizada que arredra la españolidad y la catolicidad).

Bien pudiera yo, plegándome a esta reflexión, subtitular esta tercera parte como: FILOSOFÍA DE LOS HETERODOXOS ESPAÑOLES, dando cuenta en sus interminables páginas de un hilo conductor que va traduciendo y entrelazando las ideas heréticas en sus referentes confrontaciones con la Doctrina y la tradición de la Iglesia Católica a lo largo de la  expansión del cristianismo por el Imperio Romano.LA EXPANSIÓN DEL CRISTIANISMO EN EL IMPERIO ROMANO Y ALEJANDRINO.docx

Heterodoxia y Ortodoxia forman el paradigma o eje de referencia en el despliegue de herejías que van sucediéndose en la historia de España desde el priscilianismo, el jansenismo o el adopcionismo en los primeros siglos de la Reconquista incluyendo la anecdótica herejía de los mozárabes cordobeses con motivo de la disputa del obispo de Málaga, Hostegesis, con Leovigildo acerca del antropomorfismo de la religión cristiana.

Vendría, después, el deísmo, el panteísmo, el naturalismo y el ateísmo con toda clase de sectas ocultas tan presentes en el mundo como hasta hoy  (recordemos a los miguelianos en nuestro país disueltos por la Iglesia hace dos meses.

En el s. XIII nos encontramos con la entrada del panteísmo semítico en las escuelas cristianas con la implicación de la filosofía arábiga y judaica con el impacto que causó la obra de Gundisalvo “De processione mundi” (el origen del mundo). ¿Es que la creación bíblica del mundo en seis días se pone en cuestión ahora por primera vez?

En casi todos los períodos  de la historia hubo corrientes heréticas ocultas que se manifestaban de un modo u otro, volviendo a desaparecer intermitentemente; así ocurrió con el maniqueísmo que, después de convivir con el gnosticismo en los primeros siglos permaneció camuflado en Oriente por mucho tiempo. M. Pelayo apunta, aunque sin mucha seguridad documentada, a que “el Emperador Anastasio y la mujer de Justiniano, Teodora, eran favorables a esta secta”.

En este mismo siglo aparecen los albigenses, los cátaros o patarinos que eran una rama del maniqueísmo, mientras que los valdenses y los pobres de Lyon eran sectas laicas comunistas que propugnaban la revolución social y la igualdad de clases. Tal vez hoy dirían, la igualdad de Estados.

En el s. XIV el autor resalta las apostasías de los judaizantes y mahometizantes reseñando un auto del Santo Oficio contra los relapsos o judaizantes.

Como puede observarse, una apostasía es una regla eclesiástica que se quebranta.

Los erasmistas españoles con el reformador Cisneros llenan un capítulo singular con el protagonismo de Alfonso de Valdés, su viaje a Alemania en donde permaneció al servicio del Emperador por un tiempo; también su controversia con Castiglione, su contacto con Melanchton en torno a la confesión de Augsburgo y sus conversaciones con Erasmo y Sepúlveda sobre la religión cristiana.

No deja el autor de dedicar medio capítulo al erasmismo en Portugal y a los protestantes españoles del s. XVI con Juan de Valdés y su propaganda herética en Nápoles.

Menciona asimismo a los protestantes españoles fuera de España con Miguel Servet y  la influencia de su obra “De Trinitatis erroribus” (De los errores de la Trinidad), lo que vino a llamarse el trinitarismo o antitrinitarismo  junto al misticismo panteísta.

En el s. XVII el jansenismo vuelve a ser punto de atención por el problema de la libertad y la gracia (gratis data), resurgiendo de nuevo las doctrinas de S. Agustín, precisamente por la obra AUGUSTINUS  del teólogo holandés, Jansenio.

  1. Agustín resalta la contradicción de la libertad con la gracia y la predestinación).
  2. Pelayo no logró aportar opinión crítica al embrollo planteado por los protestantes sobre la gracia, la predestinación y la libertad humana.

Soy consciente de que este apartado es tremendamente prolijo y debo interrumpirlo aquí para emprender en otra ocasión EL PROTESTANTISMO Y SECTAS MÍSTICAS, al igual que EL REGALISMO Y LA ENCICLOPEDIA.

Muchas gracias a cuantos me han seguido hasta aquí

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MENÉNDEZ PELAYO (2ª PARTE)

MENÉNDEZ  PELAYO

(2ª parte)

-Artículo de José Luis Gómez Fernández

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En el anterior escrito sobre Menéndez Pelayo, de la semana pasada, solo me interesaba resaltar aquella precocidad de un joven de veinticuatro  años (de la que tantas veces nos habían hablado en la Universidad exaltando su figura) como la llegada a la cúspide del saber de un investigador que se atreve a lidiar con la historia de España en una mano y con la de la Iglesia en la otra vertebrándolas en la secular tradición testamentaria y doctrinal de nuestra Patria.

En éste, hoy, trato de profundizar en un Menéndez P. en cuyo contexto cultural, de ese siglo XIX, queda envuelta su vida y tal vez el acicate que le motivó a escribir la historia de los heterodoxos españoles.

El bienio progresista, 1856, año de su nacimiento, entre uniones liberales, pronunciamientos e inestabilidades gubernamentales y educativas, va a determinar su estado de ánimo y su aventura intelectual.

En Europa, después de la Revolución francesa de 1789, reina el liberalismo como carta de pago para allanar el camino de la ciudadanía política y las credenciales culturales mínimas solventadas y sostenidas por los Estados nacionales.

 

Su obra, los HETERODOXOS ESPAÑOLES, parece ser un ajuste de cuentas con el siglo y  que el autor, como providencialista, cree y se afirma  en el destino de una España sin mácula siguiendo las directrices de una Iglesia católica, apostólica y romana, percibiendo como necesidad ineludible  la educación de una juventud que demandaba la igualdad y la participación política.

En todo el siglo apenas un 40% estaba escolarizado; no había Centros escolares  públicos suficientes y tampoco dineros para erigirlos; y las contradicciones de los liberales que, buscan una enseñanza secularizada y, al mismo tiempo, expulsan a las Órdenes religiosas, no ven otra salida que depositar en el progresista duque de Ribas el reparto de las cargas estatales de responsabilidad política y económica entre las instancias oficiales de los ayuntamientos para la enseñanza primaria, de las diputaciones para la secundaria y la del Estado para la universidad.

 

En España la Carta de 1812 acredita el salto de la denominación de “súbdito”, del antiguo régimen, a la de “ciudadano”, del nuevo orden social en el que prima el derecho a la igualdad, a la participación política y a la educación. Tres derechos fundamentales ineludibles en todo Estado nacional.

Las leyes de Educación, (desde la ley Pidal de 1845 o la ley Moyano de 1857), tratan de uniformizar y centralizar los planes de estudio para todo el territorio nacional que, por la supervivencia de los idiomas locales, entorpece una educación igualitaria conduciendo en los días de la Restauración a una reforma más del ministro Orovio que restringe la libertad de cátedra por miedo a la gestación de ideas convulsivas en los Centros, consiguiéndose la huida de las más eminentes figuras del País.

La Iglesia, en desacuerdo con la secularización de la enseñanza con la suspicacia de la Revolución francesa que, acabando con el antiguo Régimen, provoca la  emigración de las congregaciones religiosas de Francia (refugiándose muchas de ellas en España), pacta, mediante Concordato, la  implantación de su presencia  e influencia social en todos los estamentos y niveles educativos hasta la Universidad. No nos extrañemos que desde entonces hasta hoy abiertamente se habla de los espacios inútiles que ocupan las capillas universitarias.

En adelante, este pequeño trabajo va a bucear en los mismos textos y contextos de la obra “los HETERODOXOS ESPAÑOLES” desde las primeras  épocas, romana, visigoda, con la expansión del cristianismo y el surgimiento del “gnosticismo” o del arrianismo.

Dejo, entonces, esta tarea para una 3ª parte

MENÉNDEZ PELAYO

MENÉNDEZ  PELAYO

-El esperado regreso de José Luis Gómez Fernández

-Estrenamos su nueva sección “Franja del pensamiento libre”

 

 

 

Voy a reflexionar unos instantes sobre la figura cántabra de Menéndez Pelayo ciñéndome a su obra de 1880 LA HISTORIA DE LOS HETERODOXOS ESPAÑOLES,  si bien hay que resaltar que, si nace en el año 1856, a sus 24 años se consagra como  pionero de la investigación histórica de la hispanidad dentro del marco del catolicismo, resaltando desde el inicio la simbiosis del ser de España como nación y como referencia espiritual (católica, apostólica y romana).

 

Bajo este prisma Menéndez Pelayo hace un recorrido por la historia de España sintonizando con la historia de la Iglesia en su enfrentamiento con las herejías.

 

Así, comienza en el libro I con un cuadro general de la vida religiosa en la Península antes de Prisciliano, y como preliminares cita a los herejes libeláticos, (de libelo), aquellos primitivos cristianos que mediante libelos satirizaban o infamaban la doctrina cristiana; a los luciferianos, (de Lucifer), aquellos otros, cuya enseña era la soberbia; a los gnósticos españoles  de la época romana; a los agapetas (de ágape o banquete cristiano aludiendo a la Eucaristía).

 

Ahora bien, si Prisciliano, de origen gallego, es un hito en la historia como heresiarca español que concibe el cristianismo ascéticamente, queda en la posteridad como un referente ineludible en el que se asocia vivir cristianamente con vivir sufriendo. De hecho, en la historia de la literatura religiosa quedan abundantes rescoldos de esta doctrina hasta el punto de que la vida es asumida como valle de lágrimas, que aún se encuentra en devocionarios y que constituye en la personalidad religiosa su fundamento,  su guía y su consuelo.

 

La “Imitación de Cristo”, atribuido  a Tomás de Kempis, alemán del s. xv, enseña la índole sicológica del sufrimiento más como virtud que como sabiduría. La doctrina eclesiástica pronto se dio cuenta del peligro de  desviación doctrinal que ello podía implicar, y Prisciliano fue condenado y decapitado en el año 385.

 

Sánchez Dragó abunda en ello en su opúsculo “El priscilianismo”.

 

Menéndez Pelayo que se posiciona a lo largo de la historia de España al lado de la propagación del cristianismo en la España romana, próspera y rica, dice, “madre fecunda de Sénecas, Lucanos, Marciales y Columelas y de tradiciones como Santiago el Mayor que esparció la santa palabra por los ámbitos hespéricos…”, hace recuento de las herejías en la época visigoda, como el arrianismo, nestorianismo, maniqueísmo, acefalismo (la iglesia sin cabeza, sin Papa), la adivinación, la astrología, la magia en Grecia y Roma, las prácticas supersticiosas de los aborígenes y alienígenas peninsulares, vestigios que aún se conservan en muchos lugares de España como Galicia y Extremadura.

 

Las enseñanzas de la Iglesia constituyen para Menéndez Pelayo el vademécum que guía su investigación herética del siglo XV, del Renacimiento, de los protestantes del XVI_XVII, de los afrancesados del XVIII con su filosofía y su política, la influencia de la Revolución francesa en aquellos aspectos de acción anticatólica y del liberalismo progresista y se enfrenta con las doctrinas e ideas de sus contemporáneos como inadmisibles por antiespañolas.