Categoría: Paganismo

El Camino de la Bruja V. Danzando con Ishtar.

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Hace poco organicé una despedida de soltera pagana. No sé si se han hecho más, no tengo noticia de ello, así que cuando la novia, H, (una de mis mejores amigas desde hace muchos años y pagana también) me lo pidió dudé por unos momentos. No me gustan las despedidas de solteros, ni masculinas ni femeninas. Es una opinión personal, claro.
Pero H me explicó que no quería nada de lo habitual, no quería una gran juerga con alcohol, ni temática sexual, ni streapper, ni nada de lo que se suele hacer. Por eso me lo pedía a mí. Quería una despedida que significara algo, un rito de paso, algo espiritual que le preparase para el gran paso que iba a dar.   Emocionada, dije que sí.

Y me puse a prepararla. Hablé con mi amiga, para que fuera exactamente lo que ella quería y acordamos que sería una celebración del amor. No se despedía de la soltería, de la libertad, de un tipo de vida que se acaba… En estos tiempos ya no tiene sentido. Convivimos (la mayoría) con nuestras parejas durante un tiempo antes del matrimonio y muchos ya ni siquiera se casan. Ya vivimos como matrimonios, nuestra vida no cambia, por lo que no nos despedimos de nada. El matrimonio es una confirmación de esa vida, un sello de ratificación para quién lo desee. Así que llegamos a la conclusión de que la ceremonia giraría en torno a la celebración del encuentro del Amor. Se despedía, sí, pero de la soledad, de caminar sola, de ser una frente a todo. Celebraba que había encontrado a su compañero, que seguiría caminando su propia vida, independiente y única, pero compartiéndola con otra persona que caminaría a su lado, de su mano, siendo su apoyo, su confidente, su cómplice, su amante y su amigo.

Tardé un tiempo en organizar mis ideas. En el grupo de mujeres, y un hombre, que nos acompañaría, el número de no paganas era mayoría. De 9, sólo tres seguimos el camino de la Diosa. Tenía que hacer algo que ellas comprendieran para poder integrarse en la ceremonia, y como a casi todos nos gustan las historias, decidí hacer exactamente eso. Contarles una historia. Y bailar. Nada te hace conectar contigo misma y con la energía femenina tanto como bailar.

Alquilamos una casa rural para el fin de semana (preciosa, Navalespino, Santa María de la Alameda, muy cerquita del Escorial) y para allá nos fuimos las 9, más Camila, la perra más entrañable del mundo. Los primeros momentos las fui observando, la mayoría me conocían de antes, otras no. Pero todas me miraban con expectación. Sabían que harían algo nuevo, que lo que iban a vivir no lo habían vivido antes y esas experiencias vendrían de mi mano, creo que me miraban como a algo nuevo, aunque fuese la de siempre. Yo también estaba algo nerviosa, dirigir un ritual conlleva bastante responsabilidad cuando se hace con otros paganos, así que en este entorno era aún más complicado. Por supuesto tenía dudas: ¿Sería capaz de integrarlas en la ceremonia? ¿Comprenderían la trascendencia del momento? Todo iba a ser muy sencillo y nada elaborado, aunque ¿Y si no había acertado con lo que tenía preparado? Pero ya era tarde para pensarlo más, dejé las dudas a un lado y me lancé.

Hay muchas mitologías en el mundo, muchos mitos relacionados con la Diosa y el Amor, pero fue Ishtar quien vino a mí y, aunque no es una diosa del matrimonio, me pidió que contara su historia.  Ishtar es la Diosa mesopotámica del Amor, la Guerra, la Vida y la Fertilidad entre otros atributos, y tenía una hermana, Ereskigal, Diosa del Inframundo y la Muerte. Cuando Tammuz, esposo de Ishtar, muere, ella va en su busca para arrebatarle a su hermana sus poderes sobre la Vida y la Muerte y devolverle la vida, pero cuando llena de orgullo pretende entrar en el Inframundo descubre que allí no puede llevar nada del mundo superior, por lo que debe desnudarse. Ishtar debe atravesar 7 puertas para llegar hasta su Amor, por lo que se va deshaciendo de sus joyas y ropajes, dejando una prenda en cada una de ellas. Finalmente consiguió llegar hasta Ereskigal, pero despojada de todos sus poderes y atributos, de toda su majestad y divinidad, por lo que su hermana la mata. Pero sin ella, la tierra languidece, y los Dioses crean a un ser capaz de entrar y salir del reino de la oscuridad a su antojo, que baja a rescatarla y consigue llevarla a la vida de nuevo, a la luz, reunida con su esposo.

Primero les conté la historia, y después les expliqué la metáfora que se esconde tras el cuento y el por qué de recordarlo en una despedida. Todas tenemos una parte de nosotras mismas que guardamos en nuestro interior. La Sombra, todo aquello que no nos gusta, nuestros rasgos menos “luminosos”, defectos, secretos, experiencias que queremos olvidar, pensamientos que nos avergüenzan y que mantenemos escondidos de los demás, y de nosotras mismas. Pero tan parte nuestra como todo lo que nos agrada y mostramos de frente. Somos quienes somos debido a la unión de ambas partes. Ishtar y su hermana Ereskigal son dos caras de la misma Diosa, una luminosa y creadora y otra oscura y aterradora. Pero ambas la misma mujer.

Tammuz es la parte masculina que todas tenemos, arrebatada por la Sombra ya que siempre se nos ha dicho que los rasgos que representa no son propios de la mujer. La valentía, el coraje, la independencia, la fortaleza, la sed de conocimiento, la seguridad en uno mismo… Son  rasgos que la Sombra considera varoniles y los mantiene escondidos. Históricamente a la mujer se le ha educado para ser dulce, sensible, frágil, amorosa y dependiente, y cualquier rasgo de rebeldía ha sido duramente censurado y la mujer que presentaba estos rasgos acusada de hombruna o marimacho. Pero todas sabemos que la mujeres no somos frágiles, no somos dependientes por naturaleza. De hecho las mujeres somos seres muy fuertes, muy valientes e inquisitivas. Interesadas en el conocimiento y el saber. Por eso Ishtar, para estar completa, debe recuperar estos aspectos de la personalidad enfrentándose a su hermana, su  Sombra. Recuperando su totalidad conociendo y aceptando su oscuridad como algo inherente a ella, solo de esa forma puede la mujer compartir su vida con otra persona, conociéndose totalmente para ofrecer al otro todas sus partes, unidas.

Pero para conocernos realmente a nosotras mismas, debemos hacerlo despojadas de las mascaras con las que nos cubrimos para ocultar la verdad. Desnudas. Por eso Ishtar, para entrar en el Inframundo (su propio mundo interior) debe desnudarse. Las mascaras no sirven de nada allí ya que nos enfrentamos a nuestro verdadero yo, a quien ha creado esas mascaras y sabe que son falsas, y lo más importante, sabe lo que realmente se esconde debajo. Y ese ser capaz de moverse entre los mundos, entre la luz y la oscuridad, es la mujer nueva y completa que resulta de unir todas las partes que nos conforman.

Dicen que esta leyenda es el origen de la famosa Danza de los 7 Velos, así que tras contarles esta historia donde les guié a su interior, pedí ayuda a V. que tiene conocimientos de Danza del Vientre, y aunque no es exactamente lo mismo, puse a las chicas a bailar envueltas en la esencia de Ishtar. Les hice conectar con sus caderas, con la sensualidad de los movimientos de su cuerpo, las hice cerrar los ojos y dejarse llevar por la música. Envueltas en largas faldas y pañuelos anudados a las caderas, giramos por la sala moviéndonos al son que nos marcaban nuestros propios ritmos internos. La atmosfera se fue cargando de la energía creada entre todas, y poco a poco el baile fue incrementando el ritmo y la intensidad, por lo que evolucionó de danzas orientales a ritmos celtas, que provocaron las risas, la euforia y la alegría. Incluso en uno de los giros, al volverme, descubrí a Camila de pié sobre sus patas traseras, con las delanteras en las manos de su dueño, J, bailando y girando como una más de nosotras. Me reí alto y fuerte. Feliz. Nos reímos todas.

Después tuvo lugar el corazón del ritual, que mantengo en secreto entre H y yo, ya que fue algo muy íntimo y muy profundo, transformador. Y creo que le pertenece solo a ella. Un instante en el que comprendió cómo y por qué había llegado a ese momento siendo quién era, y lo que había aprendido en el camino.

Las chicas, mientras, fueron tejiendo el cordón nupcial con el que yo misma ataría las manos de los novios, ya que también oficié el matrimonio. Y al día siguiente, realizamos otra ceremonia donde, entre todas, cosimos al cordón amuletos, colgantes y pequeños objetos personales que para cada una de nosotras simbolizaban el Amor, y fuimos explicando la historia de esos objetos, su significado y su importancia. También le explicamos a H que se los regalábamos porque queríamos que todo ese Amor formara parte de su vida.  Entre lágrimas de emoción, finalizamos con una ronda de cartas del Oráculo de las Diosas, que nos provocó aún más lágrimas de emoción, tristeza, reconocimiento, confirmación… y un sentimiento de unidad que aún perdura.

Eva Hyedra López
Hyedra de Trivia

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El camino de la bruja IV. Un poco de magia

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-Por Hyedra de Trivia (Eva Hyedra López)

Llego tarde al Sabat. Lo reconozco, soy una bruja impuntual, y cuando llego, mis compañeros ya me están esperando. Afortunadamente ésta vez podemos celebrar el ritual al aire libre, junto a un río, en un pequeño claro del bosque.

La oscuridad es total, justo como debe ser ya que hoy vamos a celebrar un ceremonia de destierro. Es Luna Oscura, el momento anterior a la Luna nueva y el bosque es un conjunto de sombras, pero no tengo miedo. ¿Cómo voy a tenerlo? Es a mí y a otras como yo a quienes se ha temido siempre. Somos nosotras quienes habitamos la oscuridad del bosque. Somos las brujas quienes conocemos los secretos de la Oscuridad. En realidad nunca hubo nada que temer, fueron la ignorancia y los prejuicios los que convirtieron el bosque, la noche y la oscuridad en algo maligno, algo poblado por monstruos, peligros y brujas. Las brujas no son peligrosas, nunca he visto monstruos, y el único miedo que he sentido en los bosques, ha venido de la mano de otras personas.

Antes de comenzar a prepararlo todo cierro los ojos y respiro. Huele a tierra húmeda, a brotes frescos, al perfume de flores nocturnas. El aroma de la noche me envuelve y penetra en mí, me trae el recuerdo de otros bosques, otros ríos, otras magias… fundiéndose con los de esta noche.  Respiro y escucho, oigo el fluir del agua del río, algunos sonidos de ramas mecidas por el viento y pisadas de algún animal nocturno.  Respiro y me siento parte de todo ello, un habitante más del bosque formando parte de un conjunto natural e indisoluble.

Ahora abro los ojos y elevo la mirada, volviendo mi atención hacia arriba. Hacia el cielo cuajado de estrellas, sin luna, hermoso y familiar. Lo he mirado tantas veces… Y recuerdo el lugar que ocupa la Tierra en éste cielo. Tan sólo uno más de los incontables planetas, estrellas y demás objetos cósmicos. Algo tan pequeño… tan perdido en la inmensidad… Pero tan importante a la vez…. Porque nosotros, los seres humanos, vivimos en él. Nosotros estamos aquí. Todas y cada una de las personas que pueblan el globo. Tan pequeñas y perdidas entre millones, tan importantes y únicas sólo por existir…

Mi atención vuelve al bosque, aún conectada a la Tierra bajo mis pies, y al universo sobre mi cabeza. Estoy centrada, entre la tierra y el cosmos. Uniéndolos en mí. Compuesta por los mismos elementos que la tierra y el cielo, parte de ello, pero única como ser.

Es momento de comenzar. Entre todos creamos un altar sobre la tierra y lo cubrimos con velas que darán luz y vida a nuestros propósitos, incienso que elevará nuestras peticiones y nos traerá el recuerdo de otras épocas y lugares, el pentáculo que simboliza el ciclo sin principio ni fin, los cincos elementos que lo componen todo y  otras herramientas de brujas de las que ya os hablaré mas adelante.

Cuando todo está en su lugar, uno de nosotros comienza el ritual creando un círculo alrededor.  Yo me vuelvo hacia el Oeste, como casi siempre, me toca invocar al elemento agua. Para ello imagino un lago tranquilo y sereno bajo cuya superficie duermen secretos, emociones ocultas, sentimientos negados… a continuación una playa a la que llegan calladas olas que recogen lo que deposito en la orilla y se lo llevan, dejándola limpia y nueva. Visualizo ríos que lavan las riveras, glaciares antiguos y pozas de aguas termales, cálidas y sulfurosas.  Invoco al agua para que ésta noche seamos capaces de bucear en nuestras emociones más profundas e identificar cuales son las que nos perjudican, qué barreras mentales nos ponemos a nosotros mismos y nos impiden avanzar. Qué lastres arrastramos y nos mantienen estáticos, tristes, incapaces de vivir hacia adelante.

Una vez mis compañeros han invocado al Este-Aire, Sur-Fuego y Norte-Tierra,  invocamos a la Diosa, ésta vez en su aspecto oscuro, Bruja Sabia que ésta noche nos ayudará a limpiar de nuestra vida todo lo que ya no necesitamos, lo que nos hiere o bloquea el camino. Nos enseñará a dejar ir todo aquello que nos perjudica pero a lo que nos aferramos desesperadamente. Nos enseñará a dejar marchar, a hacer espacio para todo lo que debe venir. También invocamos al Dios, Señor salvaje de la Naturaleza, para que nos ayude con su fuerza y su empuje. Porque dejar marchar cosas, pensamientos, acciones, personas… a veces requiere mucha fuerza y voluntad.

Los invocamos para despertarlos en nuestro interior, ya que nuestros Dioses no habitan un espacio lejano desde el cual nos observan. No. Los Dioses de las brujas viven en nuestro interior, en la Tierra, en el Universo. Ellos mismos son creación y creadores. Y cada ser humano posee una chispa divina. Cada uno de nosotros lleva parte de su espíritu en nuestro interior. Por eso en los rituales nos conectamos con todo y nos volvemos hacia nosotros mismos para honrar a nuestros Dioses.

El fuego arde dentro de un gran caldero en el centro del círculo y  giramos a su alrededor mientras uno de nosotros crea un ritmo constante con el tambor. Miramos las llamas, purificadoras y vivas, que convertirán en ceniza que se llevará el viento todo lo que nos atormenta. Cada uno lleva en las manos una cestita llena de papeles doblados, en los que hemos escrito lo que queremos desterrar. Miedos, inseguridad, dependencia emocional, culpabilidad, pesimismo, pobreza, furia, ira… Según giramos vamos arrojando los papeles al fuego mientras pronunciamos en voz alta el nombre de aquello de lo que nos estamos liberando. Al nombrarlo lo hacemos real, lo reconocemos y nos hacemos conscientes de ello. También lo compartimos con los demás. Lo vemos arder sintiendo cómo nos abandona, visualizando como es nuestra vida sin ello y nos comprometemos a actuar en consecuencia evitando que vuelva. Hay objetivos de todo tipo: dejar de fumar, tener fuerza para alejar a una persona perjudicial, vencer la desesperación de no encontrar un trabajo, dejar de pensar que todo saldrá mal…

Cada vez giramos más y más rápido y cada uno grita sus palabras más alto, quemamos ruda, romero, angélica y otras hierbas que dan fuerza a nuestros propósitos arrojando puñados que las llamas engullen. Y giramos, hasta que en un momento dado el tambor calla, nosotros callamos y dejamos de girar agotados. Hemos entregado a las llamas regenerativas del caldero lo que nos bloquea y ahora agotados y vacíos compartimos comida, bebida, palabras y confesiones.

Muchas veces bromeamos diciendo que, en realidad, los rituales y ceremonias son sólo la excusa para la comida de después, porque a las brujas les gustan los banquetes. Mucho. Cada una lleva algo preparado por ella misma (cuando el tiempo y la economía lo permite), y son alimentos de temporada, naturales, para recordar que la Madre Tierra nos nutre. Mientras comemos compartimos nuestra vida, qué sentimos, cómo nos van las cosas, cuales son nuestros miedos y esperanzas. Creamos unos lazos de confianza y compañerismo muy intensos. A veces lloramos, y nunca oiréis a una bruja decir: no llores… Al contrario, una bruja te dirá: Venga, llora. Porque las lágrimas limpian y curan. Las de alegría, las de tristeza, las de emoción… todas te sanan por dentro.

Cuando terminamos y recogemos, regresamos a casa. A nuestras vidas cotidianas en las que somos estudiantes, bailarines, maestros, abogados, empresarios, teleoperadores, pasteleros, madres, padres, hijos, parejas… Personas reales que caminamos y vivimos a vuestro alrededor, más cerca de lo que pensáis. Pero regresamos a casa sabiendo que trabajamos para ser personas mejores y para tener vidas mejores.

De camino a casa miro al cielo, oscuro hoy. Pero mañana la Luna será nueva, veremos apenas una pequeña parte de ella, pero será un nuevo comienzo. Las mareas lunares traerán un tiempo de inicios, de llegadas, de cosas que empiezan. Porque vivimos en un ciclo eterno, la Rueda nunca deja de girar y se que he elegido vivir mi vida con optimismo, al ser consciente de lo que me perjudica tomo fuerzas para cambiarlo y continuar hacia adelante. Esa es la verdadera magia. Ese es el secreto de las brujas, encontrar la fuerza  dentro de ti para cambiar tu vida.

Porque la magia nunca ha estado en otro sitio.