Hong Kong, Groenlandia y Belfast: angloamericanos estúpidos

Trump´s Boris butler

Suele decirse en euskera la expresión “Kalean Uso, etxean otso”, que bien podría llegar a traducirse como en la calle paloma, en casa un oso. Cara al público una mirada placentera y positiva, pero dentro de casa alguien agresivo y sin contención. Esto es, que con quien de verdad te tienes que enfadar, la mejor versión, para pagar los platos rotos los más próximos, los más cercanos. Y este hecho es de aplicación en la esfera internacional, dado que es completamente distinto aplicar el principio universal en un contexto favorable y en otro donde el rival es el fuerte. No es lo mismo hablar del derecho a decidir y otros derechos humanos si quien tienes enfrente es más poderoso. Cuando la fuerza hace derecho … Y sin demócratas no hay democracia. No hay que confiarse, no es sólo llegar a la cima, sino mantenerse. Por eso hay que renovar las fuentes del derecho, para que no se oxiden. Y bajar a tierra. Para que la gente comprenda los grandes ideales en los hechos del día a día.

Reino Unido fue muy “valiente” con Argentina en el conflicto de las Malvinas, y las otras islas atlánticas. Se puso farruca la Margarita, en tanto que la armada argentina, más allá del arrojo y el valor de sus fuerzas aéreas, con los pocos exocet que pudieron tener, no eran rival para las fuerzas de su majestad. Y es que la dama de hierro venía de problemas con sus mineros, y otras causas. No sólo Galtieri quería tapar el descontento nacional con una guerrita “externa”. Pero este “valor” y arrojo no fue el que tuvieron con Hong Kong, territorio de la corona, en 1984. Hasta entonces había dos zonas, una donde se construyó mucho, donada a perpetuidad a la corona británica, y otra, de aluvión, donada por 99 años, que se cumplían en 1997. Donde no se construyó nada, prácticamente, hasta que se descubrió que la “patriota” margarita se arrugó como tigre de papel frente al chino devolviendo el conjunto de la “colonia”. El chino no era rival, y se vendió al noble pueblo de Hong Kong por un plato de lentejas en forma de promesas de un status entre 1997 y 2047 que, a posteriori, fue interpretado por muchos (chinos y prochinos) como el modelo de convivencia entre 1984 y 1997. Por eso pasa lo que pasa. Hoy.

La chispa ha saltado por una ley de extradición. Se supone que son dos sistemas, pero se aspira a uno sólo. No es un asunto conceptualmente propio de Hong Kong y China. Esto ya se ha visto en muchas peleas en la historia. Como en la guerra civil americana entre el Norte y el Sur, por la cuestión de la federación o la confederación, pasó en Suiza con los cantones en el siglo XIX, pasó en Sudáfrica con la guerra de los boers y pasó en Euzkadi con España en las guerras carlistas, especialmente la primera. Son chinos, dicen. Como con la detención de un funcionario del consulado británico, de nacionalidad HongKongesa, ergo, chino, cuando quería volver a de unas pequeñas “vacaciones” en la vecina sichuan. Si creemos en la letra escrita, el sistema judicial del antiguo territorio británico es distinto, pero la convergencia es una necesidad política de quienes desde un modelo jacobino centralista unitarista que el marxismo leninismo ya copió en la rusia soviética del marco de la revolución francesa y que el imperio Han debió tener por bandera, impide mantener esa realidad. Como con Taiwan. Y de momento Macao se escapa por ser Las Vegas de la región, pero está en la onda.

China tiene, en el fondo, miedo de la disgregación, porque China ha vivido partida mucho tiempo. Y puede volver a estarlo. Por eso cree que debe mantener a ralla a los disidentes de fuera para dar ejemplo a los de dentro, como Xinjian, Tibet, Mongolia, y, porque no, Manchukuo. Fue un error británico no poner por delante los principios democráticos y de derechos humanos y su propia responsabilidad para con sus ciudadanos, dándoles una salida como con Singapur. No sabemos si ya es tarde para tener alguna posibilidad de futuro atónomo o independiente, pero sin duda la ejemplar lucha democrática puede llevar al pueblo de Hong Kong a dos escenarios. Uno, la libertad. Vencer. Y otra la invasión. Porque, como en otros casos, se cree que no se puede ceder nada a los demandantes porque esa sería, supuestamente, la apertura a otras reivindicaciones. Y eso no puede ser. Y ya veremos, si China invade Hong Kong, que hace el mundo ante esa provocación, ante ese desafío.

Donaldo Trump quiere Groenlandia. Como un yankee compró Alaska en el pasado a un príncipe ruso necesitado de pasta para sus lujos, a espaldas del Zar, cuando las rusias eran una casa de putas, y el más listo se hizo con el hoy estado de Alaska. Estado sólo desde 1959 en adelante. Como pudo ser Estado Filipinas, o lo puede querer ser Puerto Rico. Hubo intentos de que Cuba fuera estado. Cosas de la Historia. En cualquier caso, también en 1803 Thomas Jefferson compra la Luisiana a la Francia de Napoleón. Pero existe un pero. Los tiempos han cambiado. Y como dice en Twitter la primera ministra danesa Groenlandia no puede ser estadounidense. Americana es, por geografía. Porque no es siquiera danesa, sino groenlandesa. Y es que ya en los años 80 se desvincularon voluntariamente de parte del proyecto de la UE, por propia expresión democrática, a pesar de la incorporación del Reino de Dinamarca a ese modelo. Y es que en 2008 votaron un estatuto de autonomía que reconoce el derecho a decidir del pueblo de Groenlandia. Por más que sean 56 mil personas. En toda la isla, una de las más grandes del mundo. Y es que, para Trump, el deshielo, la geopolítica polar, la rivalidad con Rusia o Canadá en el ártico, y las posibilidades de futuro, en recursos y el comercio futuro, es un elemento goloso. Pero sería pasar por encima de los derechos de esas 56 mil personas y eso no puede ser. Y no es sólo cosa de Dinamarca, sino del modelo democrático de la UE, lo que debe defenderse, potenciarse y proyectarse.

¿Que puede hacer Donaldo Trump? Sencillo. Groenlandia puede ser de Estados Unidos sin pagar a Dinamarca un sólo Euro. Sencillo. Se va a las instituciones de Groenlandia con una propuesta bajo el brazo, de porque es bueno que sean parte de Estados Unidos. Que benficios y que garantías van a tener en el futuro con ser parte de ellos. Y sin posibilidad de ser un caramelo envenenado que pueda ser subvertido en el futuro inmediato tras la anexión. Seguro que si lo ven como una opción interesante, se someterá a votación por las instituciones y el pueblo de groenlandia. Y si una mayoria lo respalda, hecho. No es ni justo ni democrático pasarse por alto el derecho inalienable del pueblo de un pequeño país por las necesidades geopolíticas de una potencia mayor, porque seria traicionar la propia raíz de constitución de los Estados Unidos en la declaración de Independencia en una lectura de los tiempos y modos actuales. Sería traicionar el espíritu de la revuelta del té de Bostón en tanto que las colonias merecían participación en las decisiones sobre impuestos y demás desde la metrópoli. De momento, también por twitter, Trump ha cancelado la visita a Dinamarca, por negarse la primera ministra siquiera a discutir la hipótesis de esa venta. No estamos en tiempos de la Luisiana, ni de Alaska, ni en el siglo XIX, la democracia se defiende con demócratas. Y hay que ser firme ante cualquier tentativa de tomar atajos y desvíos. Y decir que las cosas son posibles. Pero es que la democracia es importante no sólo por el contenido sino por los procedimientos, que son tan o más importantes que el propio mensaje en sí.

El pequeño Trump británico quiere eliminar el back stop irlandés del brexit. ¿Y que es esto? Que la reiterada voluntad de defender la paz en el Ulster, apoyada, auspiciada y promovida, también, por los proyectos peace de la UE, deben mantener abierta la isla sin fronteras físicas. El acuerdo de paz de viernes santo es muy claro. Y no sólo eso. Y es que ningún irlandés es extranjero en el Reino Unido. Ningún continental residente pudo votar el Brexit. Sí en cambio los miembros de la Commonwealth. Y, entre ellos, los irlandeses. Y eso se debe plasmar en hechos, no sólo en bla bla bla, palabrería que no lleva a ningún lado. Decir está muy bien, hacer es más importante. Por ello, si el Reino Unido quiere irse de la UE, debe saber las reglas de juego. No va a tener una salida a su gusto y conveniencia. La UE ya ha sido generosa en exceso. Es como en un club donde debes la cuota y no aceptas el uniforme de pertenencia. Y si te vas, debes ajustar las deudas pendientes. Y ante eso, si se van, puede acabar con una fractura enorme, porque Escocia quiere seguir en el mercado común. Y el asunto irandés, claro. Y ya veremos Gales. Y ya veremos Gibraltar. Colas de 4 horas diarias no las aguanta cualquiera, en la frontera. No por mucho tiempo. Trump y Boris gustan de jugar al juego del gallina, de Rebelde Sin Causa. No tienen más causa que el poder. Temporal. El futuro está “demasiado” lejos, y que se ocupe el que venga después. Y de mientras puede haber un roto tremendo. Que, en cierta medida, podría llegar a considerarse traición. Según los viejos cánones. Esos que, para unas cosas sirven y otras no, en un cherrypicking del gusto de los conspiranoicos y adictos a las pseudociencias. Que son, en parte, la base de estos movimientos, sean Trump, Boris, Putin y el señor Orban, antes liberal, ahora populista a tumba abierta. Por mantener el poder.

Los principios, valores, identidad, ideología no deben morir, porque hacen de argamasa para los colectivos humanos, y debe conocerse el porque de las cosas. En Hong Kong, por más que el escenario sea adverso, no porque sea difícil, hay que dejar de pelear. Un día la democracia era una cosa pequeña y fragil. Como los derechos humanos. Como en el mundo laboral. Y tantos otros. En la pelea está el avance, en la reivindicación, en la defensa de lo que uno cree. Y para eso hay que conocerse a uno mismo, y tener conciencia de cual es el objetivo propuesto. Una dirección, una brújula. No ir a salto de mata. En Groenlandia hay que hacer la misma defensa que en Ucrania, de que el pueblo tiene derecho a decidir, incluso a equivocarse. Y que hay naciones, y minorías nacionales. Son dos cosas distintas. Y que como Crimea, Groenlandia ni se vende ni se expurga porque si. Por más que haya un gran aguila o un gran oso con ganas de pieza de cacería. No es no. Y punto. Y las presiones pueden ser diplomáticas o militares, pero el derecho no cambia. Los principios. Esos que en Irlanda representan la Comisión Europea y el Gobierno de la República de Irlanda. Y ante todo ello hay que ser firmes, defender lo que uno considera oportuno, y no lo que se necesita para congraciarse con quien manda. Como hizo Juanjo Yandiola en 1808 frente a Napoleón en defensa de los fueros de Bizkaia. En defensa de su forma tradicional de democracia. Y la semilla, ayer, hoy y mañana, se protege con demócratas. Que respiren y aspiren a la libertad. Y que la vivan en el día a día. Esta es la clave, no hay otra. Son los demócratas, estúpido.

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