Boris y la cáida de la casa de los britones

(Brexit duro a estribor)

1 de Noviembre de 2019. El loco iván ha hecho su movimiento. En realidad se llama Boris y está igual de loco que sus “primos” Vladimir y Donaldo, pero esto es lo de menos. A instancias de ellos ha pulsado el botón nucelar del Brexit y ha llevado, definitivamente, a su país, fuera de la UE, a lo loco y por las bravas, porque esos malditos malvados mandarines de Bruselas no se avienen a hacer lo que quiere Londres. O lo antes conocido como Londres. Como esos malvados mexicas con el nuevo tratado para las américas, tanto que Donaldo escupe cuando alguien menta el nombre de Enrique Peña Nieto. Consecuencias totalmente previsibles de una sociedad acostumbrada a negociar a la sombra de un gigante. Sólo que los británicos aún piensan que el gigante son ellos y el continente es quien queda aislado cuando hay niebla. Ingénuos. Y las cosas tienen consecuencias. Como estaban a punto de ver.

Un contingente de soldados franceses acordona la frontera entre Escocia e Inglaterra. En pocas horas tras el abrupto Brexit el Parlamento de Escocia ha votado favorablemente una resolución para mantener el mandato de permanencia en el mercado común y en la UE, con todas las consecuencias que se puedan derivar, de manera sobrevenida. Incluída la independencia. Y en base a un viejo tratado nunca derogado, los franceses, los mejores aliados históricos de Escocia, han decidido hacer honor a ese pacto, liderando la respuesta europea que rompe unilateralmente, desde el lado británico, el acuerdo pactado con la ex premier Theresa May. Un contingente de paracaidistas belgas y neerlandeses aterriza en Edimburgo para proteger el gobierno y parlamento escoceses. De facto la independencia se ha consumado, por más que los eurosoldados y sus mandos simplemente afirman ir a mantener las cuatro libertades básicas, dentro de un esquema de unión nórdica, similar a la que usa la hermana y vecina Noruega para con Dinamarca, Suecia o Finlandia. Mera retórica diplomática. Todo el mundo sabía que esto se produciría, y los hermanos nórdicos y europeos han respaldado a Escocia. Y ante la negativa reiterada de Londres de un nuevo recuento en forma de consulta, se hará con las garantías de la nueva legitimidad y la misma legalidad que en 2014, sobre la misma base, pero, esta vez, seguramente, con resultado diferente. Escocia siempre quiso ser parte de la UE, y nada ni nadie les va a sacar de ella.

Paralelamente en la frontera del Norte de Irlanda los soldados ingleses se aprestaban a levantar de nuevo la frontera, siendo una ruptura unilateral del acuerdo de viernes santo, dando libertad de acción a una fuerza combinada alemana, austríaca, polaca, irlandesa y eslovena para derribar cualquier intento de frontera física dentro de las irlandas. En un alarde de agilidad, el parlamento irlandés de Belfast se ha reunido, elegido un nuevo gobierno, obviamente con consecuencias. Y tras el ha puesto de manifiesto en un documento la nueva realidad, poniendo como valor supremo el mantenimiento de la paz y la membrecía en la UE. Como el partido mayoritario apoya al gobierno de Londres y este ha sido quien ha roto unilateralmente con la salida abrupta del Brexit, como se supone que el acuerdo de viernes santo dice que deben gobernar juntos, al menos, los primeros partidos de ambas comunidades, y el primer partido unionista es brexiter, pues la cosa se ponía dura, pero si entendemos que de los 90 miembros de la asamblea norirlandesa 60 son favorables a la UE, que ganó la UE en el referéndum del Bréxit, se hizo un gobierno europeista, por fin, aunque los brexiters del DUP, con 28 diputados en la asamblea, queden fuera, por motivos obvios, pero es una ruptura de las normas sobrevenida por las previas desde Londres, más importantes, procurando una especie de muro de Berlín para recuperar el horror de los años 80 en el área del Ulster, cosa que casi ningún irlandés quiere recuperar, por lo que la acción directa se hizo, anulando la autoridad de los que querían llevar a la fuerza la división al noble pueblo de Irlanda, azuzando las brasas del terrorismo, que empezaba a resurgir. Cortar de raíz y llevar la UE desde la República de Irlanda hasta el mar, incluyendo el Norte, como era su voluntad, controlando el poder en manos de una asamblea y gobiernos autónomos, que, por primera vez, liderados por el Sinn Feinn, apostaban por una elección de reunificación, dentro de una futura consulta con múltiples escenarios posibles, todos ellos con la membrecía en la UE como paso ineludible y deseado, siendo el más sencillo y plausible el de una Irlanda Unida con autonomía importante para sus diferentes condados.

A priori no estaba contemplado, pero desde la Asamblea de Gales se pidió ayuda para una situación transitoria y se respondió al llamado. Italianos, Griegos, Húngaros y caballeros de Malta ayudaron a mantener un esquema de libertades europeas en una Gales donde el independentismo no paraba de crecer de manera vertiginosa cuando más se acercaba el borde del precipicio para con el Brexit de Caballo Loco Johnson. El nuevo premier. Y de esa manera se hizo efectiva una desconexión entre Gales e Inglaterra que nadie tenía previsto. Lo mismo que desde Singapur, Japón, Corea del Sur y Thailandia apoyaran la constitución de Londres como ciudad autónoma, libre y soberana, cosa que sorprendentemente, mientras llegaban noticias de Irlanda, Escocia y Gales, obligó al premier y al Gobierno de Boris a trasladar la capital de Inglaterra y del “Reino Unido” (sic) a Manchester. Para sorpresa de propios y extraños.

Igualmente sorprendente fue el paso de España y Portugal sobre Gibraltar. No querían ser españoles. Serían portugueses. En un alarde de generosidad, España firmó un acuerdo con el peñón y con Portugal para que tuviera un papel similar pero reforzado al que tienen Azores y otras islas atlánticas de la otrora potencia marítima ibérica. De un plumazo ese 96% de favorables a la UE tenían una bandera donde cobijarse. Una muy ibérica y muy europea. Vecinos, hermanos y comunitarios. A Boris se le salían de las órbitas los ojos con todas estas noticias, cuando los argentinos entraron en Malvinas, aprovechando la coyuntura. No sabía como responder ni donde hacerlo primero, por lo que tuvo un colapso nervioso y acabó ingresado, al final de la jornada, en un sanatorio en las islas orcadas, una propiedad de Donaldo Trump, y que iba a ser su hogar en los siguientes años, sin ya darse cuenta que el Brexit por el lanzado no sólo no fue un Brexit sino el final de lo que quedaba del Imperio y el lamentable resurgir de Inglaterra. La única que estaba en plan “Bah” era la Reina Isabel, que seguiría siendo la jefa de Estado de los mismos territorios, sólo que, digamos, con otros primeros ministros. En plural. Cosas de la Historia. Y de eso, la monarquía británica está curada de espanto.

Se podrá decir que esto es fantasía, pero puede ser muy real. Debiera ser muy real, primero, si el Reino Unido en su alocada carrera hacie el fin del mundo, jugando al gallina, decide apostar el todo por el todo. Y si la UE y sus miembros son leales a sus compromisos con sus aliados dentro del Reino Unido y han sido leales al proyecto, en todo momento y condición. La culpa primera está en quien rompe primero las reglas. Y ante eso hay que reaccionar con valor, decisión y contundencia. Y si hace falta, con la fuerza de la razón por delante, defendiéndola con prontitud y con firmeza. Donde haga falta. Puede ser un escenario probable y ojala a los responsables de la UE no les tiemblen las piernas y cumplan con los designios de seguir siendo europeos de gibraltareños, escoceses, irlandeses y puede que hasta galeses y londinenses. A fin de cuentas el proyecto europeo no puede ni debe encerrarse dentro de una fortaleza donde no importe lo que pase fuera de nuestras puertas. O tendremos unos nuevos balcanes. Como en los 90 por no actuar previamente en los 80. Se hizo bien, pero tarde, muy tarde. Es hora de aprender de los errores del pasado, afrontar el futuro, y que la gran familia europea siga siendo faro de unidad en la diversidad, de libertades y de igualdad, para los europeos y para el mundo en su conjunto.

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