Un último cuento y a dormir #releasethesnydercut

En el principio fue el verbo. Y de esa manera pudimos disfrutar de historias al calor del fuego, toda vez que el ser humano se encontró con la chispa de la vida que fue la simiente de tantas cosas. Un fuego donde la familia podía reunirse a contarse cosas que mediante metáforas transformaban lo visible a sus ojos, mediante percepciones deformadas por su conocimiento del medio, del paisaje y del paisanaje, de lo que eran y lo que le rodeaban. Y, ante todo, de lo que podían ser y les podía deparar el mañana, fuera el porvenir o el futuro. Es el origen de los relatos, y de las artes escritas, que culminan en el séptimo arte, el cine, y en el octavo arte, el cómic. Importantes cara a las historias de superhéroes, que tantas preguntas incorpora, trascendentes y enraizadas en el ser histórico del ser humano, revestido del barniz de la venganza y la violencia física. Unas realidades espectaculares tras las que late el alma humana y la vocación de narrar lo que puede ser, sin la necesidad de que quien no debe enterarse se de por aludido. Una técnica de decir sin contarlo todo, que tanto ha sido de uso corriente en la ciencia ficción, y, que, una vez más, es el vehículo por el que se expresan cosas que se quieren decir, historias que se quieren contar. Y que parte del pueblo quiere escuchar.

En el mundo del cómic ha habido una dualidad o duopolio “tradicional” entre los más grandes, en los Estados Unidos, como es el mundo de Marvel Comics y el mundo de DC. Son dos realidades donde se publicaban historias en pequeño formato desde las primeras décadas del siglo XX. Decenas y miles de historias de muy diversos personajes. Unos muy conocidos, otros no tanto, conformando sagas de historias de personajes buenos, malos, neutrales, caóticos, de todo pelaje y condición, teniendo, cada lector, sus favoritos, libremente elegidos, dependiendo de la empatía y el reconocimiento que se le dé a la comunión entre ese lector y el personaje respecto a las vivencias que se van acumulando. Y en ese mundo del cómic sin duda alguna fue DC quien se llevó el gato al agua. Fue muy por delante de sus rivales, en la venta y difusión de esa pequeña literatura, en principio enfocada a los más pequeños y adolescentes, pero que, con el paso del tiempo, y la conversión en adultos de esos que fueron jóvenes lectores de cómics en su juventud, ha asentado una visión ecléctica del mundo animado, y más, cuando este mundo dió el salto a la pantalla, en forma de series o de películas.

En la segunda mitad del siglo XX se hicieron películas de los protagonistas de cómics de DC y de Marvel. Sin duda, claro. En algunos casos, bajo licencia, en otros, bajo el directo mando de aquellos que habían creado el personaje. Aunque sin el éxito y la continuidad que daba el formato papel, el cómic. Hasta que Marvel empezó su MCEU. Marvel Cinematic Extented Universe. El Universo Expandido de Marvel. Donde se empezaron a acumular las películas de superhéroes como Capitán América, Iron Man, Thor, entre otros. Una realidad que, con el tiempo, ha sido un éxito, al menos, de taquilla. Y que, para cuando ha llegado a las dos partes de Vengadores Infinity War y Endgame, han pasado la friolera de 10 años y algo más de 20 películas para sustentar una realidad en la que el espectador haya logrado unir las piezas del puzzle donde todo encaja, o se pretende, en un cuadro amplio de historias que se cruzan y se complementan. Al menos, hasta el momento. En las tres primeras fases de la historia cinematográfica de la propuesta de Marvel, punto en el que, empezarán a proponer una nueva fase, la cuarta.

Desde el mundo de los superhéroes de DC había venido el Batman de Cristopher Nolan, con la trilogía dedicada al caballero oscuro. Nada como las películas de Joel Zapatero para hundir una franquicia, sobre todo la cuarta película, segunda de su cosecha. Nadie apostaba un céntimo por su resurrección. Y es que, recordemos que una cosa es contar historias, y otra su comercialización. Y su publicación y comercialización en los espacios de las salas de cine son un negocio, donde se mueve mucho dinero, que necesita ser recuperado, para poder seguir contando más historias. Art Gratia Artis es un bonito lema, que nunca se cumple. El arte por el arte es la belleza, el ideal interior, pero que se nutre del todopoderoso dólar para seguir circulando. Un ejemplo, cuando la CarolCo a principios de los años 90 tenía dificultades y sólo podía hacer una película cada vez, se planteó entre dos proyectos. Uno era una peliculita con una tal Geena Davis, la entonces mujer de cierto director finlandés, Reni Harlin, que había hecho la segunda parte de la jungla de cristal, una película de piratas, llamada la isla de las cabezas cortadas. La otra opción era una película con Arnold Swazenegger, el cruzado, contando la historia de un caballero cristiano en la época de las cruzadas. Es claro que el estudio prefirió el primer proyecto al segundo, y el estudio se fue a la mierda. Quebró. Y no pudieron hacer nada más, salvo cerrar la persiana y dedicarse a otra cosa. Ha habido muchos proyectos no contados, por falta de financiación, que merecen ser conocidos y reconocidos. Para comprender en su enormidad el bien que hizo Nolan con sus tres películas del héroe de la capa cara a la plasmación de nuevos proyectos, como luego se pudo ver.

Desde el Batman Begins hasta el cierre del arco de la historia de Batman en esas películas, hay unas historias bien contadas acerca de aventuras con ese protagonista. Tal es así que ofrecieron a Nolan una cuarta película, con manos libres, tras hacer caja de manera impresionante e impecable. Pero Nolan quería contar otras historias. Hay directores que cuando están achuchados crean obras maestras, y otros que cuando tienen manos libres es cuando las hacen. Nolan quiso intentar ser lo segundo. Y dejar atrás su vinculación más directa con la realidad de Batman y hablar de otros superhéroes, y para ello sugirió poner encima de la mesa los proyectos a su amigo Zack Snyder. Quien ya hizo Wachmen, importante cara a lo que iba a venir. Wachmen la hizo en 2009, en 2013 hizo el hombre de acero (superman), en 2016 hizo Batman v. Superman y participó de escuadrón suicida, y en 2017 hizo la liga de la justicia, tras participar en wonderwoman. En 2018 participó en Aquaman. Y en principio se acabó su vinculación, la de Snyder, en el mundo DC. ¿Como ha sido esto posible? ¿A que responde esto?

Es importante comprender que Marvel y DC, en general, son dos formas de enfocar las historias de superhéroes. O debiera serlo, en tanto que posiblemente Marvel tiende más a explicar historias desde el punto de vista de héroes con defectos y debilidades humanas, que tienen sus contradicciones, complejos y complicaciones, y que buscan salir adelante, siendo ejemplo para los lectores, y DC podría ser la expresión de los nuevos dioses, incardinados en la vieja mitología griega, romana, clásica, siendo los superhéroes los nuevos dioses. En el momento en el que Warner se decide a montar un DCEU, un universo expandido del mundo DC, Marvel studio lleva ya unos años de éxito montando películas de superhéroes, muchas sin excesivo recorrido en la posteridad o en el recuerdo futuro de los espectadores, pero que van construyendo, película a película, como si capítulos sueltos de un mismo folletín se trataran, un relato consciente, avalado por un coordinador general, que, mal que bien, va procurando dar forma global al esquema del mundo Marvel. Warner quería competir cuanto antes. Y las prisas nunca son buenas consejeras.

Es interesante poner encima de la mesa someramente el caso de Wachmen. Datos. Versión basada en el cómic, adaptada por Zack Snyder. 140 millones de dólares de presupuesto. Dinero logrado en taquilla: 185 millones de dólares. En cines se presentó un corte de 163 minutos, 2 horas 43 minutos. Posteriormente se hizo presente un director’s cut con 24 minutos más, superando las 3 horas. Y finalmente salió una versión ultimate que llegaba hasta las 3 horas y 35 minutos. Hay que ver el asunto desde todos los puntos de vista. Una película de superhéroes no sólo es para el fan, que ha leído los comics de turno. Es para cualquier público que pueda estar dispuesto a poner su dinero para comprar una entrada de cine y ver la película. En un tiempo en el que ir al cine ha pasado a ser una cosa bien distinta a lo que fué décadas antrás. Donde es una realidad en un entorno distinto y transformado. Donde hay que adaptarse. O morir. Y en ese esquema se corre el riesgo de no dar en el justo término, y pasarse de populista, y ejemplos existen, claro. Hay estudios que no quieren correr riesgos. Y más desde que los que mandan son los contables. Los creativos son subordinados que se dedican a lo suyo. Muchos, demasiados, estudios han quebrado en las décadas precedentes. Las viejas grandes productoras y grandes estudios han sufrido tremendas mutaciones, y eso se nota en la forma de hacer y afrontar los proyectos. Sobre todo los más grandes. Y hay precedentes que avalan y/o marcan a ciertos realizadores. Y esto se encuentra en el ADN de Zack Snyder.

Warner quiso correr antes de saber andar. Si Marvel hizo bien fue hacer películas individuales donde empezar a conocer y reconocer a los personajes interpretados por un determinado actor. Y empezar a coger una cierta empatía con su situación personal. Para, en un futuro, usarla cuando se fueran juntanto. Warner vio que quería más Batman. Y quería más Superman. Dos iconos del mundo DC. Y quería más superhérores. Quería su Liga de la Justicia ya. Cuanto antes. Para competir con Vengadores. De igual a igual. Porque en cómics DC había sido el rey, pero en el cine el rey estaba siendo Marvel. Y eso querían cortarlo de un hachazo. Hicieron Man of Steel, el hombre de acero, contando la historia de Superman. Una vez más, esta vez con Henry Cavill. Existe el Superman de Christopher Reeves, con sus cuatro películas. Luego están los intentos de comienzos del siglo XXI. Y series como Smallville, donde tardamos 10 temporadas en ver volar a alguien que siempre sabíamos que sabía volar. Demasiada paciencia contrastada con la prisa demostrada en el caso global de la filmografía del universo extendido DC.

Cuando llega a cines Batman vs. Superman el amanecer de la justicia se puede ver algo inconexo y pobre, lleno de huecos argumentales. ¿Porqué sucedió eso? Porque la propuesta de Zack Snyder se situaba en las 3 horas. Y no sólo son tres horas, son 3 horas de un metraje pesado (que no plomizo), denso (que no cansino), donde hay mucho, muchísimo que contar, se cuentan tantas cosas, y con un ritmo y estilo más propio de la novela negra o policíaca que un tono propio de una película de superhérores, haciendo cosas que en los cómics se ha tardado décadas en hacer, como la propia muerte de Superman. Un relato personal y personalista, que difícilmente puede ser aceptado por un conjunto de espectadores masivo como para tener una ganancia espectacular frente a los 300 millones de coste de esta superproducción. Obtuvo en taquilla algo menos de 900 millones. Posteriormente, esos recortes en el metraje se repusieron y se estrenó una versión con esas 3 horas, completando la visión del director y lo que quería transmitir, pero el daño ya estaba hecho. ¿Por quien? Pues no necesariamente por quien pueda pensarse. Y no, tampoco es que sea Zack Snyder. Y posiblemente tampoco el que directamente ordenó ese recorte. ¿Entonces quien?

Posteriormente llegó la liga de la justicia. Zack Snyder nunca llegó a rodar la visión que tenía. No le dejaron. Y esto responde a que el camino elegido era tremendamente equivocado. Aunque no lo supieran. Aunque no lo quiseran reconocer. Querían un éxito, desde Warner, inmediato. Por la vía fácil. Juntando héroes queridos por el público a como de lugar, y de manera extrarápida. Y le ofrecen ese hecho, ese jugoso y delicioso fruto no a quien puede conectar con grandes masas sino a quien va a conectar con el fan de los cómics, siendo la ambivalencia del éxito y el fracaso. Puede ser un goce para los sentidos de quien haya disfrutado de las historias en cómic, y sus momentos de disfrute de juventud verlos plasmados en la gran pantalla, puede que aproximándose a lo que pudo imaginarse mientras venía las tiras cómicas en papel, en su momento. Pero, por otro lado, ese estilo al no ser masivo, corre el riesgo de no costear el gasto que supone su producción, no siendo rentable el producto. No es pues censura, sino simple y puro, y duro, comercio, de quien pone la pasta, que no entiende ni de creatividad, ni de historias, sino de ganar dinero. Y es por ello que, tras las experiencias con Zack Snyder en sus anteriores películas, con la liga de la justicia, llegó el punto culminante, previsible, del desastre para Warner y DC.

Zack Snyder quería una delicia. Hasta tres películas, posiblemente dos, tras Batman vs. Superman, ampliable a una tercera, donde contaría un arco argumental para los protagonistas atractivo y atrayente. Sobre todo para los fans. Pero sin haber contado nada más de los futuros protagonistas en películas propias. Sin tener previamente un Aquaman, que vino después, sin contar con un Batman propio, con Ben Afleck. Porque es un Batman distinto. Más allá del cameo en escuadrón suicida, y sin tener que contar su historia, se podían haber contado historias de sus personajes, pequeñas historias individuales, de Cyborg, Flash y otros. Como se hizo con WonderWoman, o luego de Aquaman como Shazam. Se quiso además contar una historia demasiado elaborada con carácter previo, directamente, lo que viene siendo comerse los polvorones antes del cochinillo. Muy rico todo, sin duda, pero con polvorones en la boca, difícil que entre nada más. Y esto alarmó al mismo estudio que había abocado la situación a este punto. Y, ojo, con la película acabada, porque el plan final era hacer una película, que se hizo, de la liga de la justicia, de algo más de 3 horas, para estrenar en cines, como demuestra la fiesta de fin de rodaje en Londres. Se acordó cerrar el arco con una sóla película de la liga de la justicia, del tamaño de los siete samurais de akira kurosawa. Pero el estudio tenía miedo del fracaso. Y cogió a Josh Weadon (firefly, vengadores) para despejar hasta dejar sólo una hora del metraje de Snyder junto a una hora de nuevos rodajes del nuevo director. Querían otro todo. Para contentar a un espectro de espectadores más amplio para que pudieran elegir visionar en los cines la película de la liga de la justicia. Que con 300 millones de gasto, obtuvo en taquilla menos de 700 millones de euros, para vergüenza y oprobio general.

Sin duda alguna el problema se encuentra en no existir con carácter previo una planificación real, progresiva, realista, y en donde poder ir con paso firme, creando un feedback entre la narrativa y el espectador, que es de lo que se trata, de ir fidelizando a quien quieres te compre los productos que vayas sacando. Intentar hacer fans, incluso entre los que no hayan leído los comics. Pero siendo honestos y transparentes, sin parches sobrevenidos, sin improvisar. Y ahora, Warner y DC han cambiado el rumbo, sin cambiar el trasfondo de la forma de concebir los superhérores. Porque las tramas de superhérores dan para muchas preguntas, muy profundas, de filosofía y trascendencia humana, buscando respuestas a preguntas que llevan muchos milenios con nosotros. Siempre hubo una vinculación cristológica con supermán, como se aprecia en Batman vs. Superman. Y puede que en la liga de la justicia que no se estrenó en cines. Una vez superado este hecho, y con un camino, el de Snyder, en vía muerta, ¿Porqué volver a el? ¿Porque pedir el corte ultimate?

Zack Snyder sin duda es víctima de las circunstancias. Personales y profesionales. Warner no puede dejar sin conclusión el círculo. Una vez comenzada una historia hay que contarla hasta el final. Sobre todo cuando ya está contada. Y se tiene en un cajón, esperando ver la luz. Es la única forma de sanar la herida y poder tirar adelante con normalidad. Sino, siempre será una herida que supurará, y siempre habrá fans que sangrarán por la herida, y que es fácil de resolver. En un momento o ventana de oportunidad, como puede ser el segundo semestre de 2019, o más adelante, cuando Warner considere oportuno, puede sacar en DVD o Blue Ray el corte ultimate de La Liga de la Justicia, versión de Zack Snyder, que existe, y que podría poner fin a una vía que ya nunca volverá, y que, como Benjamin Button, maduró antes de tiempo. Demasiado deprisa, antes de poder consolidar una trama, personajes y línea temporal donde un número creciente de espectadores se viera reflejado. Porque a fin de cuentas, siendo dos estilos profundamente distintos de contar historias, debieran haber tenido espacio en el corazón y la mente de los espectadores y en los cines y en las taquillas del mundo. Es una pena que, en parte se haya frustrado, pero hay que seguir adelante. Y no como si no hubiera pasado nada. Ha pasado, y la única forma de superarlo es mediante la recuperación moral de ese núcleo de fans a los que un pequeño gesto como la publicación de algo que existe y que ponga punto y final a algo que ya nunca volverá. Con el compromiso implícito y explícito en ese sentido. Un compromiso que haga ver el corte de Zack Snyder como una última cena después de la crucifixión, en la que, por última vez, nos congregamos en torno al fuego a contarnos historias donde los héroes, Cyborg, Flash, Wonderwoman, Aquaman, Batman y Superman, con una historia diferente, bajo el estilo de Zack Snyder, lleven al espectador a enfrentarse a su propio yo, mediante tramas inventadas que reflejen sus inquietudes más profundas, disfrutando, esta vez si, por última y postrera vez, para la posteridad, en beneficio de Warner y de DC, de lo que existe y puede y debe verse. Por eso más que nunca es necesario. Y hasta que se consiga, hay que seguir con tranquilidad pidiendo a ese padre bondadoso ese último cuento. Por babor. No es hora aún de ir a dormir. #releasethesnydercut

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