Vox y su carlismo

No hace mucho, tras las elecciones en Andalucía, donde entre la abstención y la falta de participación del votante de izquierdas, especialmente el socialista, pero también el podemita de Adelante Andalucía, ha removido la marea en torno a Vox. Y en la página electomanía se ha podido leer entre los comentarios el hecho, supuestamente, de que Vox va a reactivar el tradicional voto carlista en el País Vasco (siendo Abascal, dice su autor, el mejor representante de dicho tipo de votante), al parecer oculto actualmente en la abstención por la presunta tibieza del PP Vasco. Y que puede pescar (sic) mucho votante urbano “socialista o peneuvero”. Hay quien dice que con Trump, Salvini, Le Pen, Brexit, AfD, el mundo cambia, pero no nos damos cuenta. Sería interesante para más de uno leer “Lo que queda del día”, novela que en 1987 se publica, y da a su autor el premio nobel de literatura tres décadas más tarde, significativo asidero sobre lo que hemos aprendido y lo que no. Comentarios como este demuestran que algunos no han entendido nada de mucho.

Contemos que actualmente hay dos fuentes principales del Carlismo. Una, es cierto, los CTC-ros, ligados a la tradición de Sixto de Borbón, creada ex profeso tras la expulsión de Carlos Hugo de Borbón y Parma en 1968 de España, el año anterior a la proclamación de Juan Carlos como sucesor a título de rey bajo la creación de “Príncipe de España” (que no príncipe de asturias, que será lo que nombre Juan Carlos a Felipe, antes incluso de la cesión de derechos por su padre, el infante Juan de Borbón y Battemberg). Una historia de familias, si, pero el carlismo, el de verdad, fue crítico con la culminada independencia de Ginea Ecuatorial el 12 de octubre de 1968. Porque era un hecho que revelaba la verdadera naturaleza de España. Y de su forma de estructurarse. El carlismo sixtino, que viene de la cooptación que se produce en el entorno del fascismo que llamamos franquismo, y que cuaja en la lucha en Montejurra en 1976, para fracturar la capacidad alternativa en la jefatura del Estado. Carlos Javier es desde 2010 el jefe de la otra, ocultada, vía carlista a las españas. Es, asímismo, miembro de la casa real de los Países Bajos. Por tanto, hay que tener muchas variables en cuenta. Y una de ellas es conocer la realidad de las cosas, antes que fantasear.

Si atendemos al pasado remoto, podemos ver que en las españas, en España, hubo en el siglo XIX hasta tres guerras, ligadas al carlismo, que fueron guerras civiles. Pero conviene entender los temas forales (ligados al autogobierno) y los temas religiosos, a la hora de abordar dichos conflictos. Porque con simplismos y simplificaciones, podría pensarse que todos los carlismos son iguales, con independencia del espacio y el tiempo, y tuvo su evolución intrínseca, entre otras cosas porque más que un movimiento estructurado, era un magma compactado en torno a visiones tradicionalistas y en torno a un candidato alternativo, con lo que ello supone. Tan es así que en el primer tercio del siglo XX tuvo sus escrisiones, frisando el 1930 con hasta tres facciones. Una de las cuales pactó con el nacionalismo vasco, y dió impulso al conocido como Estatuto de Estella, frustrado por la desconfianza de las izquierdas republicanas, y por la posterior reunificación de los tres carlismos en uno, donde el combate contra su “enemigo” común fue superior a otros elementos. Pero no nos engañemos, el carlismo fue succionado, y posteriormente traicionado por sus “amigos” en la “victoria”, y ya en la segunda mitad de los años 40 podemos ver al Carlismo en Pamplona en buena medida en apoyo a las huelgas que se venían gestando. Sirva el ejemplo como paradigma de la diversidad intrínseca del propio movimiento carlista.

Ciertamente, a día de hoy, en 2019, a 80 años del fin de la guerra civil española de 1936-39, el poder y capacidad de movilización del carlismo es limitada. Pero no por ello deja de existir. Ciertamente, la rama que tiene como única base (y en principio sin herederos) a Sixto se ha vinculado con movimientos españolistas, nacionalistas, de extrema derecha, con componentes que pudieramos decir asimilables con Vox. Cierto es. Pero también podemos decir que su visión de la tradición dista lo suficiente de un Ullate Fabo, por ejemplo, que cuando hizo su “Españoles que no pudieron serlo”, estaba en esa órbita, y luego se fue desligando, al chocar los ideales con la ideología practicada. Y un valor de la persona debe ser la honestidad con lo que uno piensa y cree y a partir de ahí, llevarlo a término en hechos y actuaciones. Por el mero interés no merece la pena la supervivencia. El viento se levanta, es hora de vivir.

Resulta pues divertido ver como los prejuicios y la falta de formación, y hasta de moral, permite según que comentarios. Por ejemplo. El autor del comentario habla del país vasco, pero olvida, salvo que la haya incorporado ya, a Navarra. En cualquier caso se olvida de la realidad denominada UPN, supuestamente regionalista, supuestamente foralista, y tal vez, herederos de un cierto carlismo, pudiera llegar a pensarse. O sea, que Vox puede pescar en los caladeros del PNV, pero no de los más cláros y prístinos para esas capturas de los de UPN. Es curioso, la verdad, tanto como hablar de Santiago Abascal como icono del votante ligado al carlismo. Ramón Rabanera puede reclamar haber tenido el carlismo en su biografía, pero el ayalés tiene una biografía bien distinta. Cada cual lo suyo, y castillos en el aire, sólo en la filmografía de Miyazaki. O en el relato de Jonathan Swift, los viajes de gulliver. Hay que venir documentado e informado. Sin un conocimiento de lo real, no se puede siquiera hacer un buen diagnóstico, y de ahí, un pronóstico. Se hace voluntarismo, y wishful thinking. Verbalizar deseos para la realidad.

Hemos de haber aprendido, trascendiendo vox y su supuesto carlismo, más allá del tradicionalismo confederal de las españas, que daría para mucho, confrontado con el centralismo jacobino de raíz liberal (falsamente, porque los liberales surgen contra el centralismo, el autoritarismo e, incluso, la monarquía) con la realidad histórica del carlismo, de larga data, y que hoy encarna Carlos Javier de Borbón y Parma, que convencer es mejor que vencer. Y que la sociedad debe tener espacios de consenso. Las denominadas nuevas derechas, como Vox, aspiran a ser disruptivos en todo. Ya empezó a hacerlo el PP en los 90, y luego vino Ciudadanos. Son un paso más allá, en una concepción que en el fondo separa a los españoles y separa los territorios, porque impiden con su uniformismo centralista una convivencia en la diversidad integradora de la pluralidad reconocida e institucionalizada. Y que la historia reciente de España, los últimos dos siglos y un tercio son muestra. Por ello no puede haber nada más alejado del carlismo que Vox, y en donde, ligado a ese tronco histórico, menos podría llegar a reclamar herencia, precísamente, es en Euzkadi. En principio. Como principio. De ahí en adelante, el pueblo soberano dará y quitará razones.

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