Andaluzmente navarros: concierto de viento (sur)

Andalucía celebró sus elecciones a su Parlamento, como nacionalidad que es, el pasado 2 de Diciembre. Fecha cercana al día sagrado del andalucismo, en el que el martir Caparrós compartió jornada, un 4 de Diciembre, con enormes manifestaciones para la búsqueda de la autonomía y el autogobierno de la nación andaluza. Puntualizaremos más tarde. La cuestión es que una amplia masa de andaluces, supuestamente fundamentalmente de izquierdas, no quisieron acudir a votar. Sólo un 58% del censo. Sobre el censo. 41,35% de abstención. PSOE 16’03%, PP 11’90%, C’s 10’48%, AA (P’s) 9’28%, Vox 6’30%, nulos 1’29%. Esos son los datos. Y han dado una mayoría de 47+12 escaños frente a los 50, derecha frente a izquierda. Una aritmética surgida de las urnas dotando las instituciones andaluzas de una inusitada inestabilidad y de cambio. Ya se verá. El asunto está en el intento de trasladar esa realidad como un calco a los demás. Y ese si puede ser un problema.

Suele decirse que Andalucía es una nación. Si, como nacionalidad sobrevenida, debido a luchas que tienen todo que ver con el primer tercio del siglo XX, en la culminación del martirologio en 1936 de Blas Infante, padre de la patria andaluza, de su bandera y de su himno, recuperado en 1976, y que sirvió de vehículación para unas aspiraciones finisecularmente oprimidas por los señoritos castellanos y el centralismo … se puede contraponer dos hechos. La historia. La existencia de una realidad en el viejo Reino de Granada, formalmente existente hasta 1833. Y por el otro lado la pretensión gubernativa, de la UCD, plasmada en un preacuerdo con el PSA (si, el que se presentó en 1980 al Parlament, con 2 escaños) y en principio de los socialistas de hacer una Junta de Diputaciones, una realidad de tipo regional, que fue sustituída por la vocación del artículo 151 a pesar de no poder concurrir por la vía de la disposición transitoria segunda. Y aún así tienen derecho a su autogobierno, claro que si, no por su historia, sino por su reivindicación y vindicación de ser para decidir. Ole por los andaluces. Muy bien. Vamos al presente.

Si algo carece España es de una formación liberal en el sentido clásico, europeo, occidental. Porque el liberalismo surge contra el autoritarismo, contra el centralismo, contra los privilegios de casta de unos pocos frente a los todos, y, que carajo, son los que cortaron el cuello a reyes. Ese conjunto de potencialidades en una visión de la economía, lo social, lo político, en última (o primera) instancia, ha sido deglutido por la España de siempre, eterna, por más que construída con material extranjero, en pleno primer tercio del siglo XIX, siendo antiforal y antiespañol, precísamente, con Cádiz en 1812 como gran epítome. Y con esos mimbres la suma de PP, C’s y Vox pueden tomar el Palacio de San Telmo y gobernar Andalucía. El PP no difiere mucho del PSOE en Andalucía. C’s es un partido centralista que apuesta por una suerte de jacobinismo a la francesa. Y Vox quiere volver a esquemas previos a 1976. Con un esquema de descentralización (sic) administrativa. Los nombres los carga el diablo, a veces. Porque a este tridente se le llama “mayoría constitucionalista”. Hay que joderse. Y se asume alegremente. Como si nada. Si es para Andalucía, disfruten de lo votado. Pero para los demás …

Salimos de Andalucía, donde, desde la mejor de las suertes, pueden y deben hacer lo que mejor les convenga. Son mayores para decidir. Su Estatuto fue votado (o no) por la gente en Referéndum. Y si quieren más o menos autogobierno, es cosa de ellos. El asunto está en que el día después de su plasmación en la sesión inicial del nuevo Parlamento, te sale un Pablo Casado a decirte, desde pleno centro de Iruñea que en la “Plaza Mayor” (del Castillo, sic) no se vería raro una alianza C’s, Vox con PP, tras las elecciones forales del 26 de mayo de 2019. Y ahí es donde hay que poner pié en pared. Y ponerse serio, por lo menos ante la gente y señalar que es lo que está diciendo. Porque es serio, y lo sensato es desmontar esa retaila de historietas del poder por el poder con el coste que sea y con el aliado que sea. No todo es posible ni deseable. Entre el fuero y el huevo, lo primero es más importante. Defendamos el fuero.

Navarra es una realidad foral desde hace mucho tiempo, pero en constante equilibrio entre las necesidades de los descendientes políticos de los agramonteses y los beamonteses, con el añadido de otras fuerzas como el PNV o el PS(O)E. Lean el libro sobre Navarra de Josean Beloqui, es lo mejor. Simplemente apuntar que la foralidad constitucionalmente hablando, depende de la disposición adicional primera, negociada por el PNV para el conjunto de Euzkadi, en su vocación de nación foral, porque, como es sabido, y aunque Navarra nunca dijo no (lean a Jimeno Jurio, con libro de mismo nombre) no tuvo un esquema de autogobierno, pues “rechazó” (sic) hacerlo con vascongadas, pero no hizo nada en el plano propositivo, salvo fomentar la insurrección del 18 de julio. Y por ello la disposición transitoria segunda no es de aplicación. Lo mismo que la derogatoria segunda que abre el foco a la restauración foral plena, no es de aplicación. Es un fuero limitado al espacio del amejoramiento de base de 1841, devengado de la diputación franquista, que hizo un intento de actualización en los mismos años que se hizo la “concesión” del REF para Canarias. Una situación compleja, pero en definitiva, foral, y hermanada con las otras tres diputaciones forales, que, en el fondo, tienen más autogobierno por sí mismas que el resto de comunidades uniprovinciales. Incluso iendo más allá del hecho de la Hacienda Foral. Un tapiz poliédrico donde se plasman las aspiraciones más que las realidades de una Navarra de identidades múltiples, que sólo desde 2015 ha podido ver aflorar en lo institucional un poco de apertura respecto al viejo régimen, y que ahora se verá cuestionado desde las entrañas de la misma España.

Si a Manuel Valls le molesta la confluencia de PP con C’s y Vox, por aquello de que en Europa, las derechas han hecho cordones sanitarios para evitar que las extremas derechas tocaran, en lo posible, poder, en el ejecutivo de los países, a Carlos Pérez Nievas (ex de CDN, supuestamente aquella escisión centrista y centrada de UPN), como representante de C’s en Navarra, lo que más le pone es la unión con Vox. Y por supuesto, su programa es la propia desaparición de la comunidad foral. Vox porque va contra las autonomías, C’s porque va contra el Convenio (hermano gemelo del Concierto) que es la sangre que riega el autogobierno foral. Sin Concierto no hay Autonomía. Y el PP no ve problemas, en Navarra, por boca de su máximo dirigente federal, para poner en valor esa alianza, impulsada desde Andalucía, para el resto de las españas. Si el no ve problemas, espero que los navarros que quieran su forma de ser y verse en el conjunto de las Españas si lo vea, como un ataque a su ser, su identidad, su forma de organizarse, y por estar por fuera de los consensos básicos que la sociedad navarra se supone tiene, como son las que sobresalen de su realidad foral.

Sin lugar a dudas la defensa del fuero debe suponer el reconocimiento de que es el fuero y para que se “usa” (sic). No es una piedra, y no es un sello. Es una forma de hacer, y de ser. No es la ley en sí, sino la forma en la que esta se hace. El modo y la forma a veces es tan importante como el fondo. Foralidad es construir de abajo arriba. Es democracia en estado puro. Es responsabilizarse de lo que uno quiere, y por eso el que recauda gestiona. Con el riesgo de recaudación que supone que si no te llega con lo que tienes, no hay red de salvación. Como durante la crisis han sido los mecanismos ad-hoc creados para las CCAA de régimen común. Y en toda esta maraña, respecto al futuro, especialmente relativo a C’s y Vox, y sus claras y nítidas declaraciones contra el futuro del Fuero, tendrá mucho que decir UPN. Claro que si. Porque se dicen regionalistas y foralistas. Por más que, en la realidad, no lo son. Como se vió en las sentencias de 2014 y el denominado Manifiesto Foral y todo lo que trajo consigo. El que quiera ver, que abra los ojos, y verá Navarra tal y como es. Un ejemplo paradigmático de todo esto es la competencia de Tráfico, que sólo el actual gobierno de Navarra ha llevado adelante, cuando la Policía Foral surge a comienzos del siglo XX precísamente como una policía de carreteras. Presuponer un peor servicio de los forales frente a los actuales gestores es discriminar el potencial del fuero. Y, si me apura, atacarlo de raíz.

Si hablamos de las normas, de la Constitución y de la realidad de Navarra, conviene decir que apenas un 50% del censo votó a su favor. No es mucho para decir que, pasado el tiempo, 40 años, la sociedad navarra está plenamente reflejada en el actual marco. Y cualquier cambio debe pasar por el consenso de sus gobernados. Hay una jota que decía que españoles son, por interés, y que si les pisan el callo … pues entonces decían que franceses pasadomañana. O vascos. Que para algo existe la disposición transitoria cuarta, redactada a petición de Jaime Ignacio Del Burgo, porque la incorporación iba a ser automática y quiso que el pueblo de Navarra pudiera ejercer su voz, llegado el caso. Bien por el. Y bien por la decisión. Si quieren. Sobre todo será si quieren. Pero en cualquier caso la defensa de una Navarra foral y punto, frente a intentos venidos de fuera, por más que haya gente de la propia Navarra que quiera pegarse un tiro en el pie (al ir contra la foralidad) sea una realidad que hay que reconocer, y minimizar con la verdad. Y con propuestas y proyectos como los que Geroa bai, Uxue Barkos, Manu Ayerdi y su gobierno ha planteado a lo largo de toda la legislatura en donde el apocalipsis ha sido en sus términos originales la revelación de que los verdaderos mejores gestores del fueron son los primos navarros de aquellos que han llevado a Bizkaia a términos e índices económicos y sociales muy dignos. Desde Navarra, por navarros, para Navarra, es importante decidir desde el conocimiento y el reconocimiento de lo que es y quiere cada cual para la Comunidad. Desde el pasado, reciente, con las propuestas y cifras, y el posible futuro. Que te gusta retroceder en el tiempo a 1972 o 1842? Haz caso a Pablo Casado. Si eso te dice algo dentro de ti que es poner en riesgo lo construido desde 1982 (ojo, incluyendo lo que pudo hacer bien UPN, que es imposible equivocarse todo el tiempo), pues, para más Navarra, no hay duda, sino 4 años más. Tu decides. Si eres navarro, Navarra es tuya. Foral y punto.

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