Jitanic, el barco de los payos

Resulta sorprendente que en las fechas en las anualidades de las actuales calendas, donde proliferan las fake news y teorías de la conspiración … entre ellas no haya una que eche en cara y espaldas al noble pueblo gitano la cosa esta del hundimiento del Titanic. Ya saben, que un par de gitanos montan en el insumergible buque amamantado en Belfast con la idea de ir cogiendo material férreo de donde pudieran, total, nadie se iba a enterar. Y venderlo como chatarra una vez llegado a un primo que vive por Brooklyn. Estilo García Lorca y así. Y seguro que habría alguien que se lo creyera. Si al final en los holocaustos del nazismo, uno fue en especial contra el pueblo gitano. De algo serían culpables. Y de matar a Jesús no, porque eso ya estaba pillado. Se siente. Hay que acusar a la gente de algo, lo que sea. Porque la carga de la prueba, en realidad, está en que todo el mundo es culpable de algo. Ya veremos luego de qué. Sobre todo si hay interés.

Cuando en los años 80 viaja la constitución (virtual) de Canadá desde Londinium hacia el otro lado del Atlántico, no lo hace en barco. Pero si con la condición de que sea asumida por todas las provincias del país, formado como Patchwork en el siglo XIX a consecuencia de la pérdida de las 13 llamadas colonias al sur. Y había dos comunidades fundadoras. La francófona y la anglófona. Es interesante recordar que en 1976 se produce el enorme y estratosférico fiasco de los JJOO de Montreal, dejando un agujero tremendo a las cuentas del país. La capital de Quebec, por cierto. Poliédrica realidad. Habituados a consultar a la gente en urnas, además de para cargos electos, permitió debatir sobre temas de autogobierno. Hoy, sin los nacionalistas en el gobierno, en los edificios federales es donde ondea la bandera federal. En los provinciales no. Y no pasa nada. Tanto como que si un ciudadano quiere dirigirse a la administración federal, sea cual sea la provincia, en su idioma, se le debe responder en ese idioma. Se imaginan eso en Murcia o Extremadura?

Saltando de vuelta podemos encontrar la dualidad danesa de aprender de sus errores. Después del final de la Segunda Guerra Mundial, con las Islas Feroe, se produjo unos hechos desagradables. Se produjo un referéndum de independencia. Copenague anuló el resultado. Disolvió el parlamento y convocó elecciones. El resultado dió el triunfo a los unionistas. Y la explicación, aún hoy, es que no se podía dejar la posibilidad de que se sumaran al bloque comunista, en medio del Atlántico y de la guerra fría. Como si fuera Grenada en los años 80. Pero por el otro lado, Groenlandia, que ya en los años 80 decidió libremente no integrarse en la UE, no plenamente (a diferencia de Canarias, que en 1989 se le amenaza con la aplicación del artículo 155 para su integración plena, con enormes costes que aún paga), tiene un estatuto que reconoce el derecho a la autodeterminación. Y con hidrocarburos por medio, junto al potencial de la dimensión ártica, tan relevante en la geopolítica del presente y el futuro. Cuestión de visión de la democracia.

Sigamos con las islas Aland. Son suecas en todo. Cultura, lengua … pero tienen la diferencia de a quien responden políticamente. Proclamaron su independencia tras un referéndum que llevaron a cabo. Y Finlandia en vez de enviar represión, enviaron diplomáticos. Suspendieron su independencia, llegaron a un acuerdo satisfactorio, y pueden vivir dentro del marco de autogobierno de su elección, sin mayor problema. Siendo a la vez, los más finlandeses, sin dejar de ser ellos mismos. Y es que Finlandia misma hasta la Primera Guerra Mundial era un ducado dependiente del Zar de todas las Rusias. Y fue gracias a la guerra de invierno en 1940 cuando se ganaron definitivamente su independencia. Sino bien con peros, porque la neutralidad forzada es la que impide que entren a la OTAN, y retrasó su ingreso en la UE (junto a Suecia en 1995, cuando Dinamarca lo hizo en 1973). Cuestión de experiencia con la convivencia entre diferentes. Y luchar contra la imposición. Hacia uno, y de uno a los demás.

Iendo al Pacífico para volver al Mediterráneo. Cuando dicen que las mejores playas, cristalinas y de arena fina son las del Pacífico o el Caribe, hay que torcer el gesto. No es así. Cerdeña o Córcega tienen playas preciosas, a tiro de piedra. Hay que cambiar el concepto. Tal es así que Nueva Caledonia hizo un trato en 1998 con su matriz, Francia. En ellos se daba un plazo de 20 años para la celebración de un referéndum de autodeterminación. Y se hará. Y saldrá que no a la independencia. Y el asunto quedará resuelto. Miren donde está. Justo al lado de Australia. Decidirán esto por su conveniencia. Porque tienen derecho, y lo harán libre y democraticamente, en una urna. Y eso que lo hace la jacobina Francia. Eso si, con Córcega no hay el mismo trato. Por aquello de la Francia metropolitana y el resto. Tal y como se pudo ver con Argelia (lean “Los agitadores de Argel) es muy diferente. Unos son más iguales que otros. Y eso se nota, también, en Bretaña, porqué no. Es cierto. Hay países donde las circunstancias mentales pesan y mucho. Y una visión política, ideológica e identitaria. Curioso que desde ella se acuse a otros de nacionalistas. Mucha de esa grandeur de pensamiento fue trasvasada a España, pasando por los pirineos. En más de un ámbito.

Veamos el mapa de Europa. En indicadores económicos, sociales y políticos, dejando elementos partidistas. Países como Austria, Bélgica, Holanda, Suiza, por ejemplo, de tamaño similar a Catalunya, son los “triunfadores” de la globalización. Holanda, que no se llama así, sino Países Bajos, pues Holanda no tuvo problema en partir sus antillas en dos modelos. Y así el Reino de los Países Bajos lo forman 4 reinos, 3 en las antillas y otro en Europa, y dentro del europeo hay provincias europeas y otras antillanas. En base a la cultura del respeto al diferente. Y todos ellos bajo la reina. En Suiza hay que saber más de una lengua en el cantón en el que vivas, toda vez que ningún cantón es monolingue. Y la estructura se basa en la libre voluntad de sus ciudadanos. Como se ve en que todos los años hay consultas en urnas. Con limites? Seguro. Pero el cimiento de los suizos es la democracia. Bélgica es un complejo sistema de comunidades y regiones. Que se solapan. Pero ello no impode el diálogo interno, y no se levantan hasta no dar con alguna solución. Y no son perfectas, pero se dan. Y como en Austria, la proyección hacia Europa de las regiones es importante. En Bélgica, donde las competencias exclusivas no son federales, no existe tal ministerio. Y no pasa nada. Cuestión de pragmatismo. Y de no ver en los entes sub estatales un enemigo al que combatir y extirpar del cuerpo de la “nación”.

Si, el Reino Unido hizo un referéndum pactado con Escocia para su independencia. Lo mismo es verdad esto como que el SNP lo que en verdad quería era dejar abierta la posibilidad de una devolución de poderes maximizada, una tercera vía. Sin modificar la constitución (cuando se darán cuenta los llamados “federalistas vascos” que para una restauración foral plena no es necesario tocar una coma de la vigente constitución española, por más que un 30% del censo de Araba, Bizkaia y Gipuzkoa votara a su favor, y un 50% de Navarra). Pero en una negociación bilateral te dejas cosas por el camino. Y aún así la mejora del autogobierno es un camino sin vuelta de hoja. Otra cosa es lo del Brexit, que se les fue de las manos. Pero no ahora, sino desde 1973 cuando la defensa de Europa y el europeismo se dió como un hecho consumado. Ya estaban en Europa. Existía el papelito. Pero se equivocaban. Se construye día a día. Y sin europeos convencidos de serlo no hay Europa. Y eso les pasó. Son dos cosas diferentes, salvo para el interés partidista. Por eso primero se dió el Brexit en el partido conservador y luego lo trasladaron al país. De cuatro naciones. Ojo, que esto lo tienen muy claro. Cuestión de respeto a la infraestructura. Que en otros lugares podrían confundir con políticas identitarias. Que se le va a hacer.

Sólo hay que fijarse en un mapa de 1888, uno de 1918, otro de 1948, otro de 1988 y otro de 2018, todos ellos de la Europa política, para darse cuenta del sentido de los tiempos. Y que eso de la unidad está muy bien, pero unidos en la diversidad. Y que eso puede ser dentro de un estado, o saltarse esa regla y ser fuera de ellos. Hay cada vez más estados. Y puede haber más. Vean Noruega cuando sale de Suecia en 1903. Chequia y Eslovaquia en 1993. Los países bálticos. Las ex repúblicas yugoslavas, como Croacia, Eslovenia, Montenegro, Macedonia del Norte … son casos diferentes, cada cual con su historia que contar, pero basados en los mismos principios. No asumidos por una matriz empeñada en no darse cuenta de la realidad. Por lo menos de partida. Y cuando se piensa que con la guerra se puede conseguir lo que la política no “puede”, las armas hablan. Es un error, pero pasa. Ha pasado. Mejor con la paz, medios pacíficos, y el uso de la no violenta leal no cooperación con el ocupante. La ola del futuro no va precisamente hacia los estados grandes, sino que son los de tamaño medio los que de manera más ágil se pueden adaptar a las realidades cambiantes de la actual fase de globalización. Y por ello la tendencia va hacia allí. A países manejables, pero unidos en una realidad que les supere e integre. Por eso el President Mas dijo aquello de que Catalunya tenía que decidir si en la Europa Federal quería ser el equivalente a un condado de Texas o California o ser ella misma como Massachussetts.

Si hubiera tenido visión de futuro, los que debían haber sido los estadistas del lado unionista en el denominado ulster, Belfast hubiera sido la capital de una Irlanda unida. La táctica de división, forzada desde el norte, aceptada por el sur, desde el mejor pragmatismo, como hizo gala el patriota y héroe irlandés Michael Collins, perjudicó, a la larga, al norte. Y con trágicas consecuencias. Votaron remain (quedarse) en el Brexit. Y de 90 diputados en su Asamblea, 60 son favorables al remain. Sólo que … 28 de los 30 restantes son del DUP, que con sus 10 diputados en Wensminster son el sostén fundamental de una May en horas bajas. Y con el agua al cuello. Elecciones generales? Segundo referéndum? Ya se verá. Nada es grátis, está claro. Y puede que sea el acicate necesario para ver que su europeismo puede pasar inexcusablemente por una unidad de Irlanda bajo la República. Y no es cuestión de nacionalismo, ni de supremacismo, por más que su propio nombre, Eire, remita a lo ario (como pasa con Irán, nombre sugerido por el embajador alemán en 1938). Es cuestión de pragmatismo y de lo que conviene a la población. Sin gente, libre a poder ser, no puede haber nación libre. Y para el bienestar, las estructuras e instituciones políticas se deben adaptar a la gente. Y no al revés. La gente hace el Estado. El Estado no puede disolver al pueblo y convocar otro. Eso es irracional. Y además imposible.

Ciertamente en el contexto internacional hay prioridades muy importantes. Desafíos enormes como los planteados, para Europa, primero por Rusia. E internamente, por Hungría, Polonia … y ahora Italia, con la denominada extrema derecha y extrema izquierda en un gobierno donde la realidad que explica como se abandonó el valor añadido hace décadas tiene repercusiones en la economía hoy, y en vez de afrontar la realidad, se busca un chivo expiatorio en Bruselas. Y como en el Brexit pueden acabar por plantear la salida del Euro o de la propia UE. Y acercarse a Rusia, con todo lo que esto supone, no sólo hacia adentro de la unión sino respecto a la propia proyección de Europa y su peso en la esfera internacional y mundial. Y en ese contexto, salvo que las habas estén claras y bien puestas, la UE no se va a mojar por este o aquel, cuando haya dudas. Y más cuando no se haya superado la barrera del 50% del censo en una decisión unilateral que nunca salió de la mesa de dibujo ni se implementó jamás, por lo que siempre fue para Bruselas una cuestión de ámbito doméstico. Y de eso hay que aprender. Y si se experimenta en cabeza ajena, la lección debe tener mejor provecho. Porque el pequeño ha de ser inteligente, sobre todo si quiere vencer. Y no ganar es algo que nadie quiere.

Hay un elemento que añadir, al hecho del derecho a decidir de los pueblos. Una cosa es este derecho y otra las minorías nacionales, con sus derechos. Como los rusos en Ucrania, en el Donetsk y Lugansk. Tienen sus derechos, que deben ser respetados. Derechos Humanos. Como los turcos en Alemania. O los andaluces en Catalunya. Son minorías nacionales en otro país, pero no por ello tienen derecho de autodeterminación ni derecho a decidir. Porque al igual que todo el mundo entiende (especialmente bien en Podemos y sus confluencias) que votar en una urna decidir si se quiere la independencia o no, es para votar si o no (y los morados lo hacen para votar por España), todo el mundo debiera entender la diferencia entre minoría nacional y pueblo sin estado, nación sin estado. Y es que las minorías nacionales, normalmente, tienen un estado propio en algún lugar. Y esto en el Este de Europa, pasa mucho. Hay un sudoku tremendo. Como por ejemplo, con Rumanía. Y muchos de su entorno. Y por el otro lado están las naciones sin estado, que merecen un encaje mejor en sus países. O sino decidirán marcharse, en virtud de su vocación de supervivencia.

Un pueblo, una nación, quiere y necesita, por lo menos en la actual fase de la historia, un Estado, que lo respete y ampare. Que defienda la diferencia como un valor, que las asimetrías son realidades, y adaptar la realidad institucional a la realidad vital. Hacer normal a nivel de instituciones lo que es normal a pié de calle. Y eso se logra de más de una manera. Hay países que lo comprenden y trabajan en ello. Y otros que ven en ello un problema. Y otros que directamente lo ignoran, por razones ideológicas e identitarias. Si, como dijo Castelao, son ellos los excluyentes y los separatistas. Hay que tener claro uno donde está pinado y que debe responder a cada momento. Y cuales son las cartas que tiene y cuales puede jugar. Con astucia e inteligencia. En un juego donde hay más jugadores que uno. Debe quedar claro. Y buscar avanzar sin olvidar que el retroceso, por más que indeseado, siempre es posible. La historia lo demuestra. No hay puntos sin retorno. La Historia se hace día a día, y hay que cultivar para recoger. Sino, la planta se seca y no da frutos.

El futuro será de los que estén preparados. Y de aquellos que entiendan la paleta de colores, y no se queden en el blanco y el negro. El contexto internacional ni será favorable ni desfavorable. Siempre será complicado, a su manera. Porque un pueblo consciente, cultivado en su conocimiento, de lo que es, lo que ha sido y lo que pueda ser, su potencial, tendrá más fácil decidir sabiamente el rumbo a trazar. Y sobre todo debe ser de manera inclusiva, incluyente, que integre al mayor consenso posible de la sociedad. O sino, acabaremos echando las culpas a un enemigo interno y externo, como solución fácil para cohesionar grupos heterogéneos. Como pasó con ese libelo del protocolo de los sabios de sión, por la policía del zar. Con Salónica en el recuerdo. O con los gitanos, en tantos sitios. Y si no se comprende un poco todo esto, no sólo por la parte de la nación sin estado, sino de la parte que la acoje, que sin solución no hay futuro, que sin un acuerdo satisfactorio, y en vistas a que no se puede hacer como los mongoles con Bagdad en el siglo XIII, se estará viviendo un nuevo Titanic, donde la banda seguirá tocando chotis (de scottish) y pasodobles, hasta que Aquaman les vaya a hacer una visita, para el té de las cinco. Cuestión de elección. Convivencia o Der Untergang. Bunker o Democracia. Pasado o Futuro. Verdad o lo conspiranoico. Hay que elegir. Si es que no se ha hecho ya. Nadie es inocente, todos somos responsables. Por lo menos de nuestras acciones. Que sea para bien. A pesar del interés.

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