Idiotas contra penitentes

Si es un idiota, no se apure. No es un insulto. O si. Pero es una descripción, no un calificativo. Lo es porque es un egoista. Lo contrario a un ciudadano. Se dedica a lo suyo y los demás le importan una higa. Lo privado, es suyo. Lo público, no existe. Usted no se ocupa de asuntos públicos, se la resbala. Por lo menos a la hora de dar trigo. Cuando toca predicar, pedir y exigir, usted, como el que más, a levantar la voz. Total, todos son iguales, no? Y por supuesto la sociedad no se parece a sus políticos (sic). Por eso el término idiota pasó a ser alguien sin educación o ignorante, y luego a los que no podían leer las sagradas escrituras (unica verdad para la baja edad media), y ahora, persona privada de habilidad profesional, esto es, un retrasado mental, una ausencia casi total de facultades psíquicas o intelectuales. Es curioso la evolución de las palabras, de un uso político a un uso médico. Y la privatización y sectorialización que implica.

Cuando el político, es decir, el representante electo, o que aspira a serlo, actúa, lo hace como extracción de la base social de su país, y como reflejo de lo que su socedad es y aspira. Resulta sorprendente que quien a nivel inferior comete los mismos excesos que los que sus representantes hace, y se les pueda descubrir, se rasguen las vestiduras en una actitud hipócrita y farisáica. Porque el representante hace lo que la ética y moralidad de su pueblo le permite. Si está socialmente aceptado, lo será en más de un nivel. Por eso suele coincidir donde hay economía sumergida con las zonas donde más corrupción política hay. Que esa es otra. Se pone el foco en el corrompido, pero no en el corruptor. Y cuando se habla del término captura de estado se tiende a pensar en la captura desde la política, y no necesariamente. Un grupo de grandes empresarios pueden capturar, sólos o con ayuda, las instituciones del estado en beneficio propio. Para ellos y los suyos. Y tener “políticos” para manejar el cotarro, con ellos detrás de la cortina, como en el mago de oz. Hay que pensar que si la sociedad es rica y compleja, sus órganos de poder, lo serán. Y lo interesante es que haya diversos, separados, y todos con su propia fuerza y luz vital. Por ello es importante tener principios, ideales y lucha ideológica. Y por eso puede molestar a algunos que esta se dé.

La penitencia o reconciliación, conocido como sacramento de la confesión, del perdón, de la curación es uno de los siete sacramentos de la iglesia católica. Quienes se acerquen a él, con las debidas disposiciones de conversión, arrepentimiento, y reparación reciben el perdón de Dios por sus pecados y la reconciliación con la Iglesia. En términos políticos, expresa la diferencia en unos países y otros. Si en otros países, de raíz tal vez anglosajona (aunque también sirve en los germánicos), te pillan con el carrito del helao, lo prudente es dimitir y después, poner todo de tu parte para ganar el respeto y la reputación en duda. Si es que ese es el caso. Y una vez hecho esto, recuperar la pelea política. En la política hispana, hay que aferrarse al cargo con uñas y dientes. Casos hay de representantes que dimitieron pensando que su caso se juzgaría en 6 meses y podrían volver a presentarse a las siguientes elecciones y recuperar el cargo del que habían dimitido. Pobres. Tarde se enteraron que cuando se dimite en España es para toda la vida. Y es asumir la culpa, sea real o no. Por eso la moda es aferrarse con uñas y dientes al sillón. Lo cual alimenta el círculo vicioso que pone en “valor” la putridez presunta del conjunto del sistema, y eso de que “todos son iguales”.

Habría que reconocer los fundamentos. Y en este caso, doble. Por un lado, comprender que la justicia tiene serios problemas. Y no tanto porque la justicia esté politizada, no haya separación de poderes, y la independencia judicial sea equiparable a la de zimbabwe. Porque se puede llegar a entender que las instituciones políticas nombren a cierta cúpula de la judicatura, de una manera u otra. Pero que tengan una dependencia jerárquica de arriba a abajo, eso no es normal. Tanto como la ausencia completa de depuración y transición respecto al modelo del régimen anterior. O que la Ley Orgánica del TC y demás leyes contradigan el espíritu y letra de la propia constitución respecto al poder judicial, que esa es otra. Como que el mismo día, en el mismo documento, se aboliera el TOP y se instaurara, como sucesora evidente, la alegal y aconstitucional Audiencia Nacional. Cosas que pasan. Y es reflejo de un sistema que da justicia en nombre del rey. Ese que nadie eligió. Bueno, si, es nieto del movimiento. Para otro momento. La clave aquí es que los casos, y más los grandes, tardan entre 7 y 10 años en ser juzgados. Y entre tanto se da la presunción de culpabilidad. Se ha invertido la carga. Y lo que digan los jueces es la carga de la condena política. Y como reflejo, las comisiones de investigación parlamentaria siguen un modelo más inquisitorial y de propaganda que de conocer la verdad de los hechos. Son reflejo de un modelo en el que la política es una actividad instrumental al servicio de los que tienen el poder para decidir una parte sustancial de la realidad pasada, presente y futura, del estado español.

Franco no deja de ser el epítome y la figura más acabada del franquismo. Del fascismo a la española. De la dictadura. Esa que tuvo campos de concentración, que tuvo conatos de leyes raciales y que tuvo su propio doctor Mengele en los primeros años 40 haciendo sus pinitos cuando molaba hacer lo mismo que los amigos nazis, cuando había reuniones entre falangistas y nazis en España y Alemania. Hay pruebas. Que favorecieron a empresas en su crecimiento, con mano de obra “gratis”, como pasó con empresas alemanas de la época. Y que retrasó la seguridad social en España de 1936 a 1966, de cuando la república lo iba a instaurar, a cuando el franquismo no tuvo más remedio que llevar a cabo, en una ola, la de los 30 gloriosos, en Europa, de despegue del estado de bienestar. Una realidad donde el poder detrás de la cortina no quería permitir cambios ni nacionales ni económicos del predominio de unos sobre otros, buscando que la realidad no pudiera trastocarse con el voto. Eso sí, conviene señalar que si en España esto basculó hacia la denominada derecha, en otros casos, lo hace hacia la denominada izquierda. Y es que los extremos se tocan. Por eso Fraga y Castro siempre fueron amigos. Y además, eran gallegos. O eso decían. Como Franco. Y no por ello Galiza se vió beneficiada en nada. Es más, fue de las más olvidadas y oprimidas. Suele pasar.

Por el otro lado, los representantes políticos, merecen una protección especial. Porque son nuestros representantes. Y obviamente se suele deslindar la vida personal de la profesional. Pero la experiencia en los siglos XIX y XX, la poquita que ha habido de democracia en España, y de pseudo, algo más largo, y en otros países, nos debiera llevar a pensar varias cosas. Una, que los representantes deben tener una retribución suficiente. Para no ser susceptibles de ser cooptados por terceros. Y algunos, posiblemente, lo deban ser durante mucho tiempo. Y los jefes, tal vez, para siempre. Porque tienen en su cabeza secretos que no quieres que sean “vendidos” por necesidades vitales, verdad? Y poner alto grado de incompatibilidad hace que alguien en el ejercicio ministerial deba de no trabajar durante dos años en cosas de su labor pública, lo cual, unido a la noción de que cobren muy poco deja escaso margen para que los mejores se puedan acercar a la actividad pública. Y más cuando los vasos comunicantes son evidentes. Es decir, en la captura de estado. Lo que hay que combatir y luchar. Prestigiando lo público. Más política, por favor.

Hay que dar crédito al error, si es para buscar subsanarlo. Equivocarse es lícito. No hay que penalizarlo, porque puede suponer que se deje de intentar, y se deje de creer, y para innovar hay que potenciar el ensayo, y de camino al éxito, se dan decenas de formas de no hacer lo que al final quieras conseguir. Y prestigiar la competencia, el libre mercado y la empresa. Y los empresarios. Como se come eso con prestigiar lo público? Porque cada ámbito tiene lo suyo. Un sector privado fuerte, que sepa lo que se hace y se dedique a lo suyo. Y que si quiere hacer modificaciones de lo público, puede hacer sus reivindicaciones y sean tenidas en cuenta. Si son lógicas, prosperen, y sino, vuelta a la casilla de salida. Donde una propuesta lógica, del ámbito privado, no tenga la tentación de seguir caminos no convencionales o ilegales para buscar prosperar, sino convivir con lo público, lo de todos. Y un sector público que no se meta donde no le llamen, sino como regulador de una realidad compleja y como garante de lo de todas y todos. Donde el que cada cual tenga su valor y potencia propicie una coopetación entre lo público y lo privado, que es lo que pasa en los países libres y más avanzados. Como Euzkadi. Como Nueva Zelanda. Como Finlandia.

Si la sagrada madre iglesia católica, apostólica y romana ha tenido éxito en su expansión mundial, más allá de tener acceso a América, cosa que, en principio, al islám, en todas sus vertientes, se le vió privado durante un buen tiempo, es el hecho de la penitencia. Penitenciagite, hermano. Uno peca, va al confesionario, y ya, libre de culpa. Deo gratia. Y puede volver a pecar. Lo cual, por otra, era maravilloso, porque había un intermediario. Y ese era el mejor agente de la iglesia, esa multinacional de dos milenios de duración, con capilaridad y tentáculos en tantos sitios. Por eso sabía bien el sentir del pueblo. Lo conocía. Y sabía sus secretos, y la información es poder. Son un imperio. Incluso hoy. Y esa virtualidad del pecado y su absolución ha sido traducida e incorporada, tras su uso civil, en la realidad política. Por eso, para algunos, aguantar es sobrevivir. Y el paso del tiempo, ser perdonados. La memoria es frágil. Y poco duradera. Sobre todo si hay interés en poner el foco en un ámbito y oscurecer otros. Por parte de quien tiene el poder.

Es realmente vergonzosa esa política que no sigue el mandato imperativo. Por más que sea lo legal y constitucional. Hay que seguir el mandato de tu elector y cumplir con el programa electoral. Y para ello la flexibilidad, el diálogo, la negociación y el acuerdo, debieran ser primordiales. Pero claro, si en casa no negocias, sino impones, a los que conviven contigo, es difícil hacer en la esfera pública otra cosa. Lo que uno es acaba por ser lo que uno muestra y demuestra. La política no deja de ser un reflejo de lo mejor y peor que puede ofrecer una sociedad. Por ello si, gobiernan los que el pueblo merece, y no sólo a quien eligen. Tienen lo que merecen. En general, y a la larga. Una inflexibilidad que viene explicada por muchos factores, varios de ellos ligados al interés de quien tiene buena parte del poder para ahormar esa realidad. Y que no quiere ir en determinada dirección, sino en la contraria. Por más que no sea el signo de los tiempos. Porque, por mucho que se diga, vivimos aún en un mundo donde la realidad que se deriva de la paz de westfalia, es decir, el mundo de los estados, es muy poderoso. Ser un estado es lo más. Y dentro de ellos, quien manda, de verdad, es dios. Por ahora al menos.

Si, han pasado muchas cosas desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Y las cosas no son como antes. Pero el principio de realismo debe llevar a saber situarse sobre el escenario, con un diagnóstico completo, correcto, y resolutivo. Para saber lo que hay que hacer, si quieres ir a algún sitio distinto. Porque el otro, o los otros, también juegan, en ese tablero. No sólo basta con tener razón, ser quien es el bueno de la película (valor auto-atribuído), sino que hay que ser capaces de llevar a término, sobre el papel de los hechos, lo que uno quiere hacer, y ese es el problema. Y la razón por la que la suma de debilidades propició una especie de transición en los años 70, donde se dió un sistema mixto, que en algún momento habrá que completar. Si se quiere. Porque queda mucha tarea, si España quiere la democracia. Y, en principio, desde fuera, se va a asumir lo que se decida dentro. Por eso, el pequeño, ha de ser inteligente. Si quiere ganar, claro. Perder y rendirse siempre es una opción. Claro que, eso abona el status quo, y no es muy deseable. Se supone.

Idiotas contra penitentes es una falsa dicotomía. Se necesitan. Hay que salir de esa dicotomía para poder superar el conflicto e ir a otro escenario. Muchas veces se presenta algo como si fuera una confrontación entre dos cosas, o dos colectivos. Eso favorece la eliminación de matices, pequeñas historias o realidades alternativas, que pueden enriquecer en la comprensión y posibles soluciones. No muchas cosas son o blancas o negras. Muchos colores hay en medio. Una paleta amplia y variada. Y para ello, los idiotas, los que no participan de lo público (pero exigen todo para ellos) y los penitentes, los que cometen delitos, digo, pecados, siendo absueltos de ellos (claro, dependiendo de quien haga según que cosa, se da una respuesta a otra, si es amigo o enemigo, rompiendo el estado de derecho … pero esto no importa, a algunos), son dos caras de la misma moneda. De aquellos que en vez de avanzar, quieren mirar atrás. Serían los conservadores, en la dicotomía con los progresistas. Por eso hay formaciones que se las dice de derechas que pueden hacer políticas más avanzadas que otras de izquierdas, o partidos liberales tener más gasto social que otras con hoz y martillo, por más que lo socialmente establecido, diga lo contrario. Son prejuicios y realidades establecidas como ciertas. Nos ahorran tiempo a la hora de abordar temas. Sirve en lo personal como en lo colectivo, en lo público y privado. Automatismos que sirven bien a quien nos quiere sumidos en la mentira, porque sabe que, muchas veces, nuestro propio nos miente, respecto a la realidad. Rellena huecos. A veces por nuestro bien. Otras no. Y eso, si, se hace un uso político de ello.

Hay que, pues, tener claro quien y que es uno. Y con esa base, democrática y en buena lid, confrontarlo, con el resto de realidades. Y con base a los derechos individuales y colectivos, ir construyendo la comunidad, tarea que nunca se acaba, y siempre está abierta a nuevas incorporaciones. O debiera. Donde por ser tu X, y yo Y, no es imposible llegar a acuerdos. Donde la flexibilidad permita avanzar, y mejorar la vida de la gente. Las personas primero. Porque no hay patrias sin personas. Y la patria libre, lo es de su gente, que sea libre. Y para ello es fundamental que sea consciente para tener una actitud crítica, es decir, de pensamiento libre, propio, con conocimiento y reconocimiento. Aprender a pensar, razonar y vivir con los demás, en comunidad. Esa es la base del cambio. Un cambio profundo y real que … puede tardar en llegar, pero es duradero y perdurable. Por eso cada gobierno español hace su propia ley de educación. Por eso Casado quiere recuperar la titularidad de la competencia de educación. Por más que quien la extendiera fuera Aznar. Por eso de las simetrías. Es más fácil quitar cuando todos la tienen, para que nadie la tenga, que cuando la asimetría, natural, está consolidada. Ser diferente no debiera ser un crimen. Simplemente, es. Y ante eso, reconocimiento. Quien impide que la bondad prospere? Quien hace mal? O quien simplemente se sienta a observar lo que pasa? El mal triunfa cuando los buenos no hacen nada para impedirlo. Y así, en España, entre el idiota y el penitente, dan alas para el hecho homogeneizador, centralista, jacobino y unitarista, tanto a psoe, como a pp, como a ciudadanos, como a vox. Si incluso podemos se ve afectado por ello … La base. Como es abajo es arriba. Y al revés. Por eso se vuelve a poner de moda ese viejo lema “Vivan las cadenas”, cuando dicen “Que el traidor a España no encuentre perdón”. Quien dice quien es el traidor? Ellos. Que España? La que ellos digan. Que ellos? Los que mandan. Y así la cosa va … mientras suene la balalaika y haya sidra en el lagar.

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