Franja Libre de Pensamiento

Sorprendente sería si la gente comprendiera, dentro de su ser, que es bochornoso que concite mayor consenso oponerse a lo que tiene alguien que construir algo diferente. Destruir concita más apoyo que adentrarse en la oscuridad de lo desconocido en favor de edificar un hogar propio y diferenciado. Y en esto no hay pepito grillo ni experiencias sobrevenidas. Porque puede pasar que la falta de argumentación, tras un intento de interpolación personal, la última ratio sea la experiencia. No hay virtud en la vejez. Vivimos en una máquina del tiempo unidireccional y sin red llamada vida. Uno se sienta en el suelo y acaba por hacerse viejo. Siempre que no intervengan otros factores. Que suele ser el caso. Por ello el priorizar el que el otro pierda lo que tiene en vez de procurar tener tu lo que con el sudor de tu frente procure es una sonda a lo profundo del ser humano, en lo individual, y, por ende, en lo colectivo.

Siempre hay situaciones en donde la ausencia de democracia puede ser vestida de una democracia perfectible. Y en esas circunstancias en las zonas territoriales de conflicto conviene no tener más que una versión. La oficial. Cualquiera que cuestione esa realidad tendrá sus consecuencias, personales y familiares, como corresponde, cara a quien tiene el poder. Que, como en el mago de oz, puede ser el líder oficial o alguien detrás del tapíz. En las democracias consolidadas el verdadero límite de mandatos es las elecciones. Y el mandato imperativo, que incluye el revocatorio, puede poner en su sitio a los que, haciendo uso y abuso de su poder, conferido por el pueblo, el pueblo pueda retirárselo, llegado el caso. La diferencia entre la capilaridad y las verdaderas raíces de un tronco que no deje de germinar y dar flor.

Resulta sorprendente la descripción de algunos acontecimientos, dentro de una apariencia de ser asépticos, con un alto contenido de subjetividad. No es lo mismo decir que a partir de tal fecha empiezan los bombardeos contra la población civil de tal país que afirmar que ese día comienzan las represalias contra un régimen que no quiere cumplir la legalidad internacional y con sus obligaciones, contraídas o sobrevenidas, y que por eso empieza el bombardeo contra instalaciones gubernamentales y del estado, con las consiguientes víctimas mortales. Y de la misma manera que, en el fondo, se distingue entre imperialismo bueno (que las más de las veces ni se considera tal) y malo malvado (el único citado), hay el mismo fenómeno con el terrorismo. Incluso discursos comprensivos del fenómeno en según que circunstancias. En vez de entender que el ideal es hacer la paz por métodos pacíficos. Y con desobediencia, llegado el caso.

Nunca se sabe donde estará el éxito o el fracaso. Puede uno intentar con mimo algo y fracasar, pensar que se hace una tontería y estar 18 años en los escenarios. Que se le va a hacer. El asunto está en poner alma en lo que se hace. Parte de ti. Dar lo mejor de ti. Incluso en los peores momentos. Cuando tratas de ganar, y más si es un conflicto, es increíble que, tras una victoria, un empate y una derrota, sea el momento de incorporar a la mujer a las fuerzas armadas. Pero claro, si tenemos en cuenta la experiencia de la gran guerra, hay quien pensaba que en la segunda, quien salió especialmente trasquilado en la misma sala donde se constituyó como estado federal imperial, aprendería e incorporaría a la mujer siquiera como fuerza laboral. Y ni eso, una de las causas ocultadas de su reiterada derrota militar. Y social. Y económica. Y política. Hay que aprender de los errores. Para no repetirlos.

A veces resulta enternecedor ver que el mismo día se dan sincronicidades de hechos. Como quien entra hacia el norte en territorio enemigo (tras una serie de provocaciones armadas, que el tiempo pretenderá borrar de la memoria colectiva) a la vez que quien acabará repeliendo hacia el sur a ese “agresor” hasta exáctamente ese mismo punto tiempo después, en otro punto, baja hacia el sur para liquidar una realidad diferente, esta sí, una auténtiva, verdadera y depravada invasión que décadas después procura la sustitución de la población originaria por otra del estado matriz. Siendo el país más poblado (por ahora) del mundo, pueden jugar a ese juego. Contra los derechos humanos, la democracia y la propia humanidad. Por ello es importante, cuando se aborda un conflicto, comprender la realidad desde sus fundamentos. Y procurar conocer la historia de atrás hacia adelante, como principio. Y de esa manera poder ver las bifurcaciones que, hacia delante, eran posibles, para ver porqué no se cogieron. Es más honesto, y puede ayudar a la hora de comprender e implementar soluciones a conflictos.

Hay veces que lo provisional se convierte en perdurable y viceversa. Hay veces en donde se lucha mucho por incluír un principio en una ordenanza o una ley, para luego no aplicarse. Y miras ciertas partes de tu ciudad, donde no debiera haber cartelería o pintadas, y piensar, de que sirvió tal o cual ordenanza? O ves el intento de limitar o vetar tal capacidad previamente reconocida, pero el contrafuero no se repara, o se limita a ser resarcido de facto y no de iure, dando a luz una suerte de autogobierno flotante, como una isla montada a lomos de una tortuga gigante, o una plataforma sin anclaje en el lecho marino. Y es que mirar el cielo de la ciudad de la luz supone descubrir que lo contingente puede llegar para permanecer, siquiera, para cambiar totalmente el imaginario colectivo del conjunto, que, ya, cambió para siempre, se quiera reconocer o no. Y es importante, porque para ello las partes deben poder verse reflejadas e incorporadas en el nuevo símbolo. Porque sino, la quiebra aparecerá por la costura más débil. Es inevitable.

Problemas siempre hay y siempre habrá. El asunto está en que los simplismos, las simplificaciones y apelar a los lugares comunes, de “lo que ya sabemos”, supone insertar los hechos en un libreto estándar. Es lo más fácil. Y la gente pierde la necesidad de pensar. Por ello lo que escapa del mainstream necesita más tiempo de explicación, porque necesita de poner el contexto primero, para luego insertar esa realidad sobre ello. O incluír contradicciones y claroscuros. Gustan las historias de buenos y malos, donde uno pueda elegir el suyo, frente al otro. Literatura. Habitualmente, no hay buenos tan buenos que no tengan algo malo, ni malos tan malos que no tengan algo bueno. Y eso es normal y natural. Hay que saber distingur desde el pensamiento propio y crítico. Y no fiarse, por ser, de nadie. Porque si la cosa es que porque yo soy yo y tu eres tu la cosa es así, entonces, se quiebra el principio de igualdad. Y eso no puede ser. Por ello reconocer la complejidad de las realidades sociales y la amplia gama de colores entre el blanco y el negro simple y llanamente es ser capaces de ver y describir el mundo de lo real. Lo que es.

Muchas veces, sobre todo en ciencia, ocurre que no eres realmente el primero en llegar ahí. Otros han llegado a ese punto previamente. Otra cosa es el volver a descubrir tal cosa u otra. El añadido estriba cuando se descubren cosas donde viven iguales. Es vidrioso el asunto. Porque si el apelativo es el de “descubridor” entonces estás quebrando el principio de igualdad que merece el hecho de que hay tanta humanidad en el humano que llega como en el que previamente estaba y ha sido “descubierto”. Es como el viejo comentario de, en una clase, la profesora dice “pues tal fue el primer hombre en ver el océano pacífico y atlántico a la vez” y se le responde “óiga, profesora, que ocurre, que los indígenas eran todos ciegos?”. Humildad y contrición a la hora de echar las campanas al vuelo. Reconocimiento al que merezca, pero sin pasarse ni hacer dejación de lo que otros son para imponer una realidad que está sólo sobre el papel.

Como las realidades humanas, todas, son, en cierta manera, artificiales, y construídas socialmente, se puede, con el refinamiento de ciertas prácticas en sociedades occidentales, llegar al caso de crear realidades de la misma manera que se hacen decorados para películas. Como dijo aquél productor, cuidado que encuentren unas “ruinas” egipcias en unas décadas en el desierto de Mojave, que es por tal película, y no porque llegaran tan lejos en su momento. Y esto pasa en política. Donde realidades artificiales de corta duración se proyectan sobre realidades tangibles, con muchas dosis de ad-hominem, y puede que ayudadas y apoyadas de diversas falacias (como la de autoridad), tapan debates importantes para la sociedad, y que es lo que realmente debiera importar al pueblo, que se ve oscurecido por la lucha cegadora del poder por el poder.

Como se puede entender que cuatro siglos antes de su supresión oficial un santo padre condenara oficialmente el uso de africanos como esclavos y no le hicieran ni caso? Porque hay cosas que se obivan. Por el poder. Por la necesidad. De unos pocos. O de unos muchos. Depende. Por ello la gente debe tener derecho a conocer e investigar. Las leyes de secretos oficiales merecen ser adelgazadas al mínimo imprescindible, mal que les pese a los oscurantistas y chantajistas, que usan lo que pillen a mano como rehenes, incluso, buscando derribar un gobierno con la mera sospecha de que pueda ser favorable a liquidar leyes de la dictadura respecto a esos secretos. Y transparencia de verdad donde merece haberla y no tanto en cuestiones superfluas o que son el equivalente moderno del chupete o de blandir las llaves delante de un niño que se maravilla con cualquier cosa. De la misma manera que Bellido Dolfos, patriota leonés, tuvo un portillo de la traición, en la leonesa Zamora, luego reconvertido en portillo de la lealtad, dependiendo el prisma con el que se mire el sucedido.

Hacer de este un mundo mejor es el ideal. Y para ello confluyen muchos intereses y voluntades, por lo general, no declarando el deseo del mal a los demás, pero al procurar el bien propio, egoísta, como externalidad, o consecuencia, se produce esa realidad, por lo que hay que procurar el beneficio de la mayoría, cuanto más amplia mejor. Y reconocer la pluralidad, las diferencias, siempre que haya reconocimiento de realidades universales, que es lo mismo que decir que hay principios universales y de eso se derivan derechos individuales y colectivos, derechos humanos, que merecen una protección y aplicación por realidades particulares diferentes que deben cooperar entre sí, pero desde la diversidad de identidades, como es natural. Y lo primero de ello es aprender a aprender. Ser persona en el concepto más elevado del término. Desde ese suelo ético y estético es de donde las sociedades sanas surgen. Personas libres para una patria libre. Liberar el espíritu humano para poder plantear la liberación del suelo. Porque sin un pensamiento libre, cualquier otro movimiento será humo de pajas, pan para hoy y hambre para mañana cuando lo que corresponde es sembrar para recoger. Construir un futuro mejor, en vez de procurar que tu futuro sea mejor que el de los demás. Porque para redistribuir, primero hay que crear. Y esa labor, hay que apoyarla, porque la creatividad merece respeto y apoyo. En nombre de la humanidad.

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