Cuando no sabes quien eres

Ser. Quien eres. Sin un yo nunca puede haber un nosotros. Un plural. Una identidad colectiva se sustenta en la suma de las individuales. Y algo más. Es cierto. Pero sobre todo en una diversidad de yo’s, que reflejen una construcción de abajo hacia arriba, de dentro hacia afuera. Dicen que el humano quiere ser seducido, como cantos de sirena que le hagan abandonar lo que es por algo sucintamente mejor y elevado. Claro que esto recuerda a las sirenas que tentaron a Ulises en la Odisea. Y se puede pensar que en realidad eso es lo que, precísamente, esa persona no quiere. El viaje del héroe. Lo quieren evitar. No quieren bajar a su propio subconsciente. Y es que a veces es más fácil convencerse de lo que uno no es de lo que sí es. De esta manera es posible vivir una vida larga sin tener la menor idea de quien eres.

Construir una conciencia es complejo, difícil y sin límite de tiempo. Es una obra inacabada, si se quiere abordar. Un ser humano siempre tendrá que abordar dificultades en su vida. Quien niegue esto, miente. Con independencia de cualquier condición añadida a respirar, todo el mundo vive buenos momentos y malas circunstancias. Y en eso ayuda que uno sea. La vida es como subir a un punto elevado. La muerte acecha, y es la única certidumbre que existe. El camino es el asunto. Si subes una pirámide, con las caras lisas, en el primer resbalón caerás hasta lo profundo. En cambio, si tiene aristas, piedras y matorrales, el dolor podrá ser grande, pero la recuperación espiritual, emocional y personal no será tan dura como el caso anterior. Es tu personalidad la que forja esa identidad que dice quien eres, seas consciente o no. Y es lo que permite navegar el río de la vida.

Cuando una persona construye su forma de vida, visualiza la forma de interpretar la realidad. No es el primero ni el último en llegar a este mundo. Muchas generaciones precedentes se hicieron preguntas. Unas cuantas están resueltas. Otras preguntas han surgido como consecuencia de esas experiencias. Y muchas están por resolver. La realidad humana debe casi todo a la sedimentación. Capa a capa, lo que ha sido útil, se ha mantenido. Y lo inútil se ha deshechado. Tratando de adaptarse al medio en el que vivían. Es por ello que hay culturas y lenguas diferentes, porque, dependiendo de las condiciones materiales, físicas y muchas más, la construcción de la realidad, como si fueran piezas de lego, tuvo unos componentes y no otros. Y eso es bueno, porque la humanidad es diversa. Y en esas realidades es donde puede desarrollarse el espíritu humano, el ser, de cada uno de los individuos que compone esa parte de humanidad.

Conseguir alcanzar un nivel de conciencia en buena medida depende de los demás, aunque pueda parecer paradógico. En tanto que si quieres construir tu propio yo, porque otros pueden ser determinantes en ese proceso? Debiera ser igual un eremita en la cima de un monte, rodeado de un frondoso bosque que un urbanita criado en un bloque de pisos … pues evidentemente, no es lo mismo. Sobre todo porque el reflejo en los demás ayuda a construir la propia identidad. Y es por ello que la realidad identitaria individual está indisolublemente unida a identidades colectivas, compartidas con grupos, círculos, que como diagramas de ben, se cruzan entre ellos, hasta crear mallas sociales complejas. Identidades afectivas, culturales, económicas, sociales, políticas y muchas más. Hacen un ser poliédrico, que merece ser respetado, en su crecimiento, en su enriquecimiento personal. El problema está en los que quieren que para ellos ser, otros no sean.

Cada vez que hay un individuo que afirma con convicción que es, hay varios individios que quieren hacerle ver que no es. Y señalarle lo que no es. Mucho antes que decirle, si es que llega el caso, que es lo que es. Negando la identidad de otro se le priva de realidades que se quieren invisibilizar o eliminar. Durante mucho tiempo ha sido una realidad que de estas cosas no se hablaba, eran identidades tabú, cegadas por la única identidad posible, emanada desde las alturas. En más de un sentido. No ser limita la contestación. No ser desvincula reacciones a los que son. No ser aísla y evita la reproducción de conductas consideradas como peligrosas. Y es que las identidades, de alguna manera, necesitan de ser reproducidas, de que puedan proyectarse al futuro, que la comunidad sepa de su existencia, y que son modelos de conducta válidos, ligados a la propia existencia física del individuo, en su versión individual como colectiva. Ser ante todos, sin miedo al que dirán, puede ser un riesgo. La presión de grupo, mal entendida, es un problema. Cosa que, por supuesto, no es casual, sino algo, de alguna manera, premeditado y previsto para tal fin.

Y tu quien eres? Muchas veces se evita esta pregunta. Y se buscan en los demás no la ayuda para comprenderse a uno mismo sino excusas para no conocerse a uno mismo. Culpar a los demás de cuestiones de diverso pelaje con tal de no preguntarse uno por las responsabilidades y culpas en la no contribución a que las realidades disfuncionales de su propia existencia como elemento individual y/o colectivo, ya sea visible o invisibilizado por una comunidad dominante es una realidad temible que habría que combatir. Desde la profundización de la introspección. Buscando uno a sí mismo. Procurando, en el camino, saber, conocer y pelear contra las trabas de los que quieren que no seas, para que el ser, la identidad, pueda ser sentida, sin temor, en su integridad y compleja globalidad, dejando en evidencia a los verdaderos negacionistas y sus oscuras razones para su comportamiento. Y asumir que, para lo bueno y lo malo, lo efímero y lo perdurable, cada individio es parte de esa comunidad de intereses que pivota sobre una identidad determinada.

Vivir es luchar, para reivindicar quien eres. Y para ser quien eres hay que conocer quien eres. Y para hacer eso hay que construir con materiales propios. No quiere decir esto que no puedas servirte de materiales producidos por otros. No. Es más, es lo justo y necesario, porque nadie nace aprendido, y los demás han aprendido antes que tu. El asunto estriba, fundamentalmente, en que cualquier material “importado” pase por el cedazo de tu propia conciencia crítica, y del sistema personal educativo de aprender a aprender. Saber que partes tomar y cuales no. Incorporar lo que consideres necesario para enriquecer tu realidad, comprenderte a ti en el entorno en el que te ha tocado vivir, donde, las piezas, de forma natural, puedan ir encajando y encontrando su ser. Para afrontar una vida “natural” propia dentro de las comunidades imaginadas (toda cuestión social humana es fabricada) que por derecho te corresponde, en virtud de una trayectoria vital colectiva e individual de larga data. Lo que viene siendo una nación.

Resulta súmamente difícil entender y comprender tu posición en el mundo cuando el relato tradicional se ve truncado o sustituído por mentiras maledicentes, tendentes a ocultar el mosáico de la verdad con retazos de realidades alternativas, que, con el tiempo, las más de las veces, se terminan por dejar de presentar de tal. Y acaban por convertirse a la única verdad. En el individuo es la lucha de los que fueron separados de su madre y tardan en darse cuenta que el nuevo entorno no es el de su verdadera familia. El siglo XX es prolijo en eso. Otros también, pero la forma masiva y el uso ideológico de este instrumento lo hizo especialmente doloroso, como arma punitiva contra los perdedores. Y con las identidades colectivas sucede igual. Los pueblos pueden ser raptados. Como una roca, la presión y el tiempo pueden acabar por desvirtuar, deformar y ajustar a una realidad que nunca fue aquello que era otra cosa y ahora se ha invisibilizado. O transformado. Y es que las realidades humanas son, ciertamente, mutantes y mutables.

Ciertamente, hay que romper con la visión de la historia en un escalar ascendente hacia un progreso continuado. Se puede volver atrás. Se puede retroceder. Lo retrógrado existe. Y es una realidad, dentro de la historia. Y el futuro puede estar en el pasado. Revolución significa volver a la evolución, a un momento en el que un hilo consistente se cortó. O se pretendió cortar. O se enterró y desde entonces, mucho más fino, que casi no se ve, discurre a gran profundidad, bajo tierra. Pasado, presente y futuro coexisten en una misma realidad donde saber situarse en el mapa de la realidad es un imperativo moral, ético y estético, vital. Es por ello que cualquier brújula debe ser usada con cuidado, y por ello, las que no conviene a algunos, serán ocultadas y no están en el mercado. O se intenta que no lo estén. No es lo mismo una época que en otra. Y los métodos pueden cambiar, por más que la vocación y voluntad de los dedicados a que los demás no sean, para ser ellos, sigue siendo la misma.

No es fácil ser quien eres. Una vez sepas quien eres, no va a ser fácil serlo. Toda vez que esto suceda en un escenario donde tu (s) identidad (es) está (n) contestada (s). Pero es necesario que sea. Incluso, en el fondo, para quien quiere que no seas, realmente, necesita que seas. Porque la biodiversidad humana global necesita de pluralismo y pluralidad, para enriquecer con diferentes puntos de vista esa realidad poliédrica que es la humanidad y su construcción como proyecto de futuro inacabado. Y sin un fin, como el universo mismo, más allá que la propia existencia, y la propia vida. No hay utilidad ni finalidad, son los humanos los que deben dársela. Y esta es mejor que se base en la construcción que en la destrucción. Por más que construir lleve mucho tiempo, y destruir en un chasquido de dedos. Aún así, lo que hay que hacer, hay que hacerlo. Por dignidad, por uno mismo y por la humanidad. Conócete a ti mismo. Sé tu, y sé para y por los demás. Esa es tu contribución a la humanidad. Ser.

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