Crisis Constitucional

Cambiar es normal y natural. Siempre que el cambio sea dentro de los cauces de lo regular, es decir, por auto-convencimiento, por medios endógenos y no exógenos. No se pueden hacer cambios desde fuera. Y ahora, afortunadamente, ni el Estado es el Jefe (sea rey o no) ni lo es el gobierno. Cuando llevamos una parte significativa del siglo XXI adelantada (tanto como que para este año, en el siglo anterior, ya se había desarrollado incluso toda una primera guerra mundial) debemos pensar no ya en que una persona sea un voto (que si, no puede votar más veces, como ha sucedido en no pocos sitios, hasta hace no tanto) sino que cuantos menos votos se queden sin estar representados mejor. Y que cada voto emitido sea escuchado y tenido en cuenta. Y tener en cuenta que hay que hacer partícipe a la gente, más allá del voto normativo, en base a cosas tan exóticas … como el artículo 9 de la Constitución Española, por ejemplo. El problema viene cuando esos cambios se producen sin diálogo, sin negociación, sin acuerdo …

Veamos el caso de Escocia. En los años 70 votaron una asunción de capacidades fiscales y autogobierno, con el problema de que desde Londres se pusieron unas condiciones que hicieron … darse una votación en Londres en que la mayoría coyuntural votó contra lo que Escocia, nación constituyente del Reino Unido tenía derecho. Hubo de pasar 20 años a que se produjera la devolution, con el valiente Tony Blair en Downing Street. Empezó la andadura, en la creencia de que los laboristas manejarían el cotarro tanto en Gales como en Escocia. Pero hete aquí que el SNP, partido de larga tradición democrática, y con arraigo y fuerza, presentó proyectos para avanzar en autogobierno. Porque? Igual, dicen, la película a ver no es Braveheart, sino Trainspotting, en la que aparece un jóven Ewan McGregor. La épica está muy bien, y es necesaria. Pero lo otro es parte de la realidad de una nación que en los años 90 se caía a pedazos. En el relato hay que tener en cuenta la posición de las mayorías y de las minorías, sin olvidar nada ni a nadie. Y a Escocia le llegó la hora de recuperar sus facultades políticas, largamente postergadas en el olvido, más no en el derecho.

Por más que no hubiera formalmente un parlamento escocés, este jamás se disolvió, como tampoco se clausuró, formalmente, jamás, Wensminster. Simplemente, y eufemísticamente, tal vez, se suspendieron sus sesiones … en el caso de Escocia, porque sus competencias, se trasladaron a Londres. Y que es un Parlamento sin competencias? Una charla entre colegas. Y para eso ya tenían un invento muy majo llamado pub, donde además podían tomar Whiskey o una Guinness mientras parlamentaban con el resto de parroquianos. Y no por ello perdieron una administración propia. Sólo perdieron el nivel político, desde el respeto al pueblo e instituciones de Escocia. Y todo esto ha venido en ser trastocado por dos hechos clave que pueden ser el momento o coartada para impulsar el cambio en una Escocia que debe afrontar su futuro, no sólo en paz y libertad, sino con responsabilidad. No respecto a las generaciones pasadas, sino para con las futuras y su derecho a un país próspero.

Cuando se dió el debate de la independencia, nadie tenía dudas sobre la identidad escocesa del pueblo y de las instituciones, y que, pasara lo que pasara, el modelo seguiría teniendo el mismo esquema básico. No se votaba pues con el corazón, pues una vez superado el hecho de ser nación (tras los resultados David Cameron siempre ha hablado de las cuatro naciones del Reino Unido, a saber, Escocia, Inglaterra, Gales e Irlanda) se va a lo práctico y pragmático de la libre conveniencia de si es oportuna o no una forma de gobierno u otra. Si a Escocia le va a venir mejor para su Educación, Sanidad, Servicios Sociales, Pensiones y demás, pertenecer al Reino Unido o formar un Estado Propio. Independiente. O casi, porque mantendrían la jefatura del estado, dentro del Commonwealth, la libra esterlina (escocesa, como hasta ahora, plegada a la de Inglaterra) … Debate de ideas y de argumentos, sin la búsqueda de la amenaza y el miedo. Salió que no, en un 55-45, en el que tuvieron mucho que ver los más veteranos, de edad avanzada, quizás nostálgicos del imperio y de la solidaridad de los tiempos de la guerra mundial y de la postguerra, en torno a los JJOO de Londres de 1948, cuando la juventud apostaba claramente por un cambio. Lo importante es que no quedó en saco roto. Se ha buscado dar satisfacción a los vencedores y a los derrotados, en una suerte de tercer tiempo de rugby, que es lo que toca, seguramente, para que las consecuencias sean lo más inclusivas posibles y procurar evitar rupturas sociales, siempre que estas sean evitables.

Un elemento fundamental en el asunto fue el europeo. Se les dijo, con buen criterio, que si salían de Reino Unido, España, cual masoquista yihadista en solitario, como ha actuado en el asunto de kosovo, con posiciones de radicalidad e inflexibilidad inquebrantables, votaría y vetaría la inclusión de Escocia en el club comunitario. Incluso con un acuerdo entre el Reino Unido y Escocia. Saldrían de Europa. Expulsados. Pero la verdad es completamente opuesta. Se acordó 13 meses de negociaciones, donde pudieran entrar en Naciones Unidas y cumplimentar una negociación de alta velocidad de quien ya está en las instituciones europeas desde 1973, semejante a la que pudiera haber tenido Islandia, o la que pudo tener, incluso, Croacia, que ya es miembro actualmente. La ampliación interna estaba interiorizada en Bruselas, siempre que había el acuerdo entre las partes y se hubiera dado el voto favorable, cosa que, como se vió, no fue el caso. Pero es interesante, porque no mucho después, se les puso en la tesitura de elegir, o dentro de la UE o fuera. El conocido como Brexit.

Que es el Brexit? Una estupidez, porque es increible que piensen que, tras décadas, pues ya en el siglo XIX se daban tratados multilaterales de comercio, de globalización (cosa que, dicho sea de paso, se dió ya en el imperio romano, cuando comerciaba con la lejana china) pueda ir a los países, una vez readmitidos en la OMC, a renegociar, desde cero, acuerdos para un mercado de 70 millones mejores que los que pueda tener uno de unos 400 millones. Cero sentido común, y muchas mentiras. Y además de todo esto, es una forma de quitar cometencias a Bruselas. Bueno, compartidas en Bruselas, por los estados, más bien. Pero este tecnicismo nunca ha sido popular, a pesar de que una parte importante de los gestores en Bruselas, son los gobiernos de los países miembro. Y en Irlanda, la imposición de una frontera, que atenta contra los acuerdos de Viernes Santo, del que se cumplen 20 años, especialmente, desde un día de mayo en el que los vecinos del norte y del sur de Irlanda votaron juntos por la paz y la armonía en la isla esmeralda. Si, en el norte de Irlanda votaron que no al brexit. Y la suma en el parlamento da dos tercios de partidarios del remain y un tercio del brexit. Y en el caso de Escocia, como no, si en tiempos del referéndum de 2014 sobre la independencia incluso entre el segmento conservador eran partidarios de una Escocia dentro de la UE, en el voto del Brexit en 2016, más del 60% de Escocia votó remain, quedarse dentro de la UE.

El asunto relevante es exáctamente el mismo que pudo plantearse tras la celebración del referéndum de 1986 relativo a la permanencia de España en la OTAN. País Vasco (por dos tercios en contra), Navarra, Catalunya o Canarias se mostraron claramente contrarios. Y no importó pero nada. En el caso de Escocia, como en el del norte de Irlanda, deseosas de mantenerse en la UE, como el que supuestamente entra y sale es el bloque monolítico llamado Reino Unido … chocando en ese momento la descentralización con el hecho unitario de la pertenencia al club de Bruselas. Una realidad en la que la política debiera ser la respuesta, pero el nacionalismo británico, o gran-inglés de May y su gobierno hace ver la paradoja de, supuestamente, si hubieran votado independencia, hubieran salido de la UE. Votaron no a la independencia. Y como premio, aún votando remain en el Brexit, deban salir de la UE. Perniciosa paradoja donde quien realmente pierde es la flexibilidad y el pragmatismo de quien debe acomodar la cambiante voluntad de la gente a los tiempos que se van sucediendo, desde el respeto y la convicción de que la democracia se basa en eso, en escuchar al pueblo y trasladarlo a hechos, en lo normativo e institucional.

Pero, más allá de eso, el último problema promete con ser la guinda del pastel. Y es el mero hecho de que … una vez repatriadas las competencias “cedidas” en Bruselas … a quien corresponde su gestión? Pues según los gobiernos tanto de Gales como de Escocia, les corresponde en exclusiva su gestión a los gobiernos autónomos. Pero desde la óptica de Lóndres les corresponde a ellos, pues supuestamente ellos hubieran sido los que lo hubieran cedido. Y, por lo menos, de manera temporal, estar residenciados en el gobierno del Reino Unido. Claro, el problema luego vendría en tanto en cuanto a que lo provisional se pueda convertir de alguna manera en semi-definitivo, o que sea de alta dificultad el cambiar. Si, santa rita, rita, lo que se da no se quita. O que sea objeto de negociación política. Y es ese hecho el que ha fundamentado que, frente a la Ley del Brexit que surja de Wensminster, desde el Parlamento de Escocia ya se ha votado un rechazo claro por un 75% de la cámara, una sólida posición, que se puede traducir en una ley propia, lo cual llevaría un paso más allá lo que ya se adivina ya. Una crisis constitucional en Reino Unido. Y que, quizás, Gales le pueda seguir. El caso del norte de Irlanda es más complejo, pues lleva más de 15 meses sin gobierno, y el primer partido (si bien por menguada y exigua mayoría) es el sostén en Londres del gobierno de May …

Cual es pues la crisis? Sencillo. En que con base a la poliedrica realidad que subyace en la simple necesidad de May de culminar el Brexit de la manera más ordenada posible, pasando por encima de los cascotes de los engaños y mentiras, enfrente está la realidad de una Escocia europea y europeista (de la que Bruselas ni puede ni debe prescindir) en la que van a jugar la partida como si de un seis naciones se tratara. Igual hay que pasar el balón atrás, pero siempre avanzando. Porque el objetivo es anotar. Y que es anotar? Que Escocia siga bajo el esquema del mercado común y de los beneficios globales de su pertenencia. Si, la UE tiene problemas que resolver, y es un debate aparte. Pero es realidad que Escocia quiere ser parte de su solución, con su opinión contando entre las voces reformistas. Como Irlanda, en su conjunto. Y en el fondo el asunto de la soberanía tiene todo que ver con quien es el competente para hacer tal o cual cosa. Quien es capaz, quien tiene el deber de cumplir con sus cuidadanos, que tienen derechos y obligaciones. La gestión de lo público. Bajo el principio europeo de la subsidiariedad. Y el nítido y claro deseo de dar, desde la globalidad, cobertura a las escocesas y escoceses en la provisión de bienes y servicios, desde las instituciones de Escocia.

Una crisis constitucional, la que se deriva de ese choque de trenes, prevista y previsible, en tanto en cuanto el horizonte de Inglaterra y de Escocia son plenamente divergentes. Y sin una resolución apriorística clara. Pero si ambas partes persisten en sus principios, no es descabellado pensar cosas impensables y escenarios creativos, en los que un segundo referéndum quizás sea la opción más razonable y menos descabellada, en tanto en cuanto cualquier tipo de escenario, porqué no, incluídos los unilaterales, pudieran tener cabida. Pues el brexit ha supuesto un posible cambio incluso en el tradicional modelo paccionado de actuar de los británicos. Por lo menos en los quinquenios más próximos al caballo que cruza el final del XX y el XXI. Una realidad que sin duda será relevante, pues, seguramente, recuerde que finalmente el Brexit, tal y como lo preconizaban sus partidarios, hoy desaparecidos de la escena política británica (el UKIP) no se producirá, porque si se acaba por producir, el Reino Unido que fue llamado a las urnas a votarlo ya no existirá. Será otra cosa. Estas son las consecuencias de jugar con el populismo y el nacionalismo, como decía Macron, si. El populismo de Farage y el nacionalismo excluyente y egoísta gran-inglés o nacionalismo británico de May. Una realidad que ha crecido en algunas partes de Europa, como champiñones, al calor del oscurantismo y la oscuridad sobrevenida hacia un proyecto, el europeo, al que se le ha restado, interesadamente, protagonismo, y en esta crisis, debe ser la oportunidad de poner las cosas en su sitio. Escocia quiere más Europa. Inglaterra salir fuera de ella. Que cada cual saque sus conclusiones. Y las apuestas están echadas. El tiempo da y quita razón. Está ahí para todos. Veremos en que queda. Mientras, recuerden. “¿Que a los escoceses les gusta que les digan que son escoceses? Pues de mi no pongan que soy británica. Inglesa, soy inglesa.” Susan Duffy, Antonia, conocida como A. S. Byatt. Alba gu bràth.

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