Sucesor Designado

Suele decirse que los Estados Unidos de América son un ejemplo de lugar de la tierra en donde proliferan leyes absurdas. Que si en el condado de cual o la ciudad de cual una vaca no puede hacer esto o aquello. Pueblerinos, Paletos, Palurdos. Americanos … Si Alberto Rivera ha llegado a ver los primeros cuatro capítulos de la serie protagonizada por Kiefer, hijo de Donald. Sutherland, no Trump, claro está. Pues bienvenido sea. Algunos hemos tardado menos en ponernos al día, viendo los 37 capítulos emitidos. Y el periodista, conocido, Pedro J. Ramírez hace un paralelismo entre la propuesta de la serie y la realidad de un Ciudadanos al que apoya, en base a su particular y, claro está, respetable, punto de vista. Pero se equivoca. Y es que para poder comparar, para empezar, hay que encontrar la razón en el antagonista. Y en ausencia de ella, sólo se apela a la emoción. Y sin cabeza y sin corazón, el fracaso puede ser gloriosamente triunfal.

Un periodista acostumbrado a sentirse el heredero de la clase periodística surgida al amparo, físicamente, porque al parecer estaba allí, de Woodward y Bernstein, del llamado caso Watergate, es alguien difícil de definir como humilde. Claro que habría que leerse primero el libro, muy accesible, como trama negra, policíaca más que política, como es “Todos los hombres del Presidente” donde se expone, claramente, en la parte final, la que no entró en la película de Alan J. Pakula, que es la que demuestra que el plan no era un robo de cuarta en la sede de los demócratas, sino un maquiavélico plan bien pergeñado para destruir toda oposición organizada al poder del partido republicano desde la Casa Blanca. Nixon odiaba a JFK. Pero no era nada personal. Era la representación potencial de la continuidad política comenzada con Roosevelt “el rojo”, seguida por Truman, y un Ike que nunca le fue leal, y era un paréntesis seguido por un JFK que bien pudo haber seguido con Bobby o Ted, o ambos. Un cuarto de siglo de dominio demócrata que Nixon quería terminar, por lo civil o lo criminal. Como fuera. Y América reaccionó. La América de los checks and balances, la de la división de poderes, la que pone la democracia por encima de lo demás, la que pone al americano primero.

España es un sistema parlamentario, no presidencialista, por lo que los comparatorios son complicados. Y no me iré a Jesús Palacios, por más que tenga dos sugerentes libros sobre el tema. Pongamos Pilar Urbano. Si, la que gusta de visitar Ikastolas con la vista puesta en comparar su espartano comportamiento con los de la educación de la republicana Leticia, ciudadana asturiana. Ella es una de las pocas que habla del Proyecto Islero y de como el 23 de febrero de 1981 llegó a Viena un instrumento de ratificación para la adhesión de España al Tratado de No Proliferación Nuclear. Si, porque España pudo haber tenido armas nucleares. Y a quien le podía interesar? A Francia, el mismo país que puso las bases en Osirak, que en 1981 las fuerzas aéreas israelies volaron para siempre. Y es que en 1980 en España, con patas periodística, política, económica, se hizo el caldo a un Presidente legítimo, al que no se le voló en un atentado, como el que dicen en 1985 en A Coruña al señor Juan Carlos y demás autoridades, sino que, el citado señor, creyó que sus poderes eran los de Franco, pero sin Franco. E hizo lo posible y lo imposible para quitarle de en medio. Es la trama del 23F. Que, por cierto, triunfó. Un agujero negro de la historia de España. Casi tan grande como la “solución” a-constitucional para los casos de Almería y Jaén en el referéndum del 28 de febrero de 1980, que dió a luz algo que en la Constitución no está previsto, como es el llamado “Café para todos”.

América es una democracia compleja. En la que los estados son muy poderosos. Y que se fue a una guerra civil, comparable a las guerras carlistas en el siglo XIX, en el que un Robert E. Lee puede tener en Zumalakarregi un equivalente perféctamente válido, por el poder federal y de los estados, algo que no quedó cerrado en la Constitución. Eso sí, actualmente, los estados pueden no sólo gestionar impuestos, sino que pueden decidir en temas como drogas, armas, pena de muerte … y tantos otros. Da vergüenza decir que las CCAA no tienen potestad de decidir el horario de apertura y cierre de los establecimientos hosteleros o comerciales. La comparativa no resiste. Y es que lo importante no es el hecho reconocido en los papeles, sino al respeto y lealtad institucional entre los diferentes niveles de gobierno. Y es que el Presidente de los Estados Unidos sabe bien hasta donde puede llegar. Y los estados igual. Y es por ello que en el momento de máxima tension del inicio de la serie, el Presidente, como mucho, puede detener al Gobernador, pero le sucede el Teniente de Gobernador, se soluciona … como? Políticamente. Como? Pues los 50 gobernadores se reúnen en Washington DC y someten al jefe de la Casa Blanca a un sobrevenido Hearing en el que debe aclarar todos los puntos de la nueva situación. No es menor. Y es que, incluso en los peores momentos, la clave es el diálogo, la negociación y el acuerdo. No demasiado después, se da la circunstancia de una pacífica sentada en medio de la Casa Blanca. Y es curioso, porque lo último que quieren es dar la imagen de gente detenida y llevada en furgones de la policía. Como se resuelve? Con toneladas de paciencia. Y apelando a un tratado internacional firmado por España con uno de los pueblos cuando Florida era provincia española, a fines del siglo XVIII, y que EEUU debía honrar, aún pasados más de dos siglos. Es importante el matiz. Diálogo hasta el amanecer. Y al final, acuerdo, siempre que las partes lo crean posible y alcanzable.

Si, está claro que Pedro J. y Alberto Rivera parten de apriorismos ideológicos. Tantos como el de un Alvaro Lapuerta, diputado en la transición por La Rioja, y director del medio hoy en Vocento, negando cualquier posibilidad de acercamiento de la comunidad con capital en la ciudad natal del señor Ramírez a País Vasco o Navarra, cosa que se dió con profusión en la Segunda República. Naturalmente, hay que ocultar, prevenir, cauterizar. Con fuego valirio, por supuesto. Porque los españoles, a diferencia de los americanos, no son mayores de edad ni hechos para la democracia. Por eso han de ser conducidos a la libertad por líderes mesiánicos como Pedro J que lleva muchos años queriendo ser el líder en la sombra, el factotum de la democracia española. Veamos, ha escrito que si en 2000 Bono hubiera ganado a Zapatero el congreso del PSOE, que perdió por 9 votos, entre ellos, fundamentales, los del PSC de Maragall, no estaríamos donde estamos, y tal vez Ciudadanos no hubiera nacido. Ya … Veamos el libro de memorias de Pepe Bono. Jueves, 5 de agosto de 2004. Diario de un Ministro. “En relación con el País Vasco me dijo que conseguiría por sus métodos lo que Aznar no consiguió con los suyos, y que era probable que el PSOE tuviera un excelente resultado que le permitiría, junto con el PP, echar al PNV del gobierno.” Pedro J lo sabe bien, porque fue en su casa la conversación con Bono, tal y como lo cuenta en su libro. Sólo que para hacerlo posible había un pequeño detalle. La mayoría social jamás ha ido de la mano de PSE y PP. Ingeniería electoral “nivel canarias” era necesaria. Sacar del concurso de una fuerza electoral de la contienda. Y no lo hicieron en 2005 porque hubiera dado 38 escaños a Ibarretxe. Pero si en 2009, porque se la quitaba. Cálculos electorales. Alta política, dirán algunos. Juegos de salón, como los que a veces parece se hace en las series. Pero hay que diferenciar las, necesarias, elípsis en el guión, con la vida real donde todo cuenta y nada debe omitirse, y menos al pueblo.

Ciertamente el sistema español es parlamentario. Y es difícil en un sólo acto volar al gobierno, pues el presidente del gobierno, a diferencia de alguna nacionalidad, como Euzkadi o Catalunya, debe ser miembro del parlamento. En España puede ser un independiente que no sea miembro. Como el General Armada, por ejemplo. Es por ello que, con independencia de ser diputado o no, puede haber una fácil continuidad en el gobierno. Y si todo falla, siempre está el señor de Zarzuela, ese gran demócrata que el 3 de octubre de 2017, cerca del inicio de la emisión de la segunda temporada, que espero sea objeto de deseo para Pedro J y Alberto, y no sólo los cuatro primeros episodios, en vez de ponerse de lado de la mayoría de catalanes que pedían resolver el asunto con diálogo y acuerdo político, se enfundó la camiseta de España y lanzó el mensaje de a por ellos, como si los dos millones de votantes independentistas no fueran españoles dignos de mención y consideración. Anoten esto. El Presidente Kirkman jamás hubiera actuado así. Y es que en vez de ser árbitro y moderador, se puso de parte. En una respuesta inaceptable para un jefe de estado, que debe respeto a sus conciudadanos, piensen como piensen, con independencia de lo que hagan sus autoridades electas. Y es que el Presidente Kirkman no disolvió la autoridad del Estado de Michigan, ni sus instituciones. Por respeto institucional, lealtad federal. Ni tu sobre mi, ni yo sobre ti, no impedir no imponer.

John Adams, segundo Presidente de los Estados Unidos, amigo del embajador Gardoqui, natural de Bilbao, y con una merecida calle en la capital bizkaina, le introdujo en la realidad foral del pueblo vasco, que encontró un lugar de honor en las influencias de su libro sobre la Constitución americana. Una influencia, la foral, hoy aún palpable en la arquitectura institucional americana, y en un mural del capitolio, que, no sabría decir si fue volado o no en el piloto de la serie, y sería tan accesorio como saber si Puigdemont reside en el antiguo Berlín Occidental u en el Oriental. Lo sustancial es que con el paso del tiempo, con una cadena que no se rompió jamás, por el tesón de generaciones de vascos, liberales, carlistas, conservadores, jeltzales, socialistas, republicanos … pusieron por delante la democracia y la arquitectura del país a sus partidos. Como pide y hacer el Presidente Kirkman. Y se ve reflejado en la disposición adicional primera, derogatoria segunda y transitoria cuarta de la vigente Constitución, que debiera dar vergüenza que aquellos que la lanzan como ladrillo a la cabeza de los catalanes cual ley de Dios, bajada del mismísimo monte Sinaí, luego la lanzan a barro con insultos porque no les gusta. Y este es el punto al que luego volveremos. La cuestión es sencilla. Respeto a la ley, aunque no guste. Y cumplirla en plazo y forma. No puede ser que dependiendo de quien incumpla la ley se de uno u otro trato. Esa desigualdad ante la ley es la que rompe el estado de derecho, y hace mucho que se rompió. No hace falta decir quien. Es más que obvio.

En España no puede haber sucesor designado más que a la jefatura del estado, como se vió en la sucesión en 2014 entre Juan Carlos y Felipe. El espermatozoide más rápido. Permitánme eso si, que niegue tal realidad. Y no, no es por esos hijos denominados bastardos que pudiera haber o no, de mayor edad, y que quitarían a Felipe la corona de ser el hijo de mayor edad. Resulta curioso que un estado que fue, al menos, tres veces, a la guerra en el siglo XIX, como excusa por bandera, la defensa del derecho de una mujer, la futura Isabel II (no lilibeth, la que se acostaba con Serrano, ejecutor de Prim, la del pollo con arroz a todas horas, y que acabó en el exilio como todos los borbones en España, que nunca terminan bien un mandato) en la llamada transición pusiera la prevalencia del varón sobre la mujer en la constitución. Esa es España. Esa es su historia. Para vergüenza y oprobio de la memoria de Carlos Maria Isidro y de Carlos Hugo de Borbón y Parma, que hubo de ser expulsado en 1968 de España para que, sin oposición, Juan Carlos fuera designado heredero de Franco a título de rey un año más tarde. Urbano tiene libros interesantes sobre el asunto. El Precio del Trono o La Gran Desmemoria. Léanlos. Es una lectura recomendable. Y Rivera debiera entender que el pueblo es soberano. En cada estado, en cada país, en su justa medida. Y el, con declaraciones incenciarias como las hechas nos está llamando Palurdos. No, los derechos históricos no son una invención, existen. Y están en la Constitución. En su Constitución, esa que no puede ser cumplida por plazos o las partes que a uno le gustan. O toda o ninguna. Y merece el respeto que no se lo dan, ni PP, ni PSOE ni C’s. Como pueden pedir algo a los demás si no predican con el ejemplo?

Si España tiene algún futuro será comprendiendo los errores de su pasado para no cometerlos en el futuro. Será entendiendo los casos del Sahara, de República Dominicana, de Puerto Rico, de Guinea Ecuatorial, de Cuba y Filipinas … será entendiendo que no hay futuro sin acuerdo y que el estado no se puede imponer por la coacción, pues una casa dividida no se sostiene, y se mantiene dividida siempre y cuando al de dentro que discrepa se le trata como el enemigo y no alguien a quien convencer. Cediendo. Llegando a acuerdos, entre diferentes. Reconociendo lo sustancial como algo propio. Si, no es legal que Texas, California, Alaska … sean estados independientes, bajo la Constitución americana. Pero no por haber independentistas en esos estados se los pone en cuestión o se pide que se los destruya en sus ámbitos de competencia. Y ese matiz es importante para entender que el sistema de las autonomías falló porque fue un plagio de mal alumno. Como muchos aspectos de la Constitución española son copia de las alemana, francesa o italiana de después de la segunda guerra mundial, sin el contexto de derrota al fascismo, que triunfó y sobrevivió en España hasta finales de los años 70, y cuya transición a la democracia, aún no es completa, sobre todo en asuntos relacionadas con la memoria histórica. Si el genocidio armenio de 1915-16 es aún presente en el pueblo armenio, que decir del franquismo? Historia y memoria viva de una España que no debe mirar afuera lo que debe responder y resolver dentro de sí. Es bonita la comparativa. Y la serie es entretenida. Pero, sin caer en el ombliguismo, los problemas y las soluciones, las tiene dentro de sí. Pedro J, Alberto Rivera y lo que venga por delante, aparte de ser lo que quieran los españoles, debe ser resuelto, como decía Moshé Dayan, con el “enemigo”. Y eso debiera dar un diálogo productivo, por ejemplo, con la mayoría social de Euzkadi, personificada en el Lehendakari Urkullu, y la mayoría social catalana, hasta ahora personificada en el President Puigdemont. Ese es el reto, el desafío. Queda pendiente. Con independencia del Presidente del Gobierno que elija un próximo Congreso, que pudiera ser tanto el número uno por Madrid como el cuarto por Cádiz. No, en España no hay Destino Manifiesto. Y, por ende, tampoco hay un Sucesor Designado.

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