Aforamientos, capricho de reforma del Estatuto de Cantabria

Aforamientos, o como quitar derechos a los ciudadanos sin que estos se enteren y prorrumpan, además, en una salva de aplausos. Como dijo la Princesa Amidala en la cámara del Senado imperial, así se acaba con la democracia. Con la aquiescencia del público. Y no es la primera vez que ocurre (pienso en una aciaga noche en la Asamblea Nacional de Francia a finales del siglo XVIII, como se relata en “La Alternativa Garat”, en la que la revolución mostró su ambivalente cara) y seguramente no será la última. Pero conviene no dejarla pasar y reconocer con pruebas porqué reformar el estatuto de una comunidad autónoma para retirarle el aforamiento al Presidente, Consejeros y miembros del Parlamento de Cantabria es algo absolutamente, no ya evanescente, sino contraproducente. Y que en un futuro será objeto, tal vez, de perversos efectos, como en el siglo XIX.

Ciudadano de Cantabria. Sujeto activo y pasivo de elección a todos los niveles, en principio. Con derechos y deberes, obligaciones, como político que es. Otra cosa es que de el salto a la representación institucional. Pero, político, es. No es, en principio, un idiota, en términos etimológicos de la antigua Grecia, que era aquél que dejaba los asuntos de la Polis (la ciudad, ahora aldea global, tal vez … que aldeanos somos!) a los “profesionales”. Y quiere que su voto no sólo sea posible ser emitido, sino que sea contado, y que se tenga en cuenta para las decisiones. Y no sólo en el mandato imperativo (que debiera existir, tanto para conectar al electo con el elector, sino para obligar, cual contrato electoral, al electo con su programa con el que se presentó) sino en la defensa de su electo para que pueda llevar a cabo la tarea que se le encomendó. Quitarle derechos al electo, es quitárselos al elector.

Sorprendentemente se ha difundido la falsa creencia de que aforamiento es inmunidad o impunidad. Y no puede ser más falso. Resulta sorprendente que un país en el que los expedientes abundan en los lavabos y sótanos de los juzgados, que no hay medios, ni humanos ni materiales, que apenas hay sitios físicos para juzgar (y cuando se hacen ciudades de la justicia, como en Madrid o Valencia, son motivo para algo más que meter la mano en el cazo … presuntamente) se quiera sobrecargar aún más el circuíto común con delitos y faltas de “los políticos”, esa banda de presuntos criminales, que deban ser juzgados como los demás, en los tribunales ordinarios. Se supone que la presunción de inocencia es el principio activo de la constitución, lo mismo que la idea de reinserción y cercanía al hogar de residencia (artículo 25 de la CE). Pero, bueno, presumir además de que necesiten ser juzgados … mala elección pues si se eligen gente que se la presume criminal. El registro del ministerio del interior está abierto a registrar nuevos partidos, si no existe el que te gusta. Cada cual con su responsabilidad …

Quizás sea ese el problema, el percibir la política como algo lejano, complejo y … bueno, que no se puede cambiar. Claro, el problema real se llama captura de estado. Cuando una empresa multinacional que quiera hacer un cambio legislativo, tenga “más fácil” realizar sobornos que articular un lobby para presionar al parlamento a su favor, o persuadir de las bondades de sus propuestas con argumentos, es que las instituciones del estado, y las económicas y sociales, han sido captadas por una minoría. Y ese sería un problema muy grande. Ese es el problema a evitar, el clave. Y para ello, la respuesta no debe ser menos política, sino más política. Transparente, honesta. Subsidiariedad. Lo que en Euzkadi se llama foralidad, apegada y adaptada a los tiempos. Y responsabilidad, sin una falsa red de seguridad, que se llama Concierto. Y es que el estado español ha quebrado 23 veces en los últimos 500 años. Apelar a papá estado ante cualquier circunstancia no es una buena idea. Y de ahí debiera surgir la conciencia de construir de abajo hacia arriba. Como la tradición de la Casa de Juntas de Puente San Miguel, por ejemplo.

Motivos hay para reformar el estatuto de Cantabria. Vive Vishnu y Freya que si. Y es que mientras la Constitución Española se ha reformado 2 veces y por imposición externa, las europeas se han reformado en el mismo período de tiempo entre 15 y 40 veces. Y sin despeinarse. Ah, que no hablábamos de eso, pero bueno, es ilustrativo, verdad? Lo mismo que la ausencia de una reforma de la ley franquista de secretos oficiales (propuesta de modificación del grupo vasco) o una ley de transparencia que llegó muy tarde (la última de Europa) y se queda muy corta … como por ejemplo, en asuntos fundamentales, como Jefatura del Estado, Defensa o Asuntos Exteriores. La última reforma del estatuto de Cantabria data de 1998-99. Van para 20 años. En medio se dió la reforma del Estatut de Cat … bueno, mejor digamos el de Andalucía, que tiene artículos plagiados palabra por palabra del catalán, impugnados en este, con el firmazo contra Catalunta del PP, y apoyados por este en el andalúz. Bueno, ha habido una serie de reformas con estatutos de nueva generación, y seguro que hay elementos importantes que incorporar, pero …

Cantabria, desde 2016 cuenta con el Lábaro y su bandera como símbolo del pueblo de Cantabria. La blanquiroja, la polaca, era la matrícula portuaria de la provincia marítima de Santander (como la gallega, antes de perder un aspa de la cruz de San Andrés por presiones rusas a finales del siglo XIX, lo era de la provincia marítima de A Coruña, o la de Bizkaia ahora es la bandera de Bilbao). De difícil arraigo popular, el Lábaro, de honda raíz centenaria, podría haber reconocido su realidad con su incorporación en el estatuto. Como hay voces que piden incorporar el astur en el estatuto del principado. Consejeros socialistas. Con mucha diferencia, el PRC debiera estar mucho más adelantado en propuestas de este tipo, de defensa y proyección al futuro de las señas de identidad del pueblo cántabro, tanto en lo institucional como en lo cultural … pero, claro, antes habría que preguntarse … existe el cántabru? Si atenemos a que se hizo un diccionario por parte del gobierno al comienzo del actual siglo … y dejarlo desatendido sería una descortesía y una desconsideración a las pasadas generaciones. O el mismo himno. Es un bonito poema tradicional, pero tal vez impropio de la sencillez, emotividad y profundidad en la brevedad de un minuto o minuto y medio de los himnos modernos. El Presidente Revilla lo quería cambiar por “Viento del Norte”. Y eso, damas y caballeros, supone cambiar el Estatuto.

Existe otro concepto a considerar, y que mucha gente ahora se lleva las manos a la cabeza con el acuerdo del cupo (o de la aportación, que vendrá de seguido), es decir, del marco confederal que supone el Concierto y el Convenio (ligado el uno con el otro no sólo del siglo XIX, sino como deriva de la tradición Foral, heredera del derecho pirenáico, uno de los foros más potentes de derechos y libertades del mundo) ligado con el asunto del modelo de financiación de las CCAA de régimen común. Muchas cosas se dicen, y casi todas falsas, porque son dos circuítos complétamente estancos. Detraer recursos de las instituciones vascas, es decir, haciendo que paguen más dinero, no supone beneficio alguno para las CCAA, sino al estado, en el pago de la deuda, que es para lo que lo usaría, y es fácil mirar que sería como tapar el sol con un dedo. El problema de las CCAA de régimen común lo tienen con su modelo autonómico, de estructuración de relaciones con el estado, y con un concepto, con adaptación, claro, que es el de mandato no financiado.

Resulta curioso recordar que el artículo 150.2 fue pensado en la constitución para vascos y catalanes, y que poco después se usó para equiparar a valencianos y canarios con quienes tenían una honda preocupación por su autogobierno. Igualmente resulta curioso que los mecanismos de control que incorpora nunca hayan sido puestos en marcha. Casi tanto como la aconstitucional situación producida por el 28 de febrero de 1980 en Jaén y Almería, con una patada que hace que una ley orgánica (la de referéndum) enmiende, a posteriori, lo que dijeron las urnas, y enmiende una presunta ley superior, como es la constitución. O la aplicación del artículo que el constituyente rechazó a la AP de Fraga como propuesta de 155, que no es el que está escrito en la CE. Pero, bueno, está claro que para algunos la CE es más rígida al cambio que las tablas de la ley de Moises (esas que bajó del monte Orev, y como estaba el pueblo perdido, las rompió, y fue a buscar otras … cuando le convencieron que era una neura pasajera eso de adorar a otros dioses … Si, al comienzo de la Biblia se habla de dioses, Elohim, en plural). Eso sí, el TC puede hacer interpretaciones restrictivas. Y las hace. Sobre todo últimamente. Aunque también dice otras cosas sobre Catalunya, que son desoidas desde Madrid, desde el estado, desde el consejo de ministros … Para hacer una reforma in paius (que recuerdo a cierto ministro de magia británico … títere de Lord Voldemort, que en este caso, une ambos conceptos en el mal), mejor dejarla para más adelante.

Resulta pues contraproducente eliminar los aforamientos, primero, porque son derechos del ciudadano con sus representados. Segundo porque no es inmunidad e impunidad, porque, si van a tener que ser juzgados, lo harán. O así debiera ser, sobre el papel. Y no hace falta cambiar el papel, sino los medios. Si una vena está esclerotizada, no cambias la vena, procuras desatascarla. Y el verdadero debate debiera ser como mejorar la justicia, que fue una transferencia de mercancía averiada, que obligó Zapatero en su mandato, y que, por ejemplo, Murcia, al menos, intentó negarse a ella. Ahora bien, anoten esto, en la Constitución no estaba previsto que todo el estado fueran CCAA, ni que tuvieran Tribunal Superior de Justicia (previsto sólo para las nacionalidades, artículo 2 de la CE), ni que tuvieran asamblea legislativa, o consejo de gobierno, más allá de un Presidente … los que fueran CCAA. Muy en precario, que se completó, como? Acuerdos políticos del bipartidismo de turno, en 1981 entre UCD y PSOE, en 1993 entre PSOE y PP, pactos autonómicos revisando la CE a su gusto y forma. Y el acuerdo de 2001-2002 de Aznar de imponer la transferencia de Sanidad y Educación a las CCAA quisieran o no. Y la invención del llamado céntimo sanitario para, presuntamente pagar la Sanidad Pública … con lo que ha pasado después. Y es que, como se decía en 1976, sin Concierto, no hay Autonomía. Tan es así, que ese año Revilla funda ADIC y pide un Concierto provincial para Cantabria, antes de fundar el PRC en 1978. Según un tal Jesús Lainz de la mano de EAJ-PNV.

Financiación, esa es la clave. Debieran existir únicamente las CCAA que sean capaces de sostenerse por sus propios medios? Pues la responsabilidad fiscal es un dato importante, relevante, del federalismo. Ser objetos y sujetos de captación de ingresos, y no sólo de gasto. Y es que en los años de crisis, entre 2007 y 2017, el gasto del estado ha subido de un tercio a casi un 50%, y el de las CCAA ha bajado en ese monto. El camino inverso. A veces parece como si las CCAA no fueran consideradas Estado, y fueran un ente enemigo. No a las reformas, no a los instrumentos de participación (consultas o referéndums, tan usuales en otros lares) y no a la descentralización política. Y, mucho menos, a soltar prenda en una financiación de régimen común, centralista, jacobina, y muy oscurantista, y, como diría Cifuentes, Satánica. Y eso se puede arreglar no sólo desde la Constitución, o desde la Conferencia de Presidentes, o desde el grupo de expertos, sino, también, desde el Estatuto. Con fórmulas imaginativas. Si se abre el melón, que sea para cosas importantes, y, no, mucho menos, para quitarle derechos a la ciudadanía, como es con la supresión de aforamientos, que, a fin y al cabo, no va a ningún sitio, más que a hacer populismo a quien quiere hacer cambios lampedusianos, del tipo de que todo cambie para que nada cambie realmente. O, si lo hace, sea a peor. In paius.

Democracia, más y mejor democracia. Y bien financiada. Sin olvidarnos del dinerito que viene de Europa, sin olvidarnos de las injusticias de los préstamos del Estado (con dinero sacado de los impuestos de la gente gobernada por aquellos a los que se le da, con un interés bajo …) que suponen en el período de crisis más de 240.000 millones de euros (de los que País Vasco y Navarra han tenido acceso a CERO euros, y no es supuesto de agravio, porque son dos sistemas distitintos, el foral y el común) y es una losa demasiado pesada. Hablar sin problema del modelo de régimen común, sin la necesidad de hablar del otro, porque es un desvío para no hablar de las verdaderas bases de la financiación de las CCAA y su responsabilidad fiscal, no sólo en el gasto sino en el ingreso. Daniel Lacalle ya lo escribió en “El cupo vasco no es el problema, es la solución”. Búsqueno y leanlo. Y todo esto, y muchas cosas más, son las que no se han profundizado en la oportunidad perdida en una región con graves problemas (también de infraestructuras) que están en el ADN y en los escritos del que vertebra dicha Comunidad, y que debiera poder llevar su voz, también, a Congreso y Senado, como es el PRC. No dudemos que Pedro Hernando es un hábil portavoz y un gran dialéctico, y que irá a defender la reformilla del Estatuto sobre los aforamientos. Pero no es ni justo ni necesario. Debería ir, pero para otras cosas. Defender una reforma consistente que actualizara el marco jurídico político de Cantabria, que ya es hora. O para acompañar a los senadores y diputados del PRC. Nafarroa Bai y Geroa Bai demostraron que, poder, se puede, con igual número de escaños en liza. Sólo faltan ganas de hacer lo correcto y no aquello que, erróneamente, se pueda llevar el aplauso fácil de un público al que se le ha conducido a la antipolítica de manera hartera. Esperemos lo mejor. Luchemos por lo mejor. Por el futuro que Cantabria merece. Arronti Cantabria.

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