Estados Unidos: lecciones de la victoria de Hillary Clinton

hillary-clinton-mark-wilsongetty-images-north-americaSegún los libros de historia el vencedor será Donald Trump, al menos, de la elección presidencial y, presumiblemente, investido Presidente de los Estados Unidos de América el 20 de enero de 2017, en principio para un mandato de cuatro años. A pesar de ello, su mandato viene más debilitado en lo institucional por las características particulares que concurren en su persona y su candidatura y la del partido por el que concurre a las elecciones presidenciales. Y es que, a pesar de ser consecuencia de una serie de tradiciones, a veces las tradiciones se han cambiado para hacer unas nuevas. Hillary Clinton ganó las elecciones, en verdad, pero Donald Trump será el presidente. En ello hay una serie de lecciones que merece la pena atender.

Dicen que George Washington fue el primer presidente, cuando no es cierto. Hubo otros provisionales previamente. La declaración de independencia fue votada el 2 de julio y se dijo que esa sería la fecha nacional de Estados Unidos, y es de todos conocido que lo es, hoy, el 4 de julio. Franklin Delano Roosevelt fue investido Presidente el 4 de marzo de 1933, pues esa era la tradición, por la lentitud de las comunicaciones y la dificultad de llegar a la capital tras todo el proceso de recuento y escrutinio, además de la propia celebración del colegio electoral que elige al Presidente. Al igual que era tradición elegir Presidente al más votado y Vicepresidente al segundo. Así a la muerte por asesinato de Abraham Lincoln, republicano, le sudeció Andrew Jackson, demócrata. Algunas tradiciones se modificaron, otras no.

Una tradición dice que cuando le ofrecieron un tercer mandato a Washington lo rechazó, y sólo estuvo dos. Seguramente lo hizo por evitar de otra manera el convertirse en lo que le habían ofertado de manera explícita en otra ocasión: convertirse en Rey de los Estados Unidos. Hasta la enmienda 25 de 1947, de la mano de Harrry Thrumann era una convención y no una ley, por la que pudo presentarse 4 veces FDR en un mandato entre 1932 y 1945. Un Presidente lo puede ser por dos mandatos completos y parte de otro mientras no supere la mitad del mandato. Obama pudiera haber sido candidato, aunque sólo para dos años, estirando la interpretación de la ley. Aunque se considera ese movimiento poco útil. Consideran mejor empezar y terminar el mandato con la misma persona, salvo imprevistos. O causas sobrevenidas.

Es curioso pensar que Obama hubiera podido resultar re elegido con facilidad de haberse podido presentar, pues termina su mandato con una popularidad importante. Asímismo lo termino en idénticas circunstancias un tal Bill Clinton, que tampoco podía presentarse. Hillary Clinton, que fue su secretaria de estado en su primer mandato, ha ganado las elecciones por unos 2.00.000 (dos millones) de votos sobre los votos de Trump, que no ha alcanzado a superar los votos que obtuvo Mitt Romney en 2012. Es el voto demócrata en los estados clave el que se ha hundido. Frente a un significante vacío, hagamos américa grande de nuevo, en el que el votante medio introduce lo que el considera, y así satisface a intereses contrapuestos entre sí, pero que cristalizan en una plataforma política presidencial, por muy heterogénea que esta sea. Y lo es.

Cuando al líder de la llamada democracia con más solera de la actualidad, de las existentes hoy, no es elegido por el voto de la mayoría … a veces se dice el principio, una persona, un voto. Y es cierto, una persona tiene un voto. Salvo en el Reino Unido, que hasta 1970 en algunos casos algunas personas tenían dos, tres o hasta cuatro votos. Pero es otra historia, sigamos con las colonias del otro lado del charco. La historia está en que no todos los votos valen igual. Y como el ganador se lo lleva todo, ganar el voto popular, que debiera ser lo importante, no importa un carajo. Normalmente coincide, pero otra vez ya pasó que quien ganó no fue Presidente: Al Gore, en el año 2000.

Seguramente lo más lógico, si no se quiere una circunscripción electoral única (que nadie tiene) es dividir los electores representantes en el colegio electoral según los votos obtenidos, en cada estado. Algunos estados, en el pasado, han usado este método. Sería más realista y acercaría el hecho expresado en las urnas. Así por ejemplo, un votante republicano tendría incentivo real de votar por su candidato en Nueva York o California y un votante demócrata lo tendría en Texas y Florida, por ejemplo. Su voto sería importante, y decisivo, eliminando en buena medida el asunto de los estados flotantes, dando cobertura a los problemas de todos, y cada uno y no tanto en media docena de estados, dando los demás por seguros o por perdidos. Un paso recomendable para que el presidente electo y el programa elegido fueran de la mano. Según Xabier Ormaetxea los estadounidenses han elegido a Trump como Presidente, de manera legítima, pero han elegido el programa de Hillary. Tremenda contradicción.

Ahora vayamos al congreso y al senado. En el Congreso el líder el Paul Ryan. Católico. Enfrentado a Trump en la campaña. Y en el senado hay 51 republicanos y 49 demócratas. Necesitará a ambas cámaras. Seguro. Y como allí no hay disciplina de partido, sino un sui generis mandato imperativo, no sólo necesitará el apoyo de su partido, el republicano, sino negociar con todos los congresistas y senadores la política a llevar a cabo. A fin de cuentas la presidencia de los Estados Unidos es como una gran vía de autopista con dos grandes carriles, uno derecho para los republicanos y uno izquierdo para los demócratas. A veces se pisa algo el carril del otro, eso está permitido. Lo que el sistema no tolera es que alguien pretenda ir al bordillo o a la acera; ante eso el sistema reacciona. Y es que una de las tradiciones que parece haber es la de intentar liquidar al Presidente. Alguna que otra vez, con éxito.

No será sencillo el mandato de Trump. Depende de su partido, aunque no sea uno al estilo europeo. Necesita de ambas cámaras. Y necesitará del Tribunal Supremo, al que le falta un miembro, a ser elegido en el Senado, con la citada composición. Allí las instituciones son fuertes, e independientes. Es un sistema en el que el control mutuo funciona. Seguramente quienes comparen a Trump con Reagan simplemente no tengan ni idea ni de quien es Trump ni de quien era Reagan. Es difícil comparar. Tras las elecciones se ha retractado de muchas promesas. Obamacare seguirá prácticamente sin cambios, no habrá persecución judicial para Hillary Clinton, que es una bella persona, y del muro ya ni se escucha, y en vez de echar a los 46 millones de hispanos, o los 11 millones de ilegales, se habla de 3 millones con antecedentes. La misma cifra que, dicen, ha repatriado Obama en su mandato. Del dicho al hecho hay mucho trecho. Y el equilibrio de poder cumplirá su papel.

Seguramente si se piensa en cargos del gabinete de los Estados Unidos, más allá del Secretario de Defensa, de Estado, puede que el Secretario de Comercio y el de Finanzas, además del Presidente y Vicepresidente, no llega uno a recordar a nadie más. Y es porque a nivel internacional no juegan papeles relevantes. Y porque los estados lo son de verdad. Son una federación donde los estados tienen mucho papel. Y junto a las elecciones presidenciales, y otras, se celebran consultas en las que los estados deciden sobre muchas materias, como matrimonio igualitario, marihuana y otras drogas, pena de muerte … es conocido que asumen una Guardia Nacional, lo que no lo es es que California y otros tienen un sistema tributario propio, en este caso, totalmente diferente al resto del país. Y les funciona el sistema; es otro elemento en el equilibrio de poderes interno.

Hillary ha vencido, pero no será gobierno. Adlai Stevenson fue candidato contra Ike dos veces y perdió, y la historia de un derrotado presentándose de nuevo pasó a la Historia. Dicen que el futuro puede pasar por Michelle Obama. Hay otros. Ese es el reto del Partido Demócrata, reconstruirse. Dicen también ahora acordarse de Sanders. Hubiera perdido. En el voto popular. Hay que tener las cosas claras y ser racional. Al contrario de mucho votante emocional que lo hizo por Trump, entre otras razones, por noticias con flagrantes mentiras. El periodismo ha de reinventarse y reencontrarse con la verdad. Con la transparencia y la honestidad, también en redes sociales. Trump será Presidente y no hay que tener miedo. Habrán, los votantes demócratas, de estar vigilantes y movilizados. Para la elección de medio término y reconquistar congreso y senado, y para elevar un impeachment si surge la ocasión. Y para demostras que una democracia está en marcha cuando la gente es capaz de movilizarse para defender derechos largamente peleados para ser conquistados.

Si, los libros de Historia dirán que Trump dió una paliza a Hillary en la, por ahora, más próxima oportunidad de una mujer de ser Presidenta. Y sería un simplismo y una simplificación que, como se ha expuesto, merece ser detallada, definida, en ángulo de proximidad, con grano fino, para poder ver el cuadro en su integridad. Ahora el futuro. Es complicado que haya estados que se declaren independientes, tal y como amagaron algunos tradicionales (sic) feudos republicanos con el mandato de Obama. Sin duda seguirán unidos los Estados Unidos. Aún así, hay retos muy importantes que afrontar, y se necesitan abordarlos en serio, El tiempo de las elecciones ha pasado y empieza la hora de hacer, hacer de verdad. Llega la hora de la verdad y a partir de ahora se podrá empezar a juzgar la administración Trump en base a hechos, no a palabras. Y si intenta salirse de madre, tranquilidad, que a la mayor brevedad, habría nuevo presidente. Sobre todo si no cumple con algunos de sus bien amados votantes (tipo ANR o el KKK). Sólo resta decir … Dios bendiga América. Y, también, a los Estados Unidos.

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