Español es quien no pudo ser otra cosa

hqdefaultEspaña, que es España? Y quien es español y quien no? Muchas veces se ha centrado el tiro en el último siglo y medio en vascos y catalanes, y en menor medida en valencianos, gallegos, aldaluces o canarios. Y salvo en cierto libro de principios de los años 40 del siglo XX, en plena Segunda Guerra Mundial, y que parecía más la carta a los reyes magos (Hitler, Himmler y Bormann) suele olvidarse de la Cerdanya, con capital en Perpignan, que es tan catalana como el Llobregat, o la merindad de ultrapuertos en el caso de Navarra, es decir, Ipar Euzkadi, en el caso vasco. España en régimen mediopensionista. Aunque dejando de lado los casos vasco y catalán para mejor ocasión, hay elementos de juicio que merecen la consideración de empezar a responder a la pregunta por algún sitio.

Alguno considera que el tratado referente a Cuba es ilegal de pleno derecho, por haber hecho descansar la soberanía de la isla en una especie de estatuto de autonomía que llegó, sin duda, muy tarde, demasiado tarde, cuando los cubanos ya no estaban en esa pelea, sino en otra: la independencia. Seguro que es muy edificante, y un asunto en el que han llegado a surgir algún movimiento, de fuerza desconocida, sobre una propuesta de comunidad autónoma para Puerto Rico y Cuba. Aunque es un poco como el respeto al derecho a decidir en el Reino Unido. Malvinas frente a Argentina lo tiene. Hong Kong frente a China no lo tuvo. Razón evidente. De estado y geoestratégicas. Y de capacidad de maniobra del rival político, económico y militar. Anoten el Sahara Occidental como una realidad bien española que sangra profusamente por la herida. Porque, si, el Sahara es español.

Si mañana mismo se produjera un perejil, esto es, una operación ejecutada por las Fuerzas Armadas españolas, para la liberación del territorio saharaui de las fuerzas de ocupación marroquíes, sería plenamente legal, legítimo y amparado por la normativa e instituciones internacionales. Y es que los que si son nulos de pleno derecho son los acuerdos tripartitos de Madrid de 1976 entre España, Marruecos y Mauritania. En principio debiera recordarse que el Sahara no se le dió a España graciosamente, sino en razón a un hecho histórico. Y es que los canarios tenían una relación especial con la costa de enfrente de sus islas y con la gente de allí y tradicionalmente instalaron pesquerías y facotorías en la costa continental africana. Porque, si, Canarias es una nación africana, conquistada por los reyes católicos a caballo entre el siglo XV y el XVI con una historia olvidada, que hay que recuperar. Esa es la razón por la que se concedió ese terreno a España en el congreso de Berlín de 1884-85. Al único que le molestaría sería, obivamente, al actual sultán de Marruecos, el rey Mohammed VI.

Ante la ONU y el mundo la potencia ocupante de facto sigue siendo España. No conviene olvidar que más allá de los interes geoestratégicos (en la guerra fría se consideraba una independencia saharaui un acceso de argelia, y en consecuencia soviética, al océano atlántico) o económica (a finales de los años 60 y primeros 70 se descubrieron minerales, fosfatos, de alto valor en la provincia española del Sahara) se encuentra que el régimen marroquí era altamente inestable, socialmente y con el ejército, con numerosos intentos de golpe de estado y magnicidio contra el jefe de estado. A semejanza de Margaret Tatcher unos años después, el asunto del Sahara fue un aglutinante cara al pueblo y al Stablishment del estado marroquí, que puso freno, en parte a la deriva desestabilizadora que llevaba. Marruecos, hoy, es potencia ocupante de facto. Son intereses geoestratégicos de Francia o Estados Unidos los que permiten que una situación provisoria se transforme poco a poco en permanente. Y los de España, claro.

A efectos prácticos el Sahara era una provincia tan española como Cuenca, Badajoz, Soria o Teruel. Con el clásico DNI color azul. A los saharauis se les dió en su momento un plazo para renovar en instancias administrativas españolas su situación de españoles. En una situación en guerra en la práctica entre el polisario y marruecos y con las zonas “españolas” más cercanas en Canarias y en Andalucía. Un imposible que en la práctica privó de su nacionalidad de manera arbitraria a un gran número de españoles. Y España esto ya lo había hecho antes, tras el descubrimiento de hidrocarburos, en la llamada Guinea española, la Guinea Ecuatorial, que fue expulsada de la “nación” española. Seguramente tenga algún interés leer los discursos de algunos carlistas en aquellas cortes franquistas, aunque sea atítulo de inventario. Cara a aquellos que hablan sobre estos asuntos para confrontar, son herederos de los que hicieron aquello en la Guinea o en el Sahara con españoles. A recordar, es obligado.

Ante esta realidad conviene recordar la micronesia española. Si, existe, son unos atolones de soberanía española. Un gris funcionario en los años 60 se lo recordó a Franco y sus ministros. Que de resultas de los tratados de París de venta (si, España se vende, siempre se ha vendido o perdido territorio, o se le han independizado partes… desde el artículo 10 de la constitución de cádiz, la pepa, de 1812… interesante revisar el listado aquél) no estaban incorporados en los intercambios con Alemania algunas zonas. De ahí que esas zonas sigan siendo, de iure, jurídicamente, España. Alguien dirá … bueno, y que se le ha perdido a España allá? Y eso que importa? Bueno, aquello es España, no? Aunque haya otras potencias ocupantes de facto, si los magníficos patriotas hiper españoles en Bilbao o Barcelona hablan de defender hasta el último centímetro de españa y hasta al último español, sin duda apostarán por ofrecer nueva tierra española en el pacífico para la instalación de resorts y complejos hoteleros y hosteleros para que los españoles puedan ir a aquellos lugares paradisíacos sin salir de su patria. Aunque sólo fuera por eso, tendría sentido …

A raíz del presunto mal denominado Brexit, y la mayoría abrumadora de apoyo en Gibraltar de permanencia en la UE, superior al 90%, algunos han reverdecido el sueño húmedo de un Gibraltar español. Es curioso muchas cosas del Tratado de Utrecht, que por ejemplo, además del asunto de los llanitos, ratifica que la corona de Navarra no es española, sino francesa. O tiene apartados referidos a Catalunya. Cosas de la memoria selectiva. O que el subsuelo, como, implicitamente, las aguas, son de soberanía española. Aunque España no sea capaz de defender sus intereses. Luego se extrañarán que algunos se quieran buscar las habichuelas como nación fuera del amparo del estado español. Veamos. Si Gibraltar fuera frontera exterior de la UE lo lógico sería ceñirse a la ley, en todas las materias, lo cual cortocircuitaría la realidad económica, social y política del peñón … ah, pero, es que los que en el fondo no quieren un Gibraltar español no están en la zona inglesa, son las buenas gentes del Campo de Gibraltar, que subsisten gracias a la existencia de la llamada “colonia”. Y es una realidad aunque duela en una zona en la que no hay inversiones ni revulsivos económicos, más allá del puerto de Algeciras, al que se le torpedea, en el fondo, al no desarrollar de manera natural el corredor mediterráneo de conexión con Europa, pegado a la costa, por Almería, Valencia y Barcelona. Sin duda hay alguna disposición para una hipotética ciudad autónoma de Gibraltar en España. La que en 1995 usaron Ceuta y Melilla …

A España, geoestratégicamente, tampoco le conviene demasiado que Gibraltar sea española, porque eso supondría la presencia de España en ambas orillas. Al norte, sin oposición, en el sur, junto a Marruecos. España tendría derecho de veto en el acceso al Mediterráneo por ese lado, desde el Atlántico, y eso los Estados Unidos y la comunidad internacional jamás lo permitirán, salvo … que se sacara a España del flanco sur. Comenzaría con fuerza una campaña para la entrega de Ceuta, Melilla y las plazas de soberanía a Marruecos. Aunque, como en el caso de Gibraltar y el campo, son los pueblos marroquíes de alrededor de Ceuta y Melilla los más contrarios a una integración de ambas plazas a España. Por motivos más que evidentes. Son la zona donde en el último CIS territorializado se declaraban en un porcentaje más alto “sólo español”. El menor, curiosamente, no fue ni País Vasco ni Catalunya, fue Navarra con un 1’5%. En Navarra, mucho navarro, muy navarro son. Y que nadie dude de esa realidad sobre la costa norte africana, al sur del estrecho. Los accesos a los océanos desde mares interiores para los nodos globales son una realidad tan tangible como la existente en el Mar de la China Meridional, donde el fallo de la corte de arbitraje de La Haya en favor de Filipinas ha sido pasada por … los colgantes reales de China. Simplemente porque se lo puede permitir. Y España no. Si en su caso, se produce ese fallo en su contra.

A veces se olvida también que Olivenza, plaza hoy en Extremadura, nunca ha sido España sino hasta la llamada guerra de las naranjas (un intento de invasión y conquista de Portugal, que fue exitósamente repelido a finales del siglo XVIII) porque el único botín de guerra fue un ramo de ese cítrico por parte del denominado “príncipe de la paz”, el ínclito Godoy, que sólo pudo incorporar Olivenza. Durante el siglo XX, cuando se configuró las fronteras comunes, al delimitarlas, se hizo, desde algo al norte de Olivenza hasta el mar, por Pontevedra, y en otra ocasión, desde algo al sur de Olivenza hasta el mar, por Huelva. En la constitución portuguesa, hoy, aún se recoge el hecho de la posible vuelta de Olivenza a aquél país, y de tanto en tanto, es un debate vivo. Aunque se ignore del lado español. Y es que se tiene interiorizado que aquello fue España desde siempre. Hasta hace no tanto, el portugués era lengua vehicular. Obviemos decir que es lo que ocurrió. Y que decir de las Islas Salvajes …

Cuba, Puerto Rico (y Filipinas?), Guinea Ecuatorial, Sahara Occidental, Micronesia española, Gibraltar, Ceuta, Melilla, Olivenza … y las Islas Salvajes. Si, son de Portugal, o eso se le supone. Están en disputa entre España y Portugal. Reminiscencias de la conquista, digo disputa, con aquél papa corrupto de la época en la que los Calvino y Lutero se empezaron a dar cuenta del pozo de corrupción en que se había transformado el Vaticano, y cuyos príncipes intercambiaban bulas falsas para cubrir cualquier evento, sea matrimonial (que entonces era asunto de alta política) o una conquista territorial … Y es que si hay hidrocarburos, en cualquier caso, y con base en la carta de Mondago Bay en Jamaica de los años 80, esos recursos, o son marroquíes, o son de canarias, más nunca españoles. Su explicación merece capítulo aparte, pero simplemente señalar de pasada que las directrices que son favorables de la navegación internacional en Canarias son desfavorables en el estrecho, y viceversa. Así está la partida. De complicada. De jodida. Otro de esos problemas territoriales por resolver …

Sin haber hecho mención de los más claros casos catalán o vasco, se ha querido hacer un breve repaso a los límites de la españolidad, allí donde se defienden, en el mejor de los casos, a medio gas, y que en un mundo siempre cambiante, deberían haber sido prioridad en algún momento, política, de gobierno, y no objeto de algun artículo en medios de comunicación el épocas de estío veraniego, en el que la “natural” ausencia de noticias pone en el foco en asuntos no tratados en otras épocas. Dicen que fue Cánovas del Castillo, aquél que murió asesinado por un anarquista italiano en 1897 en un balneario de Mondragón, en Euzkadi, cuando se estaba discutiendo en una de aquellas constituciones del siglo XIX la definición de lo que era ser español … acabó diciendo que, a fin de cuentas, español es quien no pudo ser otra cosa. Y en buena parte no le faltaba razón a alguien a quien no se le pueden poner peros a que fuera, efectivamente, un nacionalista español, tanto es así, que llevó el nombre de una de las fundaciones que acabó convergiendo en FAES. A fin de cuentas fue el propio Canovas quien dijo “Para acabar con la insurrección en Cuba sólo hacen falta tres balas, una para Martí, otra para Maceo y otra para Gómez.” Todo un ejemplo de español de bien.

Seguramente, mucho más allá de hasta donde llega España, y cuales son sus integrantes, es mucho más relevante el hecho de que estructura interna, que quiere ser España de mayor. Porque, seguramente, se puedan encontrar razones subyacentes equivalentes a las independencias del pasado, en sudamérica, como en el proyecto de independencia de Catalunya, y que tienen todo que ver con ese nacionalismo español, centralista, jacobino, que es fundamentalmente nuevo, creado en el siglo XIX, esa voluntad de laminar cualquier sistema jurídico político que sea distinto al único posible. Como diría Castelao, esos son los excluyentes, esos son los separatistas. Los que hacen que sus hijos se aparten del tronco, usando la metáfora familiar, que puede, tal vez, no sea realmente ajustada, pero es muy visual. Sin hacer diagnósticos, como dijo Ortega, no sabemos lo que nos pasa, y eso es lo que nos pasa. Y seguirá pasando. Castilla otrora dominadora, desprecia cuanto ignora, decía Machado. Y es hora, o de despertar, o de despedir a España y los españoles. Elijan ustedes.

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