Donald Trump traidor a los Estados Unidos de América

Trump-wanted3Donald Trump (a no confundir con la familia Von Tramp de Sonrisas y Lágrimas) es finalmente el candidato republicano a la Casa Blanca. Pobres republicanos. Han deshauciado su ideología, su identidad y sus propuestas para América en favor de cualquiera que pueda darles la oportunidad real de competir por la Presidencia de los Estados Unidos. Unos Estados Unidos blancos, armados y … del siglo XIX. Sin darse cuenta de que el país cambió, y las circunstancias de hoy no dan margen para un estado purgado de inmigrantes y etnias no caucásicas. O un retorno al aislacionismo. Es imposible. Pero aún más importante fue cuando Trump pidió ayuda a Putin para derrotar a su rival demócrata por convertirse en el primer mandatario de la primera potencia del mundo libre. Y eso le convierte en un traidor a ojos de cualquier americano sensato. Un traidor no sólo a los valores republicanos, sino a los que encarna la propia república y que merecería fuera imputado por delito de lesa patria.

Donald Trum curiosamente no es americano. Es hijo de la emigración.Sus orígenes no están lejos de los Von Tramp, pues es una familia de origen alemán y escocés. Es este Trump el que habla de la emigración. En los términos en los que lo hace. Desde hace muchos años se sabe que en España la migración mayor no venía por la valla de Melilla y Ceuta, sino por el hoy Aeropuerto Adolfo Suarez de Madrid-Barajas. Aún sin pruebas, es razonable pensar que la inmigración ilegal de los Estados Unidos no sólo se produce en la frontera con México, por más que, como en el caso español, el resto del continente se acerca a la frontera para intentar cruzar. La idea de poner un muro de costa a costa y que, encima, lo paguen los propios mexicanos. Un estado mexicano que ya fue objeto de latrocinio por los Estados Unidos a mediados del siglo XIX, en las figuras de California, Arizona, Nuevo México o Texas. Es curioso porque la fiebre el oro de California se produjo meses después del paso oficial desde ser parte de México a ser integrante a los Estados Unidos. Curiosamente la discusión sobre su ingreso o no en la línea Mason-Dixon, y su conversión a estado libre de esclavismo, contraviniendo los acuerdos previos, tuvieron todo que ver con el germen y origen de la guerra civil americana, que tiene todo que ver con el racismo del Ku Klux Klan y de la realidad armada apoyada en la segunda enmienda de la Asociación Nacional del Rifle. Ambos apoyos fundamentales de la campaña de Donald Trump a la presidencia.

Trump afirma que el acuerdo de libre comercio del NAFTA ha sido muy perjudicial para los Estados Unidos. Y que habría que renegociarlo. En México fue tan bueno que el mismo día de su entrada en vigor, en 1994 fue el momento de la insurrección zapatista. Afirma luego que la OTAN y sus socios deberían incrementar un 55% de sus gastos en defensa, si quieren que Estados Unidos mantenga su implicación en Europa. Es curioso, podría parecer que el único aliado que le quedaría a la presidencia de Trump en pocos meses sería Israel. Pero, porque pasa esto? En alguna medida, la culpa es nuestra, porque pensamos que los Estados Unidos son las cosmopolitas Nueva York, Boston, Chicago, San Francisco, Los Ángeles o Miami. Y no, Estados Unidos es mucho más, existe el medio Oeste, desde donde empieza nevada hasta donde termina ohio, un vasto espacio interior, con origenes ingleses, escoceses, irlandeses, alemanes … granero fundamental de voto, y que es la razón por la que el candidato a vicepresidente elegido por el magnate sea el actual gobernador de Indiana. No conocemos, de verdad, los Estados Unidos. Tan es así, que, a veces, según el esquema de Samuel P. Huntington, que se ha aplicado algunas veces a Polonia, a Turquía o a Ucrania podría decirse que, a veces, la república norteamericana es un país electoralmente escindido.

Aún así, no se libran de sus propias culpas. Son primos de los Ingleses (por más que a los amish les duela oirlo) y de esa manera de hacer “periodismo” del australiano Ruppert Murdoch, que ha contribuido decisivamente en la Inglaterra profunda a desconocer que demonios implicaba lo que estaban votando en el denominado referéndum del #Bréxit. Tienen sus propias culpas. Marcos Vizcaya dijo en su momento que la grandeza de la democracia en América era que cualquiera podría llegar a ser Presidente … y lo peor, que cualquiera podía llegar a presidente. Piense en ello. En las biografías de los mejores presidentes de los Estados Unidos. Cual era su estracto social. Y luego piense en los peores. Seguro que entiende la frase. La dijo en 1981. Por Ronald Reagan. El antiguo gobernador californiano solía hacer política del chiste o de la anécdota, que es lo contrario de las políticas de larga duración, pensando no en la próxima legislatura, sino en la próxima generación, que es lo que forja a los estadistas. Muchos americanos no han salido de Estados Unidos, y su educación es manifiestamente mejorables. Mal que bien conocen los asuntos de su país, pero lo que queda más allá de sus fronteras no aparece normalmente en la realidad diaría de sus vidas. Sirva el ejemplo literario. Es muy difícil que un libro no anglosajón europeo sea traducido al inglés y un gran éxito de ventas. Allí tienen de todo, y a lo grande. Se autoabastecen. Y en las noticias, dentro, tienen suficiente información, como para hacer imposible que, salvo los grandes hechos, tengan repercusión. Más o menos, como sucede con Estados Unidos en los medios de comunicación españoles y europeos. Trump de mientras, ha ido un paso más allá: es el candidato de las ocurrencias. Suelta una, porque cree que es lo que la gente quiere oir. Y la siguiente, igual. Y así va haciendo campaña. Porque ha convertido la campaña en un reality show.

Dicen que Donald Trump es un magnate de gran éxito. Y puede que sea un empresario, pero no es ni de lejos un self made man. No hizo su fortuna, sino que la heredó. Nació en una familia acomodada, lo que se diría, que es hijo de la burguesía americana. De origen noble participó en una serie de negocios fallidos. Dicen que en alguno de sus edificios tuvo una serie de problemas de índole laboral con inmigrantes ilegales polacos, croatas o filipinos. Sin duda a su favor tiene la torre Trump de Chicago, que es una maravilla de la ingeniería y de la técnica, pero debe, merece, saberse las formas de construcción. Lo que los alemanes llaman Arbeit Komand. Unidad laboral. Obreros. Lo que conocemos de Trump es la superestructura, pero hay que indagar en la infraestructura. Quien es Trump de verdad, y que es lo que propone. Y puede que encontremos que es una persona que quiere el poder por el poder. No para transformar américa o a hacerla grande de nuevo, que es el lema que se le supone. Sino para mantener un liderazgo, de el y de sus amigos, una élite económica que habría conseguido lo que no pudo el Tea Party: cooptar al partido republicano para sus fines.

El partido republicano, el clásico GOP, era un partido con principios. Formalmente se suele decir que Lincoln era miembro del partido republicano, aunque, un siglo después de la guerra civil los polos se invirtieron, y los demócratas, defensores de la esclavitud en el viejo sur, se convirtieron en los defensores de los derechos civiles, y los republicanos se convirtieron en neoliberales. Conservadores. Lincoln, dicen, se acostaba con hombres y no por frío o falta de espacio. Y se carteaba con Marx en su época. Un Lincoln desconocido, que merece la pena volverse a descubrir. Dejando de lado al glorioso hijo de Illinois, el partido republicano en el siglo XX era un partido de valores, desde Teddy Roosvelt hasta Reagan, pasando por Ike o Nixon. Cara a lo internacional, y adentro del país, era un partido partidario del libre comercio, de la libertad de migración, de la integración desde el órden, de la ley … reconocibles incluso con George Bush junior. Con el que algunos denominan populismo de Trump el partido demócrata se independiza de sus bases clásicas y adopta una posición tan táctica y volatil que es prácticamente irreconocible salvo por los que han sufrido los embates del sistema, y, ciertamente, en Estados Unidos no son pocos (aunque la respuesta seguramente más sensata, incluso desde el campo republicano, debiera ser otra) que lo que buscan es simple y llanamente un vengador. Como en las películas de superhéroes. Alguien que se tome la ley por montera, e independientemente del ordenamiento jurídico, ejecute los “mandatos del pueblo” aún a costa de esos “malditos burócratas de Washington”. Es una pena que el GOP haya tenido tan malos candidatos. Con tan poca pegada, preparados, pero sin carisma. Probablemente, precísamente, fuera Reagan el último presidente republicano con carisma. Es su figura la que algunos quieren rescatar para evocar un eventual Presidente Trump. Y no tiene prácticamente nada que ver …

Una elección presidencial es un terreno complicado, en el que se ve lo mejor y lo peor. Aunque no se sepa, no es una elección directa. Ni las primarias, ni las presidenciales en si. En las primarias (o caucus, en su caso) se eligen delegados que reciben el mandato de votar por el candidato por cuya lista fueron elegidos en las primarias. Y, en principio, deben llevar el mandato hasta el final. Es por eso que a veces ha habido negociaciones en los hoteles o en los pasillos, entre precandidatos, en la misma convención, para generar un ticket ganador. Recuerdo Kennedy y Johnson en 1960 o Regan y Bush senior en 1980. En las presidenciales es parecido, se elige un colegio electoral, que es el que se reune después y elige al presidente. Lo vimos en el año 2000 con el que debió ser presidente, Al Gore, en Florida. Y seguramente frente a John McCain, que fue derrotado por malas artes y campañas sucias, que es un clásico americano en las campañas, pero no debiera serlo. Y es que en el caso de Trump ha llegado a superar el caso Watergate con Nixon. Y Richard Milhouse Nixon, de California, tuvo que dimitir. Trump ya es un traidor a Estados Unidos aún sin haber ingresado en el despacho oval. Y esperemos que no lo ocupe nunca.

Somos conscientes que el peor momento de Hillary Clinton como secretaria de estado (antiguamente era la tercera autoridad ejecutiva del país, pero con la enmienda 25 esa idea se trastocó un poco) fue el caso de Bengasi. Es la clave para entender el asunto de los correos. Más allá de wikileaks, que emitió información en bruto, y que puso, por ello, por no haber protegido las fuentes, en peligro la vida de mucha gente. Hay una película con Daniel Brühl muy buena que lo explica. El asunto es que aquello es la única mancha de Clinton. Con una trayectoria impresionante y que iguala o supera la de muchos hombres que aspiraron antes al cargo al que ahora se presenta. Trump quiere ganar, sea a costa de lo que sea. Y tuvo una de sus ocurrencias. Que puede ser que sea cabalgando la ola, pero no deja de ser preocupante. A la campaña de Hillary y al partido demócrata les han hackeado sus cuentas de correo reventándoles una gran cantidad de información. Y parece que el mismo servicio secreto ruso que antes de Sochi 2014 y hasta ahora se ha dedicado también a proteger, preservar e impulsar el dopaje en los atletas rusos, se ha dedicado a incursionar en la campaña demócrata por razones desconocidas. Trump ha pedido públicamente ayuda a Putin y a Rusia para trollear la información de los demócratas, en su órgano de dirección, el Comité Nacional Demócrata y la propia campaña de Hillary Clinton a la presidencia. En un país en el que está prohibido desde el extranjero financiar a un candidato al nivel que sea, una petición a un país extranjero y más en las circunstancias actuales de Rusia en Europa y el Oriente Medio está más que claro que es una solicitud de ayuda fuera como ariete a un “enemigo” interior. Y la campaña promete ponerse aún más sucia. Es un acto de traición a los ideales de los Estados Unidos de América, un país que dista mucho de ser una democracia tenga a Trump como el candidato del Kremlin a la presidencia de los Estados Unidos. Un crimen en el que ex presidentes como Reagan o Nixon se deben estar retorciendo de dolor patrio en sus tumbas.

Estados Unidos, como líder moral del mundo libre, de occidente, no puede tener un presidente a alguien que lo sea por el uso artero de las nuevas tecnologías (o de cualquier otra) como ariete para uso interno. Esa clase de imperialismo desde el punto de vista ruso, injerencia externa, y bajada de pantalones, apuesta por los intereses de unos adversarios de baja intensidad o aliado con bastante desidia (elija usted) por el lado de Trump no pueden ser la base de un mandato presidencial. Es inimaginable lo que puede pasar si, en estas circunstancias, con la ayuda de Putin, el Kremlin y de Rusia Trump alcanza a ser el próximo Presidente de los Estados Unidos. Con todas las ocurrencias que ha ido soltando y las que vendrán hasta culminar en el segundo martes tras el prímer lunes de noviembre en el que la democracia en américa se encarna en urnas en las que el pueblo pueda elegir a su primer mandatario. Unas elecciones en las que elija el pueblo estadounidense, sin influencias externas, y menos, si estas vienen a intentar destruir de manera fuera de la legalidad una candidatura, la de Hillary Clinton, que es, a fin de cuentas, la única oportunidad con la que cuenta el mundo libre para seguir contando con unos Estados Unidos de su lado. Un Donald Trump que ha pedido el encarcelamiento para Hillary Clinton, y que merece lo que dice, si así lo dijera el Tribunal Supremo, para sí mismo. Trump es un personaje, un traídor a sí mismo, al partido republicano de toda la vida, pero eso es lo de menos, porque ahora es, y eso ya si que es grave, traidor a la patria.

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