EL POLÍTICO TARTUFO

EL POLÍTICO TARTUFO

 

José Luis Gómez Fernández

 

Tal vez recurriendo al escenario  del Teatro de Moliere, quien, valiéndose de su comedia, vapuleó tanto a médicos ignorantes como a burgueses enriquecidos o a seudo intelectuales  y políticos mentirosos, pueda yo decir algo acertadamente acerca del panorama político existente en este país llamado España.

Este ha sido un año extraño en cuanto a elecciones se refiere. Han sido varios los intentos de formar gobierno sin conseguirlo por falta de acuerdos entre los partidos.

Ayer desfilaron en las pantallas de Televisión cuatro caras conocidas públicamente que aseguran saber qué es lo que necesitan  los ciudadanos para salir de la angustia en la que cada uno pueda verse atrapado en el día a día  en el ámbito económico, en el educativo, en el social laboral, pensiones,   &, sometiéndose a tres bloques de preguntas en un debate a cuatro.

Rajoy, como presidente del gobierno en funciones se definió como  el único con experiencia de gobierno, y dice que gobernar es muy difícil, y, aludiendo a la máxima evangélica “no es lo mismo predicar que dar trigo”, nos remite a un futuro estable y en ascenso económico y creación de empleo, que es lo que necesita España en momentos tan convulsos por los que atraviesa el mundo en el campo económico como en las relaciones sociales e internacionales.

Pedro Sánchez se comporta como un adolescente caprichoso y rígido, (como muestran las facciones de su cara enjuta), como si quisiera ocultar subrepticiamente el único deseo que le mueve a seguir ahí, a pie de urna, ser presidente por un día, a costa de lo que fuere.

En cuanto a Albert Rivera habría que decir que se muestra como quien mira a través de la rejilla de una puerta blindada esperando el aciago aldabonazo de alguna dimisión para quedar él protagonista en la caja vacía del liderazgo político.

Pablo Iglesias es el tipo desenfadado que cruza cables para que nadie sospeche lo que lleva en la mochila. LAS IDEAS QUE PABLO IGLESIAS LLEVA EN LA MOCHILA I y II.

 

!!!Oh! la Francia del siglo diecisiete!!!, la Francia de Moliere. Desterníllense de risa con el siglo de la nuestra y sus políticos. ¡Nuestra España! ¡España nuestra!

Quién no se acuerda, al hablar de los políticos, de aquella célebre frase de Nietzsche en su opúsculo “el Crepúsculo de los ídolos”: “si mientes, al menos no te mientas a ti mismo” .

Y si de tan baja aplicación se revisten personajes de la política española tanto en su historia como en la realmente existente, pocos recursos nos quedarían a los ciudadanos para creer en la gobernanza y delegarles nuestro voto.

Hoy la política en las democracias homologadas, como si de una mercancía se tratase, discurre por los mentideros de la competencia de mercado de prebendas, con tráfico de influencias, y cuyos promotores, los partidos, se comportan como máquinas cartesianas que determinan cómo hay que pensar, qué hay que sentir, en qué hay que creer y qué debes hacer.

 

Es inconcebible, hoy, que una mente sana, con criterio, instruida y educada en el discernimiento más elemental de la realidad, no pueda  ver con los ojos de la evidencia el engaño al que se le somete cotidianamente a través de los medios de comunicación (de incomunicación-bloqueo, mejor dicho), y se estanque en la zafiedad, la vulgaridad o el analfabetismo.

 

Más aún, planea una permanente sospecha de que una parte de cierta clase política, (llamada izquierda), cultiva desde el odio la propagación de la incultura y del todo vale para, aleatoriamente, meter solos la cuchara en el menú de los programas demagógicos.

 

Hoy, el “socialismo” (llamado también de izquierda) necesita aclarar sus principios obsoletos, del siglo XIX, leídos en sus contextos económico-sociales  e históricos, y filtrar tanta hipocresía y mentira, que vende al populacho como una verdad, aquella de la que hablaba Pascal, (que de tanto repetir una mentira, ésta pasa inadvertidamente a formar parte de la atmósfera de la verdad). Esto lo sabía muy bien Goebels, y en ello amortizó su capital ideológico.

 

José Luis Gómez Fernández,

Colaborador de Liebanízate

 

 

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Un Comentario

  1. altamira300

    Elegiste un contexto increíblemente original, coincidiendo además con un periodo de la Francia del XVII con sus políticas internas, oscuras, en las que se mueve ese personaje, Tartufo, hipócrita, falso, rastrero, oscuro y que Moliere mueve a su antojo para poner de manifiesto que tipo de personaje se esconde detrás y que dices es un fiel retrato de nuestros políticos. Nuestros políticos, Tartufos también, se presentan hoy como víctimas de una situación de la dicen no son responsables. Representan una Gran Comedia, guiados por los medios de información, Prensa y TV y los demás, muchas veces el espectador , escucha pacientemente sin darse cuenta que el Tartufo, busca solamente su propio provecho haciendo de la HIPOCRESÍA la bandera de su vida y de la adquisición de poder, el bien más preciado y oculto. El engaño impera en una sociedad que no ha sido capaz de crear, EDUCACIÓN, hombres libres y responsables, capaces de tomar sus propias decisiones, huyendo de los “tartufos” que no dudan en engañar y aprovecharse de los inocentes que creen en sus palabras. Gracias y el símil utilizado me ha encantado.
    NOTA CURIOSA PARA MÍ, al menos : Tartufo, nombre muy utilizado ahora por el D.R.A.L. para definir a una persona hipócrita y falsa.

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