De la nueva política antipolítica de los nuevos políticos

que-es-la-anti-politica-_1_1700823A la hora de la verdad hay verdades universales que en esta sociedad del conocimiento parecen haberse evaporado. Casi tan rápido como se está evaporando la presencia de los periódicos en papel de los kioskos. Y dentro de unos años nadie del común de los mortales tendrá conocimientos para afrontar el reto de hacer uno. Porque, además, será un ejercicio inútil. Sirva el ejemplo para poner de relieve que en la sociedad con más datos disponibles, la comprensión y la sistematización de los mismos no van de la mano. Y esto viene a colación de que, en realidad, no hay nueva política, ni nuevos políticos. Políticos somos todos.

En tiempos de Pericles y la “democracia” (sic) ateniense podían participar de la política, la realidad de la polis, de la ciudad, la cosa pública, los blancos, varones, propietarios, libres (no esclavos) residentes en Atenas (no otros griegos). Una democracia muy parecida al Apartheid sudafricano. Desde entonces procesos basados y sustentados en un pueblo que ha avanzado (y retrocedido) como las mareas, han logrado, en la Europa Occidental al menos, consolidar para las últimas décadas un sistema de derechos y libertades en que cada ciudadano por el hecho de serlo tiene sus derechos políticos, de expresión, voto, asociación… y de ahí, un ciudadano, es un político. Participa, de alguna manera, de lo de todos. Del colectivo.

Asumir lo complejo es necesario. Pero sin caer en la conspiranoia. Hay que asumir los bienes y los males, los aciertos y los errores. Ser capaces de entender que todos tenemos parte de responsabilidad en la realidad, en la medida de nuestra “influencia” o capacidad de incidir en los acontecimientos, más grandes o más pequeños. Normalmente la conspiranoia suele tender a conceder a ciertas élites occidentales todo el papel, del bien y el mal, y condenar al ostracismo a cualesquiera del segundo o tercer mundo. Lo cual, bien mirado, no deja de ser una forma vintage de imperialismo. Y lo complejo exige entender la realidad de los 30 gloriosos y sus consecuencias.

Que son los 30 gloriosos? Los 30 años que van desde 1945 a 1975 y que son, en Francia, y en otras partes de occidente, los años fundamentales del llamado Estado de Bienestar. Una realidad que fue producto de muchas luchar, no de los comunistas o los conservadores y liberales, sino de los socialdemócratas y de los democristianos, que fueron, dicho sea de paso, la base de las instituciones europeas en su origen. Obviamente, como hemos dicho, todos tienen su papel, en base a sus intereses. Hablar del sexo de los ángeles está bien, pero en materia humana no hay actor asexuado. Así pues, agrupaciones políticas, es decir, partidos, sindicatos, empresas y demás, tratan de defender sus intereses. Y desde el momento en el que en el siglo XIX se empezó a normativizar de manera cada vez más homogénea asúntos como las telecomunicaciones o el tráfico (las señales), las instituciones internacionales empezaron a cobrar un mayor peso y presencia.

Cual es el asunto con respecto a un Estado de Bienestar cuestionado en los años 70 justamente cuando se empezó a teorizar? Pues que la OMC, sucesora de los GATT, la tercera pata del tripode económico anexo (que no parte) a la ONU tras la segunda guerra mundial, tiene rondas de negociación para tratar los asuntos ligados al comercio. Y es curioso, porque, por ejemplo, en Estados Unidos, a nivel mundial, sólo se conocen los nombres de los secretarios de defensa, estado, tesoro y comercio. Significativo, aunque no es el tema. Y la UE tiene una sóla voz, en el comisario de comercio. Los demás no cuentan. Ahí es donde se deciden asuntos importantes, sobre sanidad, educación, astilleros o contratos en materia de defensa. Y tienen el único tribunal internacional con capacidad cohercitiva efectiva. Muy importante. Porque llegan donde el capítulo 6 o 7 no lo hacen cuando no hay voluntad de las partes. Y este elemento, el de la OMC, quizás por presuntamente complejo, es de los que se suelen obviar en el discurso público.

Somos políticos por ser ciudadanos, y tenemos el derecho a ser tratados como adultos, a los que si se les explica los asuntos con sosiego y detenimiento, somos maduros, al menos en teoría, para comprender las realidades complejas. No necesitamos ser insultados. El mundo lleva mucho tiempo girando, y se puede decir que todo, o prácticamente todo, está inventado. Si hace ya tiempo que los esquemas básicos de fondo para contar historias en cine ya están establecidos, que decir de una realidad, la política, que en el fondo, se basa en el juego de poder, tan antiguo como la presencia del ser humano sobre la faz de esta Tierra nuestra. Y es terriblemente curioso, porque se puede hablar de que se han cometido errores, pongamos, en la realidad pública, de nuestros representantes electos, en los últimos decenios. La pregunta que hay que hacerse es porque los “nuevos” juegan a la antipolítica.

Cuando un ingeniero se equivoca, y a finales de 1999 hubo un terremoto espectacularmente triste en Turquía, donde las nuevas construcciones se desplomaron, pero las milenarias se mantuvieron en pie, eso no implicaba que el colegio de arguitectos debiera autoflagelarse y disolverse. O cuando han sucedido cosas terribles con maestros, camioneros (digo, transportistas) y otras profesiones … o cuando algunas empresas privadas han hecho cosas curiosas. O han quebrado. Y muchas han pedido a papa estado que fuera a socorrer errores privados, libremente cometidos. A lo que voy es que cuando representantes electos han cometido tonterias, lo más injusto es hablar en colectivo, como pasaría con otros colectivos, a los que no se les han aplicado esos esquemas. Y cuando se habla de corrupción, se habla del corrompido, pero no del que corrompe. Y no, los medios privados, que reciben dinero por parte de anunciantes es difícil exigirles el niven de transparencia en el que corruptores y corrompidos obtengan la misma “condena de telediario”, pero ahí debería estar los medios públicos, que para algo no tienen publicidad. Sirva el ejemplo para ver el otro lado de la luna.

Si para hacer política hay que hacer un discurso que denigre a “los políticos” y ensucie “la política” se está haciendo el juego a aquellos poderes, locales, nacionales, transnacionales que ven en lo público un freno, un obstáculo, para tener una mayor libertad de movimiento en sus acciones. Y sépanlo y valorenlo los adanistas de nuevo cuño, si al pueblo le acostumbras a denigrar lo de todos, nuestros representantes electos, nuestras instituciones, la lección es clara: se relativiza el valor de la democracia y de los valores democráticos. Así surgen oportunidades para opciones extremistas que abandonan consensos básicos. Porque que todo pueda ser debatible no implica que se pueda debatir de todo. Nadie con dos dedos de frente le daría un pase a hablar de una tierra plana y/o hueca, verdad? Extrapolemos el principio científico a lo que nos atañe a todas y a todos. Porque en ello nos jugamos mucho más de lo que creemos.

Jugar a la política está bien, y es un juego libre a quien quiera participar. Y no puede haber vetos, más que la sinceridad, la transparencia y la honestidad, y confrontar en la arena pública ideas, proyectos, propuestas. Pero con la misma seriedad y respeto que si llega un nuevo barrendero al servicio de recogida de basuras lo primero que no debe hacer es mostrar lo mal que regocían las hojas caidas de los árboles en otoño, y que el es el único que viene a salvar las calles de convertirse en barricadas de color ocre y miel. Si el ejemplo se entiende, se debe presuponer buena voluntad a nuestros representantes electos. Y valorarles por los compromisos adquiridos y cumplidos, y por los no cumplidos, por lo que han hecho y lo que no han hecho, ser racionales en un porcentaje superior a la emocionalidad. Y, de la misma manera que apostamos por una participación cada vez mayor en lo público, no sólo en una urna cada cuatro años, eso no debe suprimir la perspectiva de que ese voto en una urna cada cuatro años, es, por ahora, ireevaluable, y sus consecuencias se extienden todo el mandato. Y no se puede volver atrás. Por tanto, al final, las cosas, siguen siendo complejas, y no se pueden simplificar. No se deben simplificar. Está el nivel supranacional, internacional; están las empresas, están los partidos políticos y los representantes electos (y si no hay un partido que te guste o que funcione internamente a tu gusto, ahí está la ventanilla del ministerio del interior para que registres uno nuevo), pero, sobre todo, estás tu, para informarte y ser informado. Para exigir conocimiento, y vías para sistematizarlo y darle un contexto. Y estás para evaluar lo bueno y lo menos bueno. Y comprender que el futuro de todas y todos, también, pasa por tus manos. Te toca.

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