LAS ELECCIONES DEL 36: UN PLEBISCITO ENTRE DERECHAS E IZQUIERDAS

“La historia nunca se repite”, dicen los panegiristas más avezados a los slogans. Sin embargo, los analistas comparatistas recurren, más de una vez, a espacios y tiempos que terminan por solapar los acontecimientos históricos en una misma hoja de ruta.
Veamos: qué sucede a nuestro alrededor cuando contemplamos la bisoñez de unos partidos, que tratando de formar gobierno en España para los próximos cuatro años, no llegan a un entendimiento, sencillamente porque no es el bien común de la Nación lo que persiguen, sino el poder, ya que, desde éste, se capacita al gobernante para adiestrar al gobernado y suministrarle el aderezo a ingerir.
¿Qué sucedió con el gobierno de Alcalá Zamora, del 33 al 36? Pues, que la
ambigüedad del gobierno presidido por este político, jugando a debilidad con las izquierdas, como demostró entregando el poder a Chapaprieta, un centrista independiente (pero que no olía a filas católicas), y luego a Portela Valladares, del partido liberal, (todo ello para que Gil Robles no asomara la cabeza en la formación del gobierno, a pesar de haber sido el jefe del partido más votado), lleva al error de convocar elecciones en 1936 que, a todas luces, se iba a convertir en un plebiscito entre derechas e izquierdas.
¿Qué sucede con el actual partido socialista con un inepto secretario al frente (Frente popular) y la tropa de aliados que pretende agrupar, como sea, con tal de llegar al poder, autodenominándose “progresistas y de izquierda?
¿Qué sucedió con las lecciones del 16 de febrero de 1936? Pues, que no hacen más que empeorar las cosas.

La ambigüedad del gobierno presidido por Alcalá Zamora, del 33 al 36, jugando a debilidad con las izquierdas, como demostró entregando el poder a Chapaprieta, un centrista independiente (pero que no olía a filas católicas), y luego a Portela Valladares, del partido liberal, (todo ello para que Gil Robles no asomara la cabeza en la formación del gobierno, a pesar de haber sido el jefe del partido más votado), lleva al error de convocar elecciones en 1936 que, a todas luces, se iba a convertir en un plebiscito entre derechas e izquierdas.

Estas elecciones, del 16 de febrero de 1936, no hacen más que empeorar las cosas. El Frente popular, fruto de un pacto entre Prieto, Largo Caballero y partidos izquierdistas (comunistas, leninistas-partido obrero unificado marxista (POUM), sindicalistas de Ángel Pestaña), no podía prosperar. Las intenciones aviesas de Largo Caballero y sus secuaces, los socialistas, lo que buscaban era un republicanismo de izquierdas sin resquicio posible para la derecha, y una amnistía generalizada para todos los criminales encarcelados. ¡Vamos! Similar a lo que pide hoy Eta en sus comunicados: amnistía general para todos los encarcelados.

El resultado de las elecciones fue favorable a esa coalición con un 60%. Prescindo de más datos, que pueden consultarse en el libro, 2 Vols. “Las elecciones del Frente Popular”, de Javier Tusell, Madrid, Alianza EDT. 1971, quien ha estudiado pormenorizadamente, quizá más que ningún otro, los resultados de estas elecciones, aunque el único periódico que los dio por provincias en esos días de febrero fuera el periódico católico El Debate.

Aunque el proceso electoral se condujo dentro de límites razonables para aquél entonces, fue asesinada media docena de personas y varios heridos en distintos lugares del país con incendio de iglesias y conventos en la misma noche del 16 de febrero de 1936 con la connivencia de los gobernadores provinciales que no actuaron para poner orden y detener los disturbios que estaban entorpeciendo incluso el recuento de votos.

Estos acontecimientos eran de tal calado que Gil Robles al día siguiente, día 17 de febrero, pidió al gobierno de Portela la ley marcial, negándose éste a ello, sin aludir más razón que el miedo.
Esto sólo como inciso y correspondencia con fechas de la historia, que están ahí.

A trancas y barrancas, la ley marcial se declaró oficialmente a las pocas semanas, pero entonces el jefe del Estado Mayor, a la sazón Francisco Franco, exigió al primer ministro Portela que pusiera el decreto de la ley marcial en vigor. Éste se niega, y, para más INRI, le pide que, de llevarse a efecto, sea el propio ejército quien cargue con todas las responsabilidades. A lo que Franco se negó, y el Gobierno de Alcalá Zamora, en pleno, dimitió el 19 de febrero, y se constituyó un nuevo gobierno con Azaña, quien lo primero que hizo fue depurar el ejército con nuevos oficiales de izquierda por toda España con grandes sospechas de manipulación de los resultados electorales (porque los registros aún no estaban cerrados a esa fecha).

De todos modos, me acuerdo haber leído en la prensa hace un par de años que los diarios de Alcalá Zamora, depositados en el Archivo Histórico Nacional, están aún sin clasificar, y ahí estarán sin duda anotadas las irregularidades a las que me refiero.

A este respecto me acaba de llegar, a través de Facebook, los siguientes comunicados de otros tantos Medios.

(http://www.tiempodehoy.com/espana/los-diarios-perdidos-de-alcala-zamora2) Tiempo saca a la luz los archivos del presidente de la Segunda República entre 1931 y 1936, robados al inicio de la Guerra Civil y que aparecieron en Valencia a finales de 2008. Unos documentos en los que se detallan varios intentos de sublevación antes del golpe de Estado del 18 de julio.

Cultura retiene los diarios de Alcalá-Zamora pese a admitir que son privados
http://www.intereconomia.com/noticias-gaceta/sociedad/cultura-retiene-los-diarios-alcala-zamora-pese-admitir-que-son-privados
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Alcalá-Zamora: Las memorias del crispador – CONTRA LOS GIGANTES

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Como aficionado a la Historia, he seguido el culebrón relativo a los diarios del primer Presidente de la II República -Niceto Alcalá-Zamora- desde el mismo inicio d…

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Distribución de escaños con los resultados de las elecciones del 36

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  1. altamira300

    María Teresa Fuentes Alvarez Está tan claro, que casi todo comentario sobra y aquí se podía decir aquello de que “el que tenga oidos para oír que oiga”. Tan sólo sería oportuno, tener la voluntad de volver a copiar el texto haciendo algunos cambios y ver que resulta : nombre del protagonista, Alcalá Zamora, los nombres de todos sus seguidores y de los que no estaban de acuerdo: izquierdas y derechas; fechas, lugares, talante y objetivos de los aspirantes a quienes el pueblo no les importaba, sólo poder y riqueza, desarrollo de la situación, graves enfrentamientos, aparición de nuevos personajes ya unidos al ejército ( todavía aquí no hemos llegado) y …por acortar ya, Alcalá Z. “disuelve Las Cortes y se convocan nuevas elecciones” y cómo nos falta el final que cada cual según su criterio, haga un análisis y una comparación con el día a día de hoy

    • jlgf15

      Continúo donde lo dejé más arriba: recuento de votos del Frente Popular.

      Sea como fuere, el día uno de marzo se procede a una segunda vuelta en la que el Partido Popular obtiene mayoría.

      Forma Parlamento y nuevas Cortes, con una Comisión de Actas que revisa los resultados electorales sin ningún escrúpulo (anulando los de Cuenca y Granada, feudos de la derecha).

      Total, que uno de aquí, dos de allí, diez de más allá, el caso fue que el Frente Popular sumó 32 escaños más, lo que les permitía dos tercios de la Cámara suficientes para reformar la Constitución, que era lo que buscaban para hacerse con todo el poder.

      Ante este estado de cosas los historiadores parecen haberse puesto de acuerdo para tildarlo de “situación prerrevolucionaria”, (J. Tusell, citado más arriba, “la II República nunca fue democrática”)

      El levantamiento del 18 de julio de 1936 no fue contra la democracia, porque no había tal democracia, más bien, habría que afirmar que fue contra el complot de Azaña y sus correligionarios revolucionarios marxistas, Araquistáin, teórico y procaballerista, Maurín (líder del POUM), la FAI_CNT (Congreso de Zaragoza en mayo de 1936) que abogaban por una guerra corta y rápida en la que ellos ganarían e implantarían, como dice Josep Pla, (el primer historiador de la República), el “kerenskismo ideológico” de Azaña, es decir, controlar la revolución de una vez por todas.

      Santiago Carrillo, (líder de las Juntas Socialistas Unificadas, que agrupaba también a las Juventudes Comunistas), se inclina también en esos días, mimetizando el éxito de la Unión Soviética, por una guerra que les traería también a ellos el éxito revolucionario.

      Dicho esto, habría que añadir algún cabo suelto que cerrase este período álgido de 5 meses. Mencionemos a Casares Quiroga, a Claudio Sánchez Albornoz, Miguel Maura, uno de los fundadores de la República, (que era hijo de D. Antonio Maura, a quien la Semana Trágica de Barcelona le acarreó la muerte política, en 1909, no levantando cabeza y decepcionado hasta su muerte definitiva aquí en Torrelodones (Madrid) en 1925), o Felipe Sánchez Román, abogado y profesor, que lideraba un minúsculo partido llamado Partido Nacional Republicano y otro de los fundadores de la República.

      Todos ellos habrían propuesto fórmulas para salir de aquel hervidero de pistoleros y de desórdenes públicos del Frente Popular sin conseguirlo, por el empecinamiento de Azaña, (desde mayo, Presidente de la República), quien intuía que si se rompía la unidad del Frente se acabaría con el proyecto republicano que llevaba en la cabeza como razón política.

      Y lo que sucedió después, fue algo demasiado conocido, que el 18 de julio ya era una fecha demasiado tardía para solventar aquella situación.

      Y, precipitadamente, se le encarga a Diego Martínez Barrio, presidente de las Cortes y jefe de Unión Republicana, formar un nuevo Gobierno, sin la menor relevancia, y el mismo 19 de julio José Giral, con nueva responsabilidad de gobierno, distribuye armas entre las organizaciones revolucionarias, (paramilitares), dando así por liquidada la República parlamentaria y anunciando una guerra civil cuyas consecuencias nadie se paró a pensar.

      (continuación: LA GUERRA CIVIL): está publicada por mí en Liebanizate

      José Luis Gómez Fernández,

  2. jlgf15

    Si comparamos fechas, nombres y acontecimientos, que se iban sucediendo en el 36, con los que tenemos hoy, con un gobierno en funciones, un secretario del psoe incapaz de llegar a ningún acuerdo y con la mirada puesta nada más que en erigirse en presidente a trancas y barrancas, aunque sea por un mes, aglutinando a grupos de lo más dispar como si de un Frente popular se tratase, nos encontramos con similitudes como que con tal de que Gil Robles no asomara la cabeza en ningún pacto etc…todo valía, como ahora, con tal de que Rajoy o el PP quede ignorado ….
    Es decir, el odio no solo era entre partidos sino entre personas, como ahora.

    Las elecciones, del 16 de febrero de 1936, no hacen más que empeorar las cosas. El Frente popular, fruto de un pacto entre Prieto, Largo Caballero y partidos izquierdistas (comunistas, leninistas-partido obrero unificado marxista (POUM), sindicalistas de Ángel Pestaña), no podía prosperar. Las intenciones aviesas de Largo Caballero y sus secuaces, los socialistas, lo que buscaban era un republicanismo de izquierdas sin resquicio posible para la derecha, y una amnistía generalizada para todos los criminales encarcelados. ¡Vamos! Similar a lo que pide hoy Pablo Iglesias y sus podemitas. : amnistía general para todos los encarcelados, etarras incluidos.

    El resultado de las elecciones fue favorable a esa coalición con un 60%. Aunque el proceso electoral se condujo dentro de límites razonables para aquél entonces, fue asesinada media docena de personas y varios heridos en distintos lugares del país con incendio de iglesias y conventos en la misma noche del 16 de febrero de 1936 con la connivencia de los gobernadores provinciales que no actuaron para poner orden y detener los disturbios que estaban entorpeciendo incluso el recuento de votos.

    Aunque hoy, es inconcebible una situación de desbordamiento guerracivilista, sin embargo, se están produciento situaciones verbales y, desde luego, poco civilizadas, que van a tener que ser filtradas a través de los Tribunales, como el recientemente de Rita Maestre y la petición a gritos de su dimisión, al igual que la de la sra. Carmena.

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