Euzkadi: de Navarra a Bizkaia

Bizkaia-Navarra 1704Suele decirse que la rivalidad máxima del fútbol vasco es entre real sociedad y athletic, pero no es verdad, es entre athletic y osasuna, fundamentalmente por los clubes convenidos y por la toma de conciencia de jugadores de la cantera de tajonar y equipos adyacentes de que su futuro deportivo pasa por lezama y san mamés. Y es que este hecho es muy simbólico y representa la relación política entre el viejo reyno y el viejo señorío, entre navarra y bizkaia, con un navarrismo que pretende ser eterno y desde siempre, pero que apenas tiene menos de un siglo de vida. Veamos cuando surgió ese antivasquismo que algunos pretenden consustancial al navarrismo.

En 1841 se hizo el paripé de negociación en Madrid sobre la cuestión navarra. Y es que tras la ley confirmatoria de los fueros, siempre bajo la unidad constitucional de la monarquía (española), que en realidad era abolitoria, navarra pasó de ser reino a provincia, foral eso sí, pero obligada a aportar quintas y un cupo. Lo del convenio vino después. Y es que, tras desgajarse de la negociadora conjunta de las 4 hermanas del sur de los pirineos, por un que dirán estos de Madrid, y por la correosa defensa de la realidad foral de Araba, Bizkaia y Gipuzkoa, en aquello de la “obligada” actualización de los fueros (la foralidad tiene mecanismo de renovación dentro de sí, si es exógeno, es impuesta) fruto de la ley de 1839, ya citada, navarra no podía convocar a sus cortes para hacer esa renovación dentro de sí. En cambio Bizkaia si podía convocar a sus juntas generales, a su parlamento foral. Pero no le interesaba. Es así que existe un limbo legal entre 1839 y 1876 en que las diputaciones de Bizkaia, Gipuzkoa y Araba, dicen, gozan del mayor status foral de toda su historia. Algo que, como el guadiana, se olvida a conveniencia según el contenido que quieran atribuir al poder competencial y de autogobierno, en el que nunca se quiere profundizar. En este escenario fueron intentos desde navarra, que no pudieron ser, los que intentaron volver a unir a las hermanas del sur, en un hecho confederal intangible, pero con lazos evidentes, a semejanza de lo que entre los siglos XV y XIX habían unido a todos los territorios vascos del sur de los pirineos bajo el denominado señorío de bizkaia.

Dicen también que hasta 1895, o, casi más bien, hasta 1878, lo vasco y lo español casaba de maravilla, que no había problema alguno, que era oro, incienso y mirra. Una relación gloriosa y magnífica. Olvidan hechos como la gamazada, la machinada y demás motines y revueltas por los groseros intentos de ministros del rey (el gobierno no era territorial, sino del jefe, del monarca, en cuya figura se juntaban territorios diversos, a semejanza de lo que es aún hoy la Commonwealth Británica en la cabeza de su graciosa majestad Isabel II, reina de Inglaterra) de introducir cuñas peligrosas en la capacidad de autogobierno de las instituciones vascas. Ahí estaba lo de la unidad constitucional de la monarquía. Significaba eso. De arriba hacia abajo, en vez de desde abajo hacia arriba. Hoy lo llamaríamos subsidiariedad en el marco europeo. O, simplemente, democracia. La cuestión es que en un momento en el que todo el mundo, en el siglo XIX daba por muerto al pueblo vasco, al euskera, a sus señas de identidad, como un faro luminoso surgió nuestro Maestro, Sabino Arana, que supo darse cuenta, primero de Bizkaia, y después, con un sacrificio por algo en común con Navarra, de Euzkadi, logrando primero la recuperación material del espíritu y la autoestima, y posteriormente poder acometer la reconstrucción de la nación vasca en los órdenes más mundanos. Es el surgimiento del Partido Nacionalista Vasco el que marca el hecho del distanciamiento. Aunque tardaron casi 30 años en darse cuenta.

Alguien se cree que el que algunos insignes carlistas, navarros, como pueda ser el caso de Manuel Aznar, pero hubo otros, pasaran a ser fieles devotos del nacionalismo vasco, es decir, del PNV en la segunda década del siglo XX es casualidad? Claro que no! Compartían lo que se consideraba el bagaje del tradicionalismo, el Dios y Fueros, que es el JEL, el Jaungoikoa eta Lagi Zarra, que es el corazón de los JELtzales, o seguidores del JEL. Lo del rey, bueno, iba como en el viejo juramento del siglo XIV al rey navarro. Si el cumple con nosotros, nosotros cumplimos con el. Bilateralidad. Reciprocidad. La cuestión de la problemática estriba en que se acabaron por dar cuenta en el entorno a 1920 que las cosas en el equilibrio interno de poder en el caso vasco (anótese que cierto servicio de inteligencia en los 1970’s al ir a pamplona afirmaba que iban a subir a ver a los vascos) había basculado definitivamente desde navarra hacia bizkaia. Y no hablamos de poder institucional, porque eso, se había sucedido entre los siglos XV y XIX en los que el señorío de bizkaia tenía más peso institucional en el marco de referencia vasco que el viejo reyno, sino que es en ese momento en el que Bilbao empieza a ser la capital de referencia del país. Hasta entonces Pamplona había sido la ciudad más poblada. Y es que en el caso de Bilbao en el cambio de siglo en lo que es el ensanche sólo estaba ocupado un tercio, dado que la burguesía prefería Neguri y Las Arenas para residir, tardando en crearse un núcleo poblacional fuerte en la propiamente capital bizkaina. Y no sólo eso, la industrialización y el peso económico ya era más que determinante en el liderazgo de Bilbao y Bizkaia sobre Navarra, que tardó mucho más en dar el paso hacia la industria. Pero la puntilla, efectivamente, la dió el Partido Nacionalista Vasco.

Es más que evidente que el hecho demográfico, siempre se ha considerado así, al entorno del gran Bilbao como una unidad. Y la industria vasca ya había despegado en la mitad del siglo XIX, razón por la que se funda el Banco de Bilbao y el Banco de Vizcaya, por ejemplo, por lo que son excusas añadidas a la verdadera razón. Y es que en 1917 el Partido Nacionalista Vasco logró la presidencia de la Diputación de Bizkaia, y pudo poner dicha institución al servicio de un proyecto nacional vasco. A saber a donde se hubiera podido llegar de no mediar la dictadura de Primo de Rivera, que ilegalizara al PNV. Un contrafactual interesante. Este fue el hecho que propició a ciertos llamados tradicionalistas navarros a construir un nuevo navarrismo refractario del hecho nacional vasco, este es el momento en el que empiezan a teorizar lo navarro como algo excluyente de sus hermanas vascas, por tanto, no es algo de toda la vida, tiene su historia, su corta historia, como lo demuestra el reciente libro “El corralito foral”, que merece leerse en su integridad. La cuestión política de poder seguir controlando Navarra a voluntad como un coto cerrado y particular fue la que constriñió la realidad a un reservorio al que osó atentar el estatuto de estella en 1932, y que un mal cálculo de las izquierdas españolas provocó que los requetés fueran alzados de los alzados y no defensores de la legalidad republicana, como los gudaris. Tenían miedo del liderazgo de bizkaia, y desde bizkaia, del liderazgo del PNV sobre la realidad de navarra. Por mantener sus privilegios sobre la foralidad y el hecho foral consustancial tanto a navarra como a bizkaia.

Ahora los navarristas, del entorno de UPN y PP ven en el gobierno mayoritario de Geroa Bai al PNV y tras Uxue Barkos a Sabin Etxea. Está claro no consideran a los miembros del PNV en Navarra ciudadanos navarros. Ni a los votantes. No respetan ni defienden que las gentes que no piensan como ellos pueden ser igualmente ciudadanas y ciudadanos de navarra. Desconfían de las navarras y los navarros. Es por ello que quieren cargarse la transitoria cuarta, porque igual un día se vuelvan locas y locos, en el parlamento y en referéndum y quieran, bajo sus condiciones, hacer un algo en común con el resto de sus hermanas vascas, tal y como propugnaba la Diputación navarra en el siglo XIX. Y seguir con el mantra del antivasquismo. Excluyendo una parte de su propia población, la que sustenta el gobierno del cambio, y dar la espalda a Europa (con la euroregión) y a la CAV, la parte suroccidental de Euzkadi. Afortunadamente las navarras y los navarros tienen en Uxue Barkos y su gobierno la oportunidad de aportar a poner fin a este siglo de navarrismo excluyente y falso, y contribuir a edificar un navarrismo incluyente, en positivo, que reconozca la pluralidad y el pluralismo, la diversidad, y las señas de identidad propias de Navarra. Superar esta realidad es, en el fondo, el mayor reto al que se enfrenta el gobierno. Si sale victorioso, seguro volverá a ser electo de nuevo. No va a ser fácil, a fin de cuentas, por algo Osasuna sigue siendo un club en manos de los socios, a pesar del tremendo agujero producido en una crisis institucional sin precedentes, y no una sociedad anónima deportiva. Siempre cautos, no vaya a ser que algún malvado vascongado con dinero lo compre y lo ponga al servicio del abertzalismo.

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