DEL IMPERIO DEL CRISTIANISMO AL IMPERIO DE LA CRISTIANDAD

EL IMPERIO DEL CRISTIANISMO Y EL IMPERIO DE LA CRISTIANDAD

José Luis Gómez Fernández

Dentro del episodio del nacimiento del cristianismo en los tres primeros siglos con persecuciones incluidas, y, desde Constantino, en expansión y connivencia con el poder político, el poder de la Iglesia cada vez es más ingente sobre todo desde que, con Diocleciano y Teodosio, se vive una verdadera transición social, política y cultural que implica al Imperio bizantino en un único culto religioso hasta que el califato árabe de Damasco y Bagdad irrumpiera salvajemente invadiendo territorios cristianos en la Península Ibérica a través del norte de África.
Américo Castro en su obra “La realidad histórica de España”, refundida después en “España en su historia”, se refiere a las tres culturas: cristianos, moros y judíos (y al mito del Camino de Santiago como enseña de cristiandad frente al islamismo en su expansión por la península ibérica).

Desde Constantino el Imperio se adhiere a la religión oficial cristiana (entendiendo por ella un modo de vida, de moral y de cohesión social que aglutina conductas y normas de tradición judaica y romana, además de anunciarse y autoproclamarse como reino mesiánico de liberación inspirando confianza a aquellos pueblos inmigrados, (germanos, alanos, godos, ostrogodos).
Y esta pudo haber sido una de las razones de su rápida expansión en las fronteras del norte de Europa.
No cabe duda que, además de este matiz, también debió contribuir a esa rápida difusión del cristianismo la prohibición por Teodosio de los cultos paganos, lo que a todas luces está indicando que el farol rojo de la prohibición se contrarresta con la exclusiva presencia política, y también social y cultural de una “cristiandad”, concepto nuevo ideológico que aglutina un único modo de pensar, de sentir, de proyectar y de crear formas políticas, artísticas y filosóficas que van a perdurar durante más de un milenio en Europa y, a partir del siglo XV, van a continuar en América.

Desde el siglo V, tras el saqueo de Roma en el 410 por Alarico y el posterior cierre de la escuela filosófica de Atenas por Justiniano, se produce una inflexión cultural y social. Ni Roma ni Atenas representan ya ni el poder social ni el cultural. Más bien pareciera que hay una búsqueda solitaria de reinados en la que el retiro del rey es su Corte, el del señor es su castllo y el de la Iglesia es el monacato.

La cultura de Europa en la alta y baja Edad Media se labra en la silenciosa obra de los monasterios.
La historia de esta vida retirada para preservar la espiritualidad, o lo que se entendiera por ella, y el trabajo intelectual que lleva directamente a crear una atmósfera de cristiandad, pasa por etapas de reformas, desde el siglo X con la fundación de los cartujos (Cartuja de S. Bruno), al siglo XVII, pasando por Cluny y el Císter, de ampulosidad y austeridad, que se traduce en el arte del románico y del gótico.

La vida monástica no se circunscribe a las paredes del monasterio, sino que salen a misionar por Europa, África y Asia de tal modo que son la clave de esa expansión e implantación de la cristiandad hasta la época moderna con las nuevas órdenes de jesuitas, dominicos y franciscanos. No olvidemos que el monasterio budista ha sido también el soporte de las tradiciones asiáticas hasta hoy.

El principal foco, por tanto, de la cultura en esta época, antes de la imprenta y las universidades, se halla aquí en el “scriptorium” de los monasterios con copias de manuscritos e ilustraciones entre los que se encuentran textos miniados, los “Beatos”, que datan del siglo IX y que tienen un significado, junto con la biblioteca, de verdadero laboratorio cultural. La riqueza acumulada es incalculable. El Códice Calixtino (de Calisto II) por ej., del siglo XII, desaparecido hace un año aproximadamente y encontrado recientemente en el trastero de un garaje con otros objetos artísticos, cobra gran importancia por la minuciosa descripción de lugares de culto en el Camino de Santiago de Compostela en tiempos en que precisamente la idea de Cristiandad fue la que movió desde el centro de Europa a pueblos y conciencias en torno a la reconquista del Imperio cristiano.

Los abades de los monasterios, investidos ahora como señores feudales, administran territorios, disponen de servidumbres aldeanas, cobran impuestos y administran justicia, a la que podían acogerse, al amparo de sus leyes más benignas, incluso delincuentes y criminales, como cuentan las crónicas, en los Cartularios, (es episódico un caso en la abadía de Piasca, (Cantabria) adonde se acogió un delincuente huido de la justicia civil y que, al saltar la tapia limítrofe en las inmediaciones del territorio monacal, no se le pudo detener).

Las misiones con nuevas órdenes religiosas como jesuitas, dominicos y franciscanos contribuyen a la expansión e implantación de la idea de “cristiandad”, que de modo peculiar prendió por el Nuevo Mundo.

Yo creo que desde la implantación del Sacro Imperio Romano por Carlomagno, con coronación incluida por el Papa en el año 800, y en un día señalado, como Navidad, no hay vuelta atrás en la alianza del cetro y la cruz, del poder del Rey y del Papa en estrecha unión, aunque con las discrepancias consabidas de las “Investiduras”, que no consistió sino en la controversia de quién pone o depone a los obispos, si el Rey o el Papa.

A este respecto no puedo dejar pasar por alto un Documento que aparece por esta época, siglo XI, registrado como “DICTATUS PAPAE”, atribuido al Papa Gregorio VII, y en el que se justifica el poder del Papa para deponer al Rey o Emperador sin que él pueda ser juzgado por nadie.

Se conocen los extremos de la excomunión del Emperador Enrique IV por este Papa Gregorio VII y la humillante espera del penitente que, descalzo en medio de la nieve en las inmediaciones del castillo de Canosa, en las estribaciones de los Apeninos en la Emilia italiana, invocaba la absolución. A la potestad espiritual se unía inextricablemente la potestad temporal. La concentración del poder es tal que en menos de cien años se convocan cuatro Concilios ecuménicos, como los de Letrán en las cercanías vaticanas, indicándose con ello abiertamente que la Cristiandad había llegado a la cúspide más alta de su prestigio en toda Europa.

El centro de Europa, con Aquisgrán como capital de ese Imperio, se extiende a Italia, y los dominios pontificios, (cuya falsa legitimidad como “donación de Constantino” fue desvelada en el siglo XV por Lorenzo Valla), irrumpen y vigilan con sus decretos la buena marcha de sus interlocutores para que la implantación de la Cristiandad no tenga vuelta atrás.

Estamos en la Baja Edad Media y no me resisto a transcribir lo que la bula “UNAM SANTAM” de Bonifacio VIII, del año 1302, dice:

“Existen dos gobiernos, el espiritual y el temporal, y ambos pertenecen a la Iglesia. El uno está en la mano del Papa y el otro en los reyes; pero estos no pueden hacer uso de él sino a través de la Iglesia….Por tanto, declaramos, decimos, decidimos y pronunciamos que es de absoluta necesidad para salvarse, que toda criatura humana está sometida al Pontífice romano” (lo he tomado del Enchiridium Symbolorum 468-469).

En contraste con todo lo que acabo de escribir a modo de ensayo con cuestiones tan intrincadas y que necesitarían perfiles nuevos, me encuentro con un libro titulado “La ciudad secular”, de 1968, escrito por un teólogo baptista, Harvey Cox, que en réplica a la “Ciudad de Dios” de S. Agustín sitúa al futuro de la Cristiandad en entredicho. En él parece querer anunciarnos que una sociedad secularizada ya no tiene vuelta atrás y va a pilotar en adelante el registro de la convivencia social, política y cultural al margen de la religiosidad de cada cual.

La aconfesionalidad del Estado es una cuestión no tanto de derecho cuanto de hecho, sin confundir Estado laico con laicismo. (El laicismo es una extravagancia guerrista de nostálgicos marxistas-comunistas que exhiben como dogma doctrinal aquella frase de “la religión es el opio del pueblo” y hay que sustituirla por la “conciencia del engaño”).

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.