LA REBELIÓN DE LAS MASAS

LA REBELIÓN DE LAS MASAS

José Luis Gómez Fernández
Sólo este título de Ortega y Gasset me trae el recuerdo de una cita que anoté en mi agenda cuando leí el libro. Dice lo siguiente: “El día en que vuelva a imperar en Europa una auténtica filosofía (única cosa que puede salvarla) se volverá a caer en la cuenta de que el hombre es, tenga de ello ganas o no, un ser constitutivamente forzado a buscar una instancia superior. Si logra por sí mismo encontrarla, es que es un hombre excelente; si no, es que es un hombre masa y necesita recibirla de aquél” (fin de la cita, pág.124, obras c.)
¿Acaso se puede afirmar que estas oleadas que buscan refugio en nuestras fronteras de Europa se mueven a instancia del hombre excelente que describe Ortega o del hombre masa que necesita recibirla de aquél?
Difícil coyuntura la de dos culturas que se intersectan
huyendo unos, de la guerra, otros en la autoría de los DERECHOS UNIVERSALES DEL HOMBRE.
Frente a desórdenes públicos, económicos y sociales, el Estado, como órgano de gestión de los intereses generales de la sociedad y sometido al control parlamentario del electorado, va a ser visto por el líder del socialismo francés, Jaurés, a principios del s. XX, como el máximo instrumento de materializar los ideales de la Revolución francesa: igualdad, libertad y fraternidad. Es decir, el mito del “humanismo” y “los derechos humanos y del ciudadano”, que desde entonces no ha dejado de martillear las conciencias de las izquierdas hasta nuestros días.

No olvidemos que la denominación de “izquierdas y de derechas” nació precisamente en las montañas asamblearias de la Revolución Francesa (indicando quién ocupaba un lado y quién otro, localmente, sin más)
La emigración da cifras alarmantes en toda época: unos sesenta millones de europeos van a principios de siglo XX a EEUU, Canadá, Argentina, Brasil o Australia.

Por otra parte, las masas concentradas o emigradas asumen nuevas ideologías y hasta mitos colectivos mesiánicos, como los socialismos o los nacionalismos derivando en muchos casos en anarquismos frente al Estado.
¿Quién asegura que toda esta gente huida de Siria y otros países, que han pagado a las mafias hasta 2.500e, va a integrarse en una cultura que rechazan, como están rechazando el pan y el agua de la Cruz Roja por el mero signo de la cruz? ¡!!A qué imbecilidad más grande estamos asistiendo en Occidente, dios mío!!!
En esos primeros años del s. XX, 1903, hay que recordar que Max Weber, sociólogo alemán, intuye en su libro “La ética protestante y el espíritu del capitalismo” que la ciencia y la técnica aplicadas al desarrollo de la producción industrial no ha hecho del capitalismo sino una razón de ser del Estado y su política. Esta afirmación que parece contundente como teoría y justificación de la productividad y la realidad floreciente del siglo, que comienza ahora, encubre, sin embargo, el espíritu protestante que busca precisamente en su conciencia la manifestación del capital y la riqueza como signo de los tiempos de la salvación religiosa de los elegidos.

La llamada “Belle Époque”, cuya manifestación más asombrosa ha sido la novela “En busca del tiempo perdido”, de M. Proust, parece quedar atrás, pero no sin dejar la estela de su poder y orgullo en magníficos edificios de estilo clásico y grandes mansiones aristocráticas ubicadas en el centro de las ciudades de Europa, insinuando con ello que la vida formal de la aristocracia y las grandes fortunas, (a principios de siglo y posteriores a la Guerra del catorce), se resistía a desaparecer, si bien su nueva forma de aparición lo hace a través de la prensa popular y sensacionalista capaz de engullirlos a todos en lo que ha venido en llamarse la sociedad de masas dentro de la misma zafiedad y estupidez que los iguala: los de abajo imitan a los de arriba en las modas, gestos, talante, diseño del vestir, de aparentar, de jugar y consumir; y los de arriba, a los de abajo, en el poco aprecio de la cultura, la mediocridad y la ordinariez que enmascara y disimula el propio grupo gregario.

Incluso lo gregario, lo multitudinario, el “grupo anónimo”, la llamada “mayoría de la gente”, las mayorías absolutas electorales, los “referéndums”, han llegado a constituir una especie de “verdad sociológica” (tan incuestionable) que deja atrás a los propios dogmas más indiscutibles de la Iglesia católica para sus creyentes o a las reglas más intransigentes y aculturales (diríamos salvajes, como la ablación) para los musulmanes.

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Un Comentario

  1. altamira300

    Magnífico trabajo de análisis sobre la situación de la realidad que estamos viviendo y muy acertada la introducción de comenzar citando esa frase de Ortega y Gasset hecha para el hoy invitándonos a ir tras esa filosofía que nos haga SERES pensantes, críticos…y no seres MASA, manipulables, acríticos que ya pronosticaba O.y G. en su obra. Muy acertado, muy interesante.

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