Israel en el corazón de los vascos

Israel en el corazón de los vascos

(Publicado en Aurora, revista israelí en castellano, 16/04/2015 10:36)

Maurice Ravel le solía decir a su amigo Padre Donostia que los vascos tenemos dos patrias, España y Francia. A esto Sabino Arana replicó que Euzkadi es la única patria de los vascos, pues, como luego diría Orson Welles en un documental en la frontera, del lado vasco-francés, los vascos ni son españoles ni son franceses, sólo son vascos. Y se puede apostillar que cuando un vasco, sea español o francés de nacionalidad, hace algo positivo por la humanidad, se resalta que es francés o español. Si lo hace mal, la pifia o va en contra de la humanidad, entonces es vasco y sólo vasco. Algo parecido a lo que le ocurrió a Albert Einstein, que pudo haber sido Presidente de Israel, si tenía éxito, los suizos, alemanes y franceses se lo atribuirían, pero si no era así, los franceses dirían que era alemán y los alemanes que era simplemente un judío. Y es que no mucho separa, ni intelectual ni temporalmente a Sabino Arana de Theodore Hertzl en el año 1895.

Los vascos han sido mujeres y hombres ligadas a la mar. Fueron los primeros en descubrir y pescar, cazar más bien, y hacer una próspera industria, tanto del bacalao como de la ballena. A comienzos del siglo XX un porcentaje muy significativo, cercano a los tres cuartos de toda la flota mercante española estaba registrada en el puerto de Bilbao. Tal había sido y era la influencia que el primer tratado internacional fue producido por el Consulado de Bilbao en el siglo XVI y el reglamento que regía el Puerto de Bilbao, tras las independencias americanas, fue el modelo por el que se rigieron. Tras la Segunda Guerra Mundial, era el momento de tomar partido por la humanidad, y muchos capitanes y marinos vascos, de corazón nacionalista vasco, ayudaron al pueblo hebreo en la búsqueda de ese hogar nacional judío en tierras de Israel. Hoy en ciudades como Haifa hay calles que recuerdan su heroísmo en tiempos difíciles.

Los símbolos son importantes. Las personas son símbolos capitales, claro, encarnan virtudes, y son modelos y ejemplos de conducta, pero hay otros símbolos, como pudo ser, durante la “Guerra de los Seis Días” la canción “Jerusalem of Gold”, que, dicho sea de paso, la base musical y el todo de la misma, no diremos plagio, sino, una referencia cultural manifiesta, con respecto a una conocida canción de cuna vasca, en euskera, denominada Pello Joxepe. Antes de usarse como marco para la canción, símbolo patriótico hebreo, se usaba, sin letra, también, para los bertsolaris (improvisadores de pequeños poemas cantados). Un símbolo de unidad de la ciudad de Jerusalén con indudables raíces vascas, como reconocería la autora de la letra unas décadas después.

La lengua, precisamente, es la verdadera alma y corazón de un pueblo, pues no es tan sólo una forma de comunicarse, sino la forma que tuvo, en capas, y por sedimentación, de describir y dotar de nombre y definición a todos los elementos de lo existente en su entorno natural. Una lengua define su entorno y como lo visualiza ese pueblo. Es una forma particular de ver el universo. Es por ello que, cuando, a finales del siglo XIX el hebreo estaba perdido sin remisión, era una tragedia humana, pues una cultura y una lengua perdidas empobrece la cultura global. El modelo de recuperación del hebreo fue, sin duda, un referente imprescindible a la hora de recuperar el euskera durante los diferentes gobiernos vascos, desde Garaikoetxea a Ibarretxe, pasando por Ardanza. La seguridad y la certeza de sobreponerse al pesimismo y no cejar hasta recuperar la lengua propia ha sido un faro de esperanza que alimentaba e impulsaba la búsqueda de la restauración de una lengua como el euskera, que, afortunadamente, no se llegó a terminar de perder del todo en ningún momento.

El tema de la seguridad, dicho sea en su contexto más habitual, es un tema importante, capital en el caso de Israel, pero igualmente fundamental en el caso vasco, sobre todo, cuando, a la salida de la dictadura, se hubo de implementar un recuperado autogobierno, incluyendo, unas fuerzas policiales propias. La Ertzaintza, la policía vasca, ya había tenido un precedente en la garantía del órden público en el oásis vasco durante la guerra civil, durante casi un año. Ahora el reto era mayor si cabe. Desplegar una policía integral por todo el territorio vasco. Se buscaron modelos. El italiano era demasiado parecido al español, el británico requería de una sociedad pacífica que no teníamos, y, por el enfrentamiento al pasado del nazismo (tan parecido a la dictadura franquista) y la situación de terrorismo, se encontraron 2 modelos, el alemán y el israelí. Se buscó el consejo y el apoyo del Mossad israelí en la puesta en marcha de determinadas áreas de la Ertzaintza, lo cual contribuyó a un mejor servicio, y una mejor manera de luchar contra la violencia terrorista, a pesar del dolor que conlleva.

José Pepe Mújica, un vasco del Uruguay ya ex presidente, decía que la enfermedad de la izquierda es el infantilismo. Precisamente ese infantilismo es el que ha llevado a un gran sector de la denominada izquierda abertzale, de Batasuna, a posicionarse del lado de los denominados Palestinos. El mayor problema de todo conflicto se encuentra en eliminarle los matices y los detalles, porque es, precisamente, ahí donde se encuentra el verdadero meollo para entenderlo bien. Israel, por medio de los Kibutz y el Mapai, y del decidido apoyo de la URSS y de las armas checoslovacas, fue un apoyo socialista de primera hora. Pero eso cambió con el tiempo, y ahora es simbolizada junto a los Estados Unidos en una especie de imperialismo. Como si no hubiera más imperialismos en la Tierra. Muchos bajo el falso disfraz de decirse anti-imperialistas. Es en esto en lo que suelen caer cuando apoyan boycots a Israel, hablan de las fronteras (sic) de 1967 y de otros temas, que se basan más en la propaganda de Hamás o el Hezbollah que en datos objetivos y objetivables. En la historia de los pueblos esto ocurre siempre, la manipulación, la mediatización y la información contaminada. Es ahí donde hay que incidir, una y otra vez, como cantaba Mikel Laboa en “Gure Hitzak”, decir nuestra historia una y otra vez, para que no se pierda, para que no se olvide.
A Sabino Arana le han tachado de muchas cosas. De ser racista. De ser misógino. De ser un rancio. Y todas las acusaciones son falsas, pues en verdad, era un avanzado defensor de los derechos de la mujer, defendía a los negros en la guerra de los boer (cuando todo el mundo tomaba partido o por los ingleses o afrikaaners), defendía la abolición de la esclavitud en Cuba … la cuestión es que, en un contexto en el que la palabra raza significaba otra cosa, hablaba de raza vasca, porque, tras décadas, todo el siglo XIX, en un desastre, 3 guerras y una situación económica calamitosa, poner pie en pared era una necesidad. Como la de Hertzl y el movimiento sionista, al contrario de lo que dicen que dice ese libelo llamado “Protocolo de los Sabios de Sión”, como bien ha recogido, por cierto, el novelista Mario Escobar en “El testamento del diablo” simplemente se decía que el pueblo judío, tras tantas penalidades, se merecía un refugio propio, un lugar en el que sentirse cómodos, en casa, una patria en la que ser ellos mismos. Y es la propia historia, una vez lograda, la que ha dado forma a la realidad actual Israelí, siendo la única democracia plena de Oriente Medio. Y con la clara voluntad de no perderla, de seguir siéndolo.
La historia del nacionalismo vasco, y del pueblo vasco en su conjunto, en suma, ha sido, pues, ambivalente, en el caso de su relación con el pueblo y el Estado hebreo. Influyen mucho las corrientes internacionales existentes, sobre todo las relativas a materias sensibles como los derechos humanos y el respeto a las minorías. Cualquier cosa que se diga y haga, al estar hecha por humanos, es perfeccionable, matizable y opinable. Pero, la materia básica, es que ambos pueblos caminan por la senda de la voluntad de ser para decidir. Y el futuro ha de ser mejor que el presente y el pasado. Una comunión de fines debería conllevar una mejor comprensión de las partes, y un desarrollo de relaciones de buena voluntad. A fin de cuentas, Israel es la patria de los hebreos, y Euzkadi la patria de los vascos. Insha’allah. Shalom.

* Juan Karlos Pérez Álvarez, es Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad del País Vasco, especialista en análisis político y relaciones internacionales, Master en procesos de democracia participativa, tiene 4 libros publicados (Primavera en Mayo, El largo camino a casa, La verdad que creo y Nadie es más que nadie) y afiliado al Partido Nacionalista Vasco.

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