Julian Assange, de profesión, imperialista ruso

17assange_cnd-popupJulian Assange, el heraldo de la verdad del caso Wikileaks, enclaustrado en la embajada de Ecuador en Londres por el malvado imperialismo estadounidense, pues si se expone a salir de la misma, pudiera ser extraditado a Suecia, por un presunto crimen sexual, y de ahí ser extraditado, no ya a Washington, sino a Guantanamo directamente. Como si el estado de derecho en Estados Unidos no existiera bajo ningún concepto en ninguno de sus niveles. Casi comparable con ser extraditado a Korea del Norte, dicho sea de paso, el mayor campo de concentración a cielo abierto de la Tierra. Al menos seguirá siendo huésped ecuatoriano hasta agosto de 2015, cuando parece prescribirá, al menos parte, de las acusaciones contraídas contra el. Sobre el tema wikileaks hay una película muy instructiva, co-protagonizada por Daniel Brühl, de nombre “El quinto poder”. Ahora, la cuestión, es que ha subrayado recientemente en el canal RT que Estados Unidos quiere sacar a Ucrania de la órbita de influencia de Moscú. Y eso, amigas y amigos, se llama imperialismo ruso.

RT es un canal creado, dirigido y empleado por el Kremlin. Es una cadena pública en diferentes idiomas para transmitir, procesado, en árabe, inglés y castellano, el mensaje que quiere transmitir al mundo sobre las bondades o su forma de ver el mundo, la del centro del poder ruso, la del zar negro, Vladimir Putin (un Yeltsin 2.0), y es legítimo, pero sabiendo lo que se ve, lo mismo que cuando, uno, en España, conecta con 13Tv o Intereconomía, o en Venezuela con VTV (el canal 8), ya debe tener las coordenadas claras del marco de referencia en el que se sitúa la línea editorial y los carriles (o lineamientos, como gustan en venezuela) sobre los que se asienta el pensamiento general de la cadena sobre los diversos temas. Y este es uno de los importantes, porque pareciera que Ucrania nació siendo parte de Rusia, vivió siempre dentro de Rusia, y está condenada a ser parte de Rusia para siempre. Y ese pensamiento no casa nada con el siglo XXI, sino, más bien, con los zares blancos, de otra época, supuestamente, del pasado.

Rusia tiene tanto derecho a intervenir en Ucrania como lo tienen Lituania, Polonia, Rumania o Bielorrusia, es decir, ninguno. Partir de que Ucrania es un nación soberana es un imperativo moral, ético y político. Y más viniendo de un supuesto anti-imperialista como Julian Assange, pero claro, ahí se ven las fallas de cierto pensamiento progresista. Ya, los cinco de cambridge, espias británicos al servicio de la Unión Soviética, al ser comunistas, creyeron que su único deber era sostener al régimen comunista existente en la Tierra, el comunismo en un país, aunque no fuera el suyo, para, tal vez, algún día, llegara al suyo. Y se equivocaron en ambas cosas. Por un lado, lo existente en la Unión Soviética se alejaba mucho del comunismo, o del socialismo teorizado, siendo más bien un capitalismo de estado (o esto se empeñan en decir ahora algunos, sobre todo los que ponen como modelo de socialismo a Venezuela, Korea del Norte o Cuba, que está re-emprendiendo el contacto diplomático con los imperialistas del norte, pronto, los compañeros del norte), y por el otro, apoyar a un gobierno extranjero en contra del propio siempre será considerado un acto de traición. El internacionalismo debe surgir desde el patriotismo a lo propio, un patriotismo de la comunidad natural, sin injerencias externas, vengan de donde vengan. El problema está en pensar que el imperialismo estadounidense es el peor mal que pueda existir, y, ante eso, cualquier cosa es válida. Craso error. Otros imperialismos se enfundan en un presunto anti-imperialismo para afianzar el suyo propio. Así fué con China, así es con Rusia.

Dicen que Churchill dijo una vez que los fascistas del futuro se dirán de sí mismos que son anti-fascistas. Se comenta igualmente que esta frase no es atribuible al Premier inglés. Seguramente sea así, pero lo que no hay que dudar es que la pronunciara. Está comprobado que frases como “Sangre, sudor y lágrimas” está sacado de obras de teatro precedentes, pero eso no invalida ni la frase, ni el orador, que no creador, de la misma. Y es verdad, pues hoy en día muchos en Rusia, y, por osmosis de los rublos, euros y dólares de la madre Rusia (bien para financiar al Frente Nacional francés, o al UKIP británico, a Podemos en España, a la Liga Norte en italia, todos ellos con un sorprendente crecimiento en los últimos años, entre otros) tratan de convencernos de un discurso presuntamente anti-fascista que es asumido, como el pan-eslavismo, por gran parte de la tradición fascista rusa. Pues el fascismo ruso existe, no porque Putin diga que ser ruso es sinónimo de ser de izquierdas tiene que ser verdad. Y si no, búsquese la carta de aquél ideólogo fascista ruso que se quejó gratamente a Stalin al final de la segunda guerra mundial por haber asumido su discurso sobre este ámbito. Y, resulta sorprendente en el caso de Assange, australiano de origen, pues se podría acusar a algún que otro actor internacional de haber hecho lo impensable y lo que no debió ocurrir: la ruptura de Australia con el imperio británico, es decir, sacar a Sydney de la órbita de influencia de Londres.

Rusia tiene sus intereses, y está claro que una Unión Europea unida, fuerte, decidida, e independiente, le molesta, la sufre, y ha intentado, intenta, e intentará siempre disgregar la unidad interna. Sea en Grecia, con el caso de la crisis existente, en la que supuestamente han ofrecido apoyo financiero, a cambio de la salida del euro y de la propia UE, en el caso de Hungría, donde un portavoz parlamentario ha insinuado una salida del país de la UE, entre otras razones por la cancelación del proyecto South Stream (un gasoducto-oleoducto, a cuyo frente el Kremlin quiso poner a Romano Prodi, y este, conociendo las orejas al lobo, se negó) o en otros, el interés de Rusia es diametralmente opuesto al de la UE, pues, hay que reconocerlo, geoestratégicamente, el interés subyacente, es el mismo en  Europa del Este, que en tiempos de la guerra fría, pues, es el mismo, con los zares blancos, rojos o negros. Interés de estado, razón de estado que dirían Richelieu o Mazarino. Y Rusia sabe que mientras sean miembros de la UE y la OTAN, serán intocables. Por eso Moscú se centra en países que no están dentro de esas estructuras. E interviene, porque sabe, que países con conflictos internos cronificados, no entran en esas estructuras. Y se les llama guerras civiles a lo que, en realidad, son guerras internacionales. Imperalismo puro y duro. Como ha reconocido Putin que el mismo dirigió la toma de Crimea una semana antes de que el asaltado parlamento crimeano votara hacer aquel simulacro de Referéndum, que algún día deberá hacerse en Crimea. Pero también en Königsberg. Con garantías democráticas y de reconocimiento de las obligaciones internacionales libremente contraídas por Rusia en los años 90 del siglo XX.

Es cierto que los europeos somos bastante ingenuos en determinadas materias. Por ejemplo, Grecia triplica el gasto militar de España. Y no tiene un enemigo claro. No, no lo tiene, porque Turkia está dentro de la misma organización, la OTAN, que protege a todos sus integrantes, tanto de terceros como de ellos mismos. O es que quien plantea ese escenario bélico está pensando en la salida de alguno de los dos de la organización euro-occidental? En lo que pienso yo es en las bolsas de crudo y de gas alrededor de Chipre (y que, dicho sea de paso, harán de Israel una potencia gasista, al punto de pasar de importador a exportador neto). Estos hechos, en el fondo, preocupan a Rusia, pues reducen su esfera de influencia sobre Europa. Y su capacidad de presión. Sobre todo, y sería rematar la jugada, si entre ambas orillas del mar caspio se hiciera una conexión de gas y crudo, que obviara completamente a Rusia en la conexión entre los “Stan countries” de Asia Central y Europa, precísamente, a través de Georgia (recordemos la ruptura de la tregua olímpica de 2008 por Rusia), de Turkia y de Grecia. Está claro que quien más quiere un enfrentamiento turco-griego, es la propia Rusia. Por intereses del estado de Putin. Y ante eso, serenidad, hacer las cosas bien, y no caer en la trampa. Rusia no puede ganar. Y si no puede sacar la flota al mediterráneo por los Dardanelos o la flota báltica se congela medio año en San Petersburgo y no puede salir al Mar del Norte, que se quejen al maestro armero, a la geografía o al dios Apollo. A veces las cosas son como son, y no como nos gustaría.

Julian Assange, al ponerse al lado de Rusia en el asunto de Ucrania, asume que hubiera imperalismos buenos e imperliasmos malos, que unas naciones y unos estados han nacido para ser esclavos de otros, sin ser capaces de desarrollar su propia voluntad. Y esto casa muy bien, ciertamente, con lo expuesto en “El Quinto Poder”, en el que vemos a un Julian Assange con una personalidad conflictiva que no duda en publicar todo el material en bruto que encuentra, independientemente de su condición, ya sea el pedido de la compra de papel higiénico de la embajada de Estados Unidos en Quito, o la relación de agentes estadonidenses en oriente medio, sin distinguir entre una serie enorme de datos e información. Y he ahí el problema del mundo actual. Si, tenemos muchos datos, pero no, no tenemos mucha información. Información sistematizada, con un orden, con un esquema. Y ahí entra en juego cadenas como RT, que, escondiendo su imperalismo de parte, acusan el imperalismo de los demás. Como ocurrió con China a partir de 1960-64, que potenció el concepto de Tercer Mundo como seña de identidad frente a los dos imperalismos denunciados por ella, el Yanki y el Soviético. 30 años después se reclamaron ganadores de la guerra fría. Con un par. Y ahora, a cara descubierta, ejercen el imperalismo chino, sobre todo en África donde les dicen que ellos no son como esos malvados europeos, que no les van a decir nada de derechos humanos, ni a poner “la política” por encima de la economía, que si hace falta mano de obra, pueden traer un millón de trabajadores esclavos de china para construir una presa, o lo que sea, con sus guardianes del ejército popular, y que si hace falta, una empresa en áfrica, china, puede soportar las pérdidas perfectamente, porque es pública, y el estado asume el interés del estado, y ya lo pagarán los chinos, a través de las empresas que dan beneficios. Por cierto, este es el modelo asiático de producción que denunció Karl Marx en sus escritos. A veces sería mejor tener marxianos en vez de marxistas. Y, también para esto, necesitamos una UE fuerte y unida. El mundo lo necesita. Y, Ucrania, que haga lo que quiera. Lo que le molesta a Moscú es que Ucrania se siente europea. Quiere ser europea. Y corifeos en Europa ayudan a Moscú, lo sepan o no, como los cinco de cambridge. Como Julian Assange.

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