Konigsberg y el re-dimensionamiento de Rusia

Prussia mapA veces nos encontramos en la historia justificaciones pretendidamente historicistas que no tienen base, y que no son más que una cortina para evitar hablar de la inconsistencia democrática del presente sobre ciertas reivindicaciones sobre ciertos territorios, su presente y su futuro. Mismamente podríamos hablar de cuando las ordas mongolas se acercaron por el este a las zonas de Tierra Santa a comienzos del siglo XIV, en las postrimerías de aquellas cruzadas (que, sin duda, fueron necesarias, y no en el terreno religioso precísamente) y se especula en la historia porqué no se llegó a cuajar aquel acuerdo entre Cristianos y Mongoles contra las huestes del Islam en aquél territorio. Lo que es cierto, es que no se produjo. Donde sí se produjo es, por aquél entonces, cuando los rusos tuvieron que elegir entre apoyar a los escandinavos o a los mongoles, miraron a oriente en vez de occidente.

Stalin se apoyó al incorporar el ahora Oblast de Kaliningrado (recordemos, Kalinin, el único líder soviético de primera hora que pudo llegar a viejo, y no fue purgado por Stalin) en tres motivos muy curiosos, el primero de ellos, la simple y pura venganza contra el pueblo alemán. Y es que cuando los soviéticos entraban en Berlín, se ensañaban con las calles históricas de la capital de la órden teutónica y cuna de Inmanuelle Kant, autor de un libro de la paz perpetua; el segundo, que hasta la llegada de la órden teutónica, esa tierra, era tierra eslava, y tercero, que quería, a toda costa, un puerto en el báltico que no se congelara en invierno. Que pudiera estar libre todo el año para disponer de una proyección más potente sobre el báltico y una salida al mar del norte por ese lado. Lo cierto es que sobre las cenizas de una guerra la legitimidad de absorción de territorio propio del Reich alemán es nula. En cualquiera de los 3 supuestos. Esta es una de las milongas que Stalin coló a los occidentales, pero que carece absolutamente de base, y el tiempo debe corregir, llegado el momento.

De atrás adelante, está claro que los deseos o las cartas a los reyes magos, no bastan. Si le preguntas al gobierno boliviano si cree que debe tener salida al mar, sea cual sea el gobierno, te dirá que si. Si le dices a alguien si le gustaría tener un puerto marítimo abierto todo el año cuando los que posee se congelan la mitad del año, la respuesta es, lógicamente, si. Pero, lo mismo que los vascos pudiéramos querer tener una base naval sobre un territorio de nuestra república en Benidorm, sería más un deseo utópico que otra cosa. Aprovechar una guerra, por más que sea, para un derecho de conquista, sobre, supongo, una presunta res nullis, es inconcebible, sobre todo en el siglo XX. Si Rusia no tiene más salida al báltico que San Petersburgo, pues mala suerte. Suiza o Andorra no tienen salida, junto con Bielorrusia, a mar alguno. Así de tozuda es la geografía. Y asumir lo que uno es y tiene. Sin más.

El tema de la história siempre es resbaladizo, y más cuando ruso y eslavo no son equivalente ni asumible como sinónimo. La historia de Rusia comienza, oficialmente, según su historia, artificialmente fabricada con Aleksdr Nevski siglo XIII (en realidad el nombre Rusia no aparece en la historia hasta Ivan el Terrible, siglo XVI). Nevski, al que los rusos consideran el mayor héroe de su historia y que es considerado un santo por la iglesia ortodoxa oficial, no deja de ser un mercenario (como el mio Cid respecto a Castilla y el emir de Zaragoza), que se alía con la horda dorada mongola, frente a la influencia escandinava, es decir el germen histórico de Rusia nace precisamente cuando unos eslavos en medio de unas estepas nevadas prefieren mirar a oriente que a occidente, y rendir vasallaje a los mongoles. Son esas hordas las que destruyen el Kievan Rus, por cierto.

Stalin, cuando acaba la guerra, asume para sí (ya desde 1941-42, en realidad) la visión del fascismo ruso sobre el paneslavismo, que, en la práctica, es tan criminal como el pangermanismo impulsado por el NacionalSocialismo Alemán. Es como si los vascos quisieramos establecer una república sobre Huesca (Osca), Soria, Burgos (Atapuerca), Nájera (Rioja), Santander (Cantabria) y Burdeos (Aquitania). La misma institución política, la misma realidad estatal, sobre todas las tierras que una vez fueron parte del Reino de Navarra, de Vasconia o del Señorío de Bizkaia. Craso error. Es por ello que, independientemente de que, en su día, Koenisberg estuviera poblada por eslavos, o no, en su día, no por ello ha de ser parte de Rusia, eso es, sin duda, imperialismo ruso, y como todos los imperialismos, rechazable, reprobable y condenable. Y merece la pena desmontar las excusas que tapan la realidad de dicho imperialismo.

Konigsberg no es Rusia, así de sencillo, y es algo que Europa debe interiorizar, asumir, y reconocer, aunque sea 70 años depués del final de la Segunda Guerra Mundial. Y, si hace falta, con los plazos que quiera Rusia, poner una fecha para la salida de Rusia de Konigsberg. Eso previamente a empezar a hablar de las diferentes opciones, en las que Alemania, Lituania, Polonia deberán exponer sus posiciones e intereses, además de las propias de la ciudadanía de aquella tierra. “Los Aliados se comprometieron específicamente a apoyar la reclamación Soviética en la partición final, pero cuando el acuerdo fue finalmente firmado en 1990, ese título específico no se firmó.” dice Carlos Quiles en la traducción al castellano de un artículo llamado “Konigsberg (o Kaliningrado según el derecho internacional: Ruso, Alemán, Polaco, Lituano, o simplemente Prusiano?”. Aunque publicado el 27 de febrero de 2009, de actualidad, y, parece, de futuro, porque el asunto no parece vaya a resolverse pronto. Es, sin duda una anomalía. Que debe resolverse. Y de todas las opciones posibles, Rusia es la que no tiene legitimidad para mantener su posición. Re-dimensionar Rusia en este punto no va contra nadie, y ayudará a normalizar las relaciones entre países en Europa.

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