Islam, Democracia y Occidente

Benazir BhuttoJustamente el 10 de Septiembre de 2011 no ocurrió nada reseñable en cuanto a la lucha contra el terrorismo, ni sobre el nuevo órden mundial, al menos, en una escala global. En la pequeña isla de Zanzibar, otrora protectorado británico, que se fusionó en los años 60 del siglo XX con el que fue protectorado alemán, y, tras la segunda guerra mundial, británico de Tanganika, creando la moderna Tanzania, el MV Spice Islander se hundía, con 800 pasajeros y un balance de 240 muertos. Una tragedia que, probablemente, sea más conocida a nivel global que los atentados contra un hotel y un avión israelíes en comienzos de diciembre de 2002, o que el atentado de Bali del 12 de Octubre de 2002, que, siendo una fecha tan manoseada por los españoles, los que más se quejan en ese país de que a veces no cuentan el 11 de marzo de 2004 como fecha de atentado de “Al Qaeda” (como prueba de una esperpéntica teoría de la conspiración), siempre se olvidan, sistemáticamente, del de la isla indonesia. Sintomático.

Ya para el 10 de Septiembre citado de 2011 había muerto Bin Laden, el otrora playboy saudí (curiosamente como el señor Mohammed Atta, supongo que confirmando la teoría expuesta por el principe rebelde de Syriana, de que, los árabes, en tiempos de su abuelo iban en camello, de su padre en ferraris, el vuela en jets y su nieto volverá a ir en camellos) había sido asesinado cual si fuera víctima del lejano oeste. No diremos el final de quién mató a Liberty Wallance porque es de todos conocido, y el que lo conozca, sabe porque no hace falta repetir esas palabras, precísamente, porque son aplicables a este caso de Bin Laden. 2 de Mayo, Otra fecha muy española, por cierto. Y es que fue un español el que dijo “Cuando la fuerza causa estado, la fuerza es el derecho”, un error en el que no puede caer el estado de derecho, garantista de derechos y libertades.

Como me decía un amigo canario experto en países del golfo pérsico está claro que uno de los problemas fundamentales en este momento ha sido y es el apoyo total e indiscriminado de occidente a dictadores de aquellos países. Ojo, lo mismo que hizo occidente en América Latina en los años de la guerra fría, desde un Marcos Pérez Jimenez en Venezuela, pasando por los Duvallier en Haití, las dictaduras chilena, argentina o brasileira o al general Somoza en Nicaragua. Y es que el comienzo a dictadores árabes también comienza en plena guerra fría. Algo que debiera entenderse, tanto en occidente como en aquél oriente. Esto es posible y se sustenta en una clara fragmentación social. Muchos de los países del golfo son muy ricos, sobre todo en  hidrocarburos, y ese dinero les permite una renta elevada y unos ingresos garantizados para la población local. En el sentido original ateniense, de tiempos de Pericles, se entiende. Porque estos países, por ejemplo, Bahrein, o Kuwait, importan muchísima mano de obra extranjera. Para Qatar 2022, de dudosa adquisición, el mundial de fútbol, han participado (y fenecido) trabajadores mal pagados de Nepal o India, entre otros países asiáticos. Por supuesto los chiies tienen pocos derechos. Muchísimos menos, comparativamente, que los que tienen los “palestinos” en Israel, por más que sean considerados ciudadanos de segunda. Un “palestino” sabe que vive mejor de esa manera que en un país árabe. Esa fragmentación social, por ejemplo, en Bahrein, hace que descontando extranjeros, chiies y demás familia, sólo un 30% de la población del país, una minoría, Sunii, apoyada por Estados Unidos y Arabia Saudí, tengan el control del país, en base a una serie de políticas restrictivas y represoras, que mantienen el control en el país. Que garantizan el suministro de petróleo y un estrecho de ormuz abierto, a costa de erosionar la imagen de los Estados Unidos en su apoyo declarado a la defensa global de los derechos humanos, en este caso, subordinados a sus necesidades geoestratégicas y geopolíticas. En el caso del Yemen, fracturado socialmente, y cuyo reflejo fue la división entre el norte y el sur hasta 1990, ocurre parecido. Un problema grave y que es causa y consecuencia de todo esto es el enorme poder de los ejércitos, de las instituciones armadas, en los países, en especial, aquellos árabes y del golfo que emprendieron experimentos de estados laícos. Pues la única fuerza organizada realmente laica, eran las fuerzas armadas. Como por ejemplo, Argelia y Túnez, entrenados por los franceses, o Egipto y Jordania, entrenados por los ingleses.

La fundación de la Turkia moderna fue una especie de revolución francesa para el mundo islámico, aunque aquello ha terminado en lo que es hoy el país, y cual es su entorno, en el que los queridos turcos prefieren la masacre y la muerte de los kurdos del cantón de Kobani antes de ayudarles en la lucha contra los fundamentalistas terroristas de Estado Islamico (curioso que tengan un líder que se autoproclama Califa, sin tener relación de parentesco alguno con el Profeta). Y es que si se quiere ser sincero, hay que recordar que el genocidio armenio sucedió. Y que los kurdos, en cierta medida, participaron en ello. Como hay que recordar que los escoceses participaron en la conquista y colonización de Irlanda, y que los unionistas del Ulster son descencientes de escoceses, fundamentalmente. La historia tiene pros y contras, aspectos positivos y negativos, y hay que recordarlos todos. Y recordar que el primer tribunal internacional pudo haber sido el que juzgara el genocidio armenio, pero dado que no había precedentes, acabó por desecharse. Lo mismo que Estados Unidos iba a haber tenido protectorados sobre los restos del Imperio Otomano, pero al rechazar el Senado el Tratado de Versalles … es historia.

Se habla siempre de expolio económico. Que occidente tiene intereses allí. Y es cierto que eso existe, pero lo que más debe molestar de las denominadas teorías de la conspiración es que niegan absolutamente cualquier papel a los países y actores del tercer mundo. Gentes, colectivos y países occidentales conspiran entre y contra sí por la conquista del poder en el mundo. Y esto es irreal e injusto. Aunque por ello sean muy consumidas y muy populares en los países árabes y del golfo, pues les liberan de toda culpa. El problema es que acusar a alguien externo es muy fácil. Lo verdaderamente jodido es asumir las propias responsabilidades en el mantenimiento del actual Status Quo que puede no gustar, pero que sin aportación endógena no es sostenible. Cualquier situación impuesta no dura, y si dura es que hay, al menos, una minoría adentro que quiere que se mantenga. Y esto se combate no con armas, sino con concienciación, empoderamiento y determinación, con voluntad.

Una vez hubo un proyecto de aprovechar el área sahariana para el uso de paneles solares para la generación de electricidad límpia en un partenariado euro-africano, y sería una idea genial y de futuro. Ójala se pueda plasmar en beneficio de ambas orillas del mediterráneo. Lo que está claro es que occidente no está en guerra con el Islam, como nunca ha sido el caso, por más que se empeñen en demostrar lo contrario. Y es que quien está en guerra es el propio Islam con unas interpretaciones falsas y totalitarias dentro del propio Islam. Algo que el judaísmo y el cristianismo, en su momento, ya pasaron, sufrieron y superaron. Porque, que es la Yihad? Se suele decir que es tomar las armas, pero este que es uno de los 5 pilares fundamentales del musulmán es más bien una prueba contínua de su fe en su Dios, es una lucha interior, en la batalla por la salvación de su alma eterna. Por ejemplo, hacer un Ramadán bien puede ser una victoria en esa Yihad. Concluir otra cosa es falsear interesadamente el Islam, aunque existan suras que apoyen esa idea equivocada. Frases con violencia existen el la Torah, la Biblia y el Corán. Saber que no se puede interpretar literalmente la palabra sagrada, sino contextualizarla en un mundo siempre cambiante es un imperativo necesario a cualquier religión del Libro.

Actualmente el problema a la hora de combatir el terrorismo religioso fundamentalista es que se pone por delante las emociones sobre la racionalidad, y ante esto, más allá del discurso, hay que generar una empatía, un sentimiento, no sólo de pertenencia, de arraigo, sino de que el problema no se soluciona de aquella manera, sino de otra, basada en criterios materiales, sociales, culturales, y con modelos de convivencia en la historia del Islam, en la historia europea y en la medida de lo posible, también, en la africana. Porque primero se va construyendo la realidad, pues todos los días se va haciendo historia, y luego, con los hechos ya sucedidos, es cuando se teoriza sobre ello, y es, por tanto, que no hay que fijarse tanto en la academia, en los teóricos, en pronosticadores sin futuro, ni oficio ni beneficio, sino en el marco de lo posible, con la gente, con los pueblos, con las instituciones, con lo tangible, con los intercambios, viajando, participando, desarrollando marcos compartidos. Caspian Report llegó a concluir que la mejor manera de combatir desde occidente Estado Islámico era retirarse de allí, europeos y estadounidenses. Y que, llegado el momento, Turkia, Egipto e Irán se emplearían a fondo, por su propio interés, a combatirles y derrotarles. Aparte de señalar que una derrota militar de EI no significaba su eliminación como problema, sino que debía venir acompañado de otras cuestiones. Lo que trasluce esta idea es que sin duda va a ser un combate largo, duro y, por supuesto, difícil. Y que los que están en primera línea de combate, en el fondo, son los propios países, las propias sociedades, pues son ellos los que deben ganar o perder esta guerra, y son los jordanos, los kurdos, los sirios, los irakies … y los occidentales, si, hemos de estar allí a su lado, para lo que nos pidan. Una Europa segura lo será cuando el mundo árabe y pérsico estén estables y en paz.

“Dejar caer a Israel”. Hay quien en comienzos del siglo XXI llegó a teorizar si con este hecho cesarían los problemas de los terroristas musulmanes fundamentalistas con Europa. Y se equivocarían tanto como los que pedían un inmediato ingreso de Israel en la UE y en la OTAN, cuando estas organizaciones internacionales tienen retos suficientes con los balcanes occidentales y con Ucrania, al menos a corto y medio plazo, como para pensar en planes tan complejos. Aunque no sea muy popular hay que dejar sentado que Israel, con todas las imperfecciones que pueda tener, es una democracia, que tiene derecho a decidir, que en general, si bien mejorable, tiene un trato bastante digno, comparativamente hablando, con las minorías nacionales dentro de sus fronteras, y que tiene derecho a seguir existiendo, y a ser la patria de los judíos. Y, por tanto, la existencia o inexistencia del estado hebreo no cambia en absolutamente nada el futuro del combate actual con aquellos que no quieren la paz y la convivencia, ni dentro del islam, ni entre el islam y el mundo.

Concluyendo y finalizando pues, se puede citar a Toby Ziegler cuando dijo “Nuestro Problema era con Mussolinni, no con Italia”, y, parafraseando, el problema no es el Islam, sino aquellos que se escudan en el, para ir a una guerra, para lograr poder, a costa de excusas, como ha habido muchas de este estilo en la historia a lo largo y ancho del mundo. No hay una guerra contra el Islam, sino contra los terroristas. El trabajo por hacer es largo, duro, difícil, pero es lo que toca, y esto hay que superarlo, lo mismo que se superó la guerra fría. Aunque es posible que donde los militares y políticos soviéticos asumieron bastante deportivamente su derrota (al menos durante los siguientes 15 años, ahora habría que matizar bastante, convertidos aquellos, como Putin, en neoliberales y neoconservadores imperialistas del paneslavismo), en el caso de estos terroristas fundamentalistas, el trabajo va a ser seguramente más complejo y complicado. Aún así es seguro que la batalla se dará. Y el terrorismo será derrotado a manos del Islam. O el Islam morirá a manos del terrorismo. Ya veremos.

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