Cantabrismo desde Santander y el arco de la bahía

OLYMPUS DIGITAL CAMERACantabria es la patria de los cántabros y Santander, como su capital, debe ejercer su liderazgo desde su ámbito natural de actuación: el arco de la bahía. Cantabria una patria de ciudadanos libres, para una patria libre, en la que los nuevos cántabros se sientan igual de acogidos que los que llevan más tiempo. En este punto hay que hacer una doble negación para una afirmación rotunda al final: ni somos ciudadanos de un lugar llamado mundo ni tan sólo la vecindad administrativa en Cantabria hace a uno cántabro. Somos cántabros quienes vivimos en Cantabria y queremos serlo, y apostamos por trabajar y cotizar y pagar impuestos en Cantabria. Y esto asume como cántabros a quienes, por la razón que sea, han tenido que emigrar, bien en épocas lejanas, bien por la actual crisis, a otros continentes, a Europa o a otras partes del Estado. Y no somos ciudadanos de un lugar llamado mundo, fundamentalmente, porque no creemos en una justicia social independiente del territorio, sino, al contrario, creemos en una Justicia Social, pero que emana de una solidaridad muy concreta de gente muy concreta, que ejerce la economía productiva en un territorio en concreto, que ejerce la solidaridad porque forma parte de su identidad, de su forma de ser y estar en el mundo, y está en el sustrato colectivo de un pueblo que, para algunos, se fosiliza en el año 19 antes de nuestra era, y este sentimiento, el denominado de pérdida, es muy negativo, porque es radicalmente renuente al cambio, a la evolución, al futuro, y limita nuestras potencialidades.

Cantabrismo desde Santander y el arco de la bahía no es ni más ni menos que la forma de ser cántabro desde la zona que concentra la mayoría de la población de Cantabria. Desde el ámbito urbano se tienen unos códigos, unos usos y costumbres urbanos distintos, que no son ni mejores ni peores que los otros, los rurales, sino que han de ser vistos como complementarios, porque, de hecho, lo son, a semejanza de la bandera oficial de Cantabria, que es blanca y roja, a dos mitades, y es el escudo lo que les es común y las integra en un elemento compartido: la propia comunidad. Es por esto que un tratamiento diferenciado al arco de la bahía y al resto de la Cantabria periurbana no tiene sino que significar una realidad objetiva: igualdad en los principios, desigualdad en los medios.

Avanzar desde Santander supone tener hecho, con carácter previo, un modelo a futuro de lo que se quiere que sea la ciudad, un modelo de futuro de ciudad, de comunidad, un modelo de ciudad, lo mismo que se debe tener un modelo de Cantabria ideal. Hacia que escenario se quiere dirigir en los próximos 50 años, para, de esta manera, poder afrontar los retos dentro de un marco conceptual que evite lo que parece evidente en estos momentos en Santander y el arco de la bahía, a nivel institucional, como es la improvisación. Santander no puede ponerse de espalda ni a la bahía ni al arco de la bahía, ni de manera física, ni de manera conceptual. Y tanto los proyectos del Frente Marítimo como de desintegración comarcal han ido en esta línea, a la par que han sido derruidos con la instauración de la crisis, primero económica, posteriormente política, instigadas y profundizadas por el Partido Popular. Afortunadamente, desde instancias de partido, el PRC ha ejercido la labor modélica de integrar el arco de la bahía en una sola voz cantabrista, una voz plural, de integración, de solidaridad, de base humana y cívica, adoptando como eje vertebrador la propia bahía de Santander.

OLYMPUS DIGITAL CAMERASantander y el arco de la bahía acogen un porcentaje muy importante de la población de Cantabria, pero la ciudad de Santander pierde población año a año, y podemos decir con certeza que el límite de 175.000 habitantes a partir del que se entra en el marco de la ley de grandes ciudades corre riesgo de sobrepasarse a la baja. Es en este sentido en el que la base del cantabrismo ha de ser protegida: la ciudadana y el ciudadano. Porque cantabrismo no es sino la forma de ser cántabro, de denominar a un cántabro dueño de su futuro, en solidaridad con los demás, pero consciente de quien es y donde se encuentra en el Estado, en Europa y el mundo. España, el estado de los cántabros, ha tenido muchas veces la palabra Familia como palabra clave en un discurso público construido desde la falsedad y la desidia: España no tiene política de Familia. No la protege, no la defiende. Y es ahí donde el cantabrismo, desde Santander, desde el arco de la bahía, desde Cantabria, potenciará, como ya lo ha hecho antes, la solidaridad y la cohesión social de las y los cántabros. También los del arco de la bahía. Con dos objetivos. Primero, cortar el despoblamiento progresivo al que nos avoca el Partido Popular. Segundo, potenciar un equilibrio en la densidad de población dentro de cada ciudad y cada comarca. Obviamente, en época de crisis, la Familia es la red de solidaridad básica, y la que permite el mantenimiento de un orden social equilibrado y sostenible. Este valor, nítidamente cántabro, ha de ser protegido y preservado. La unidad básica social es la Familia. En sus diferentes variantes, obviamente. La sociedad ha cambiado. Y hemos de asumir las nuevas formas de familia, lo mismo que asumimos a los nuevos cántabros, sean estos de Villacarriedo, del Puerto de Santa Maria o de Senegal.

Un modelo de sociedad avanzada con derechos sociales profundos ha de estar basada en la productividad económica, en la creación de riqueza que haga posible esa prestación de esos derechos sociales. Uno ha de tener el autogobierno que pueda autosustentarse económicamente. Para favorecer un equilibrio en las famosas balanzas fiscales. Obviamente hay que ser solidarios, pero dicha solidaridad tiene unos límites, tanto para quien la ofrece como para quien la recibe. No es bueno ser donante neto por encima de un porcentaje (con una cifra porcentual de un dígito suficiente) como ser receptor crónico de solidaridad en el mismo porcentaje. Es por ello que potenciar la actividad económica de calidad es un imperativo moral, ético, y, sobre todo, ciudadano. Ejemplo de ello lo tenemos en la diferencia de trato entre el gobierno actual y los anteriores, en sus promesas y sus actitudes posteriores, de creación de empleo uno, de destrucción del mismo el siguiente. Y esto puede parecer retórico, pero se concreta en el PCTCAN de Santander y como han ejercido el tacticismo. Como no se ha impulsado un verdadero parque que apueste por la Investigación, Desarrollo, Innovación e Internacionalización de las empresas de cantabria. Como no se ha ayudado de manera clara a las Pequeñas y Medianas empresas. Como el cosmopaletismo, una visión cerrada y presuntamente universal y cosmopolita, pero una coartada para la deslocalización de empresas, ha llevado a alcaldes populares a tensar la cuerda demasiado con empresas, y estas han acabado por trasladarse a otras zonas dentro de nuestra región, o fuera de ella. Ejemplo de esto es la no presencia en Santander del famoso Bunker del Banco Santander, que está en Medio Cudeyo. Y esto es también el no apoyo al emprendizaje en la ciudad de Santander a personas jóvenes, verdadera y necesaria savia nueva de la ciudad, que acaban por realizarse en otras ciudades, fuera de nuestra comunidad. Un gobierno de Santander, del arco de la bahía y de Cantabria han de invertir esa tendencia, abriendo la mano a nuevas experiencias.

Cultura del emprendizaje. A diferencia de otras latitudes en Cantabria la famosa frase de “que inventen ellos” ha tenido notables excepciones. Aún así, la cultura de la innovación ha de ser profundizada, dotarle de la libertad suficiente como para que se puedan concretar en realidades. El mayor problema, además del dogmatismo, se encuentra en condenar los errores como si fueran pecados. La innovación se basa en el sistema de error y acierto. Muchos errores que acaban por llevar a un acierto. Sin práctica, no se avanza. Y esto sirve tanto para el Doctor Fleming o la Doctora Marie Curie como para todas las StartUp que se han creado en los últimos años en Sillicon Valley. Fallar no es fracasar. Es un punto en el camino a algún éxito. Y debemos darle esa opción a nuestras y nuestros jóvenes. Darles la opción a fallar. Y de hacerles responsables de esos fallos. De ello se proyectarán ideas y proyectos provechosos. Y esto, también, nítidamente cántabro, puede ser un modelo propio que ejemplifique una forma depurada cántabra de entender el futuro de la economía, en constante movimiento hacia el futuro.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAUna economía próspera y que genera economía productiva, con gente, ciudadanas y ciudadanos que trabajan y producen beneficios que se re-invierten en la propia comunidad, necesita de energía para poder ser autosuficiente. El Fracking es la última técnica puesta encima de la mesa, y, probablemente, habría que contar con todas las energías posibles para el futuro de Cantabria, pero hay dos elementos que van en contra del uso de esta técnica. Una, que la posible bajada del precio del barril de crudo por debajo de los 80 dolares haga escasamente rentable el uso del Fracking. Al menos en Europa. Segunda, que la técnica no está depurada como para tener consecuencias relevamentes, y, parece ser, perjudiciales. Por lo que, por lógica, merece la pena, dentro de lo posible, postergar el uso efectivo de esas reservas a un futuro en el que puedan ser utilizadas en un formato más limpio y razonable. Y es que las llamadas energías renovables deberían ser un elemento central para la autosuficiencia energética de Cantabria. Y, no sólo eso, sino, para exportar, llegado el caso, energía a regiones cercanas, fundamentalmente, para hacer innecesaria la Central Nuclear de Santa María de Garoña, radicada en Burgos. Hay energías renovables y Cantabria tiene potencial para avanzar en esa senda, tal y como demostró el anterior gobierno, a pesar del desmontaje ejercido por el actual gobierno. Por otra parte, ejercer una política de ahorro energético por parte de la sociedad y las instituciones ayudará a diversificar el sobrante hipotético energético en nuevas industrias, nuevas empresas.

Santander tiene un tejido comercial que otras ciudades no poseen y la política puede y debe entrar en un ordenamiento, dentro de lo posible, que regule la protección de esas pequeñas y medianas empresas, que son las que hacen ciudad, las que fomentan las relaciones sociales, humanas, de proximidad, a nivel de calle. En una ciudad como Santander y el arco de la bahía el equilibrio entre las grandes superficies y la defensa de las unidades más pequeñas ha de ser de iniciativa política e institucional. El beneficio que ofrecen potenciar el comercio urbano es superior al contable. En mercados urbanos, como la esperanza, tetual o el este. Son elementos que vertebran ciudad. Hacen ciudad. Y esto es también ejercer el cantabrismo, ejercer la forma de dotar de seguridad a equipamientos privados necesarios en Santander y el arco de la bahía.

Otras ciudades tuvieron como lema “ciudad de vacaciones todo el año”. Fundamentalmente oriendado al sector de los jubilados. Este no puede ser el modelo de ciudad para Santander, sino una ciudad para vivir, una ciudad para crear, una ciudad para sentir, una ciudad para ser, una ciudad para decidir. Una ciudad que ejerza el liderazgo de su entorno. Y como líder de su entorno, tenga turismo, si, obviamente. Y que sepa distribuir el ingreso de visitas tanto por vía aeroportuaria (Parayas, el anterior gobierno puso en números cómo se hace), portuaria y por carretera. Ejercer un atractivo turístico ha de hacerse de manera sostenible, obviamente, para no aniquilar un nicho turístico, y de esto hay ejemplos en el estado de mala gestión de política turística. Para tener turismo, primero hay que tener claro cual es el nicho turístico que se quiere, y diversificarlo, estratificarlo. Y tener claro que se puede ofrecer, y para quien. Y, como en todo lo demás, pero especialmente en esto, tener claro que el valor añadido, aquello que sólo se puede obtener aquí, es el valor, el sabor, el olor … a Cantabria. El valor añadido de Cantabria es … Cantabria. El cantabrismo. La forma de ser y hacer aquí. Hay otros lugares muy bellos en el mundo, pero para que vengan a Cantabria hay que saber que ofrecer, y esto no es sino lo que uno es.

OLYMPUS DIGITAL CAMERACantabria, si algo tiene, es el paraíso de la prehistoria. Aquello que la hace singular, dejando a salvo la importancia de la historia posterior, su relevancia y necesidad de divulgación, es aquello que está debajo de la tierra, en las cuevas y cavernas de toda Cantabria. Y ese elemento debe y necesita estar presente en su capital como elemento nuclear de un sistema cultural que refleje la pluralidad de destinos de Cantabria, pero siempre desde su capital, como centro de distribución, centro interpretativo, y que de cohesión y coherencia a todas ellas. Un museo, digno museo, que refleje el pasado complejo y rico de la región. Empezando por la arqueología y la prehistoria. Cultura y museos como forma de reflejar lo que hemos sido. Está claro que la nación la construimos todos los días. Todos los días hacemos historia. Pequeña, pero importante, historia. La historia es el suelo. Es lo real, lo existente. Sin ella pretenden que seamos como sectas. Por eso nos la niegan. La voluntad de la gente, la necesidad de ser, es el salto que la sociedad hace. Y las ideas, la ideología, es la dirección de ese salto. Sin ellas el salto puede ser hacia cualquier lugar, como un pollo sin cabeza. O como cuando uno está buceando y no sabe hacia adonde se dirige, y en vez de ir hacia la superficie uno se sumerge más y más hacia lo profundo. Desde la sociología, ya hace muchas décadas, se estableció la llamada construcción social de la realidad. Y desde la psicología se establece que el cerebro humano, la mejor máquina existente, observa la realidad con unos códigos aprendidos socialmente. La realidad no es objetiva, sino subjetiva. Por tanto, el marco natural, la comunidad, ha de desenvolverse de manera natural, dentro del marco constructivo que ejerce la humanidad desde que es tal, en todos los rincones de nuestro pequeño mundo. Además de esto hay que tener claro que, enfrente, desde el siglo XIX, desde cero, se ha construido, ex novo, un nacionalismo de suma cero, el más peligroso de todos los nacionalismos: aquel que para afirmarse a sí mismo, necesita negar la existencia de los demás. De los demás nacionalismos y de todo aquello que estorbe la realidad de ese nuevo nacionalismo. El nacionalismo español en nuestro caso. Que ha sido muy perjudicial con respecto a las denominadas periferias en el estado español. Y en la construcción de una historiografía propia, que se refleja, o debería, en museos y realidades vivas en ciudades, comarcas y pueblos de Cantabria.

Un ejemplo de nacionalismo español es el erigir dos banderas con un sobrecoste enorme en Puertochico y en el parque de las Llamas como consecuencia de la retirada de la estatua ecuestre del último dictador del estado español. Retirada que era necesaria para la apertura de una salida racional a un parking en la zona del Ayuntamiento de Santander. Aunque mucha gente pudiera desear su sustitución, parcial o total a lo largo del año, por la bandera oficial de la comunidad, o por la bandera del Lábaro, nos comprometemos a no gastar dinero en obsesiones identitarias innecesarias. Porque está claro que, en este caso, la sobre exposición de la simbología nacional española revela una carencia de algún tipo en el fondo. Eso si, de la misma manera que se anima en fechas como el 12 de octubre a exhibir la bandera española, por la necesaria reciprocidad, se debe hacer el mismo llamamiento para con las banderas de Cantabria llegadas las fiestas de la comunidad, pues, se supone, todas son banderas igualmente españolas.

Santander y el arco de la bahía han de avanzar en su integración, desde sus valores propios, desde su identidad, su territorio, su memoria y su relato propios. Con sus códigos y usos urbanos. De abajo hacia arriba, siguiendo el modelo europeo de la subsidiariedad. Subsidiariedad que se debe concretar en el hecho de compartir competencias, compartir servicios, compartir instituciones. Hay ejemplos de esto, no muy lejanos territorialmente, de instituciones multinivel que ejercen las competencias de manera compartida (las diputaciones forales y el gobierno vasco). No todos pueden ni deben hacer de todo, pero se puede distribuir una competencia entre varias instituciones que se complementen y se completen, y la competencia completa la ejerzan entre varias instituciones, siempre desde un modelo que teorizó el que fuera Presidente de la Xunta de Galicia, Manuel Fraga, como es la administración única autonómica. Seguramente para profundizar en esto haya que modificar la Ley Municipal y la Ley de Comarcas. Un marco cántabro propio. Con voluntad política seguro que se puede avanzar en esta línea de hacer sostenible y sostenido el entramado institucional cántabro, santanderino, del arco de la bahía, desde la proximidad al ciudadano.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA1998/1999 fue la última vez que se actualizó el Estatuto de Autonomía de Cantabria. La presente legislatura, desde Presidencia del Parlamento, se han negado incluso a hacer una ponencia parlamentaria para estudiar el grado de cumplimiento de dicho texto legal, que es una ley orgánica de obligado cumplimiento para todos. Uno de los valores cántabros es la cultura del pacto, del respeto a la palabra dada, la no necesidad de firmar un documento para estar obligado a su cumplimiento. Seguro hay elementos, sobre todo del marco europeo, que necesitan ser incorporados al marco autonómico. Cada cierto tiempo no es malo actualizar puntualmente el marco de convivencia para cántabros y cántabros, dado que la convivencia es dinámica y nunca estática. Hemos de perderle el miedo a desmitificar la letra, acordando darle ese valor al espíritu que impregna el marco autonómico. Y reconocer que es el principio democrático y no ningún valor historicista el que nos constituye en comunidad por nosotros mismos.

Integración urbana. Que no continuo urbano. Una cosa es hacer una ciudad vivivle y viva. Otra es abusar del cemento. Un equilibrio entre el entorno natural y urbano es necesario. El modelo del Parque de las Llamas o del Parque Litoral es necesario para un futuro equilibrado de la ciudad de Santander y de su entorno. Una ciudad que ha credido, quizás de manera equivocada, aunque ya sea tarde, por la acumulación e integración de antiguos municipios. Está claro que cada ciudadanas y ciudadano, cada pueblo y ciudad ha de avanzar en el reconocimiento de su propia autoestima. Quererse como es uno, ni más ni menos, ni mejor ni peor. Y, para una mejor integración comarcal y regional, es preceptivo entenderse y quererse a uno mismo. Saberse y conocerse es un proceso necesario para poder entender que no es necesario copiar ni plagiar, y como, en otros casos, el mejor modelo para Santander, el arco de la bahía y la propia Cantabria saldrá, irremediablemente, de la propia Cantabria. Y, servirá, únicamente, para Cantabria. Aunque sea un modelo de éxito y acabe por triunfar en su desarrollo. Porque así debe ser. Desarrollo endógeno.

La inexistencia de un Continuo Urbano evidencia la necesidad de una accesibilidad y modelo de transporte urbano. Uno de los elementos de integración ha de ser la propia bahía. Sobre ella ha de potenciarse un modelo moderno y sostenible de interconexión entre los pueblos que dan a la bahía. Y establecer un modelo de transporte público de calidad, actualizado. Con un Transporte Urbano de Santander (TUS) que responda a las líneas y paradas que la gente utiliza hoy, actualizando el servicio. Integrar tren de Renfe y Feve, quizás bajo cierto control local o autonómico sea necesario. Sobre acuerdos no respetados todos nos acordamos el tema del Tren de Alta Velocidad. No sabemos si llegará, ni cuando llegará. Nuestra apuesta es la doble, como siempre: conexión con Europa a través de Bilbao y con la meseta, con Madrid, Andalucía y Portugal, en la esperanza de que algún día, se avance en el túnel del estrecho de Gibraltar y la conexión con África. Y para cuando ese momento llegue, deberá ser en las actuales estaciones, en el centro de Santander. Lo cual no impide que la zona de las actuales vías, en el entorno del distrito 5, Marqués de la Hermida y Calle Castilla, pueda tratarse puntualmente sobre la base de una idea a largo plazo para la zona. Una idea que valorice lo público, los equipamientos urbanos dirigidos a la sociedad, que ejerza la labor de integración de las zonas en las que se distribuye Santander, y hacer accesible todas ellas a toda la ciudadanía. Sobre todo en una que es la puerta principal por tierra de la propia ciudad de Santander.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAEnlazando con lo anterior, es evidente que no se puede ejercer el trazado de vialidad como si a todas horas fuera hora punta, y el cortocircuiteo del parque de las Llamas por la variante no debería ser una prioridad, porque la segunda fase de dicho parque es mucho más necesaria para el entorno urbano. Hemos de buscar el necesario equilibro entre el derecho de las y los ciudadanos al acceso en transporte privado individual (siempre potenciando elementos como el compartir el vehículo, apostando por híbridos y eléctricos) con un transporte público que ha de planificarse con sentido común, dentro de las posibilidades reales que otorga la orografía de la propia ciudad de Santander, en el caso de los urbanos, y con lanzaderas que conecten con rapidez y eficiencia el entorno del arco de la bahía con el centro de la ciudad. Una ciudad que será o intentará ser Smart City, pero que aún se maneja en términos más pedestres y que, aunque la penetración de las redes sociales sea importante y relevante, y a no dejar de lado, la red social más utilizada en Santander es la del establecimiento socio-cultural de difusión de productos gastronómicos: el bar y el restaurante. Y asumir que la mayor existencia de información, no implica mayor formación, ni mayor comprensión de dicha información accesible. Necesita un procesado que, actualmente, ni está ni se le espera, y una sociedad formada en nuevas tecnologías que brilla por su ausencia. Relativizar esto no supone negar su importancia, sino reconocimiento de todo lo que queda por hacer.

Santander y el arco de la bahía han de ser el espacio de convivencia de sus ciudadanas y ciudadanos. Apropiarse del espacio público no es ningún peligro: es una necesidad. Apropiarse en el sentido de hacerlo suyo, de la gente, que es, en el fondo, quienes lo han “pagado” y está destinado a ellos. Fomentando una cultura de participación, que ya viene recogida en la constitución española de 1978, y que debe desembocar en una mayor implicación de la gente, de la sociedad, de la ciudadanía, en la valoración y gestión de lo público, mucho más allá de la elección de representantes, en su caso, en cada elección, cada 4 años. Profundizar en el derecho a ser consultados conlleva una formación en ciudadanía, en empoderamiento de la gente, de nuestra gente, que debe avanzarse con paso firme, pero sin prisa. Y que, en todo caso, puede llegar a hacerse como en Suiza o Estados Unidos, unido a otros procesos electorales. Y que, además de este, hay otros muchos elementos de participación y democracia participativa que pueden usarse y ejecutarse y que pueden servir al doble objetivo, de valorizar lo político, lo de todos, y valorizar lo público, el espacio de convivencia.

Valorizar lo público implica, por ejemplo, no hacer peatonalizaciones de calles por voluntad espontánea, sino enlazar con planes y proyectos multisectoriales que vayan en la línea de integrar sectores, gastronómicos, comerciales, sociales … valorizar lo público significa poner en valor la relación publico-privada, iniciativas compartidas, desde un punto de partida de fortaleza de ambas realidades, a semejanza de la relación entre el poder ejectutivo y legislativo en Estados Unidos. Obviamente no debe entenderse como un elemento de imposición de un modelo privado a lo que hasta hace poco era público. Potenciar lo que ya es público no debiera verse como una limitación de la actividad privada, que debe potenciarse igualmente. Porque es el tejido empresarial y comercial quien, en el fondo, crea de manera efectiva riqueza, empleo … y es la base para la red que hace a una ciudad, comarca, región … algo vivible, algo vivo, algo con actividad, dinámica. Cuidar y potenciarlo es lo que hace que, por un lado, se pueda redistribuir la riqueda siguiendo el modelo del velo de ignorancia de John Rawls, y, de la misma manera, poder pagar las instituciones de autogobierno que gestionan los derechos de la gente en educación, sanidad y servicios sociales públicos y de calidad. Es por esto que las sinergias compartidas entre lo público y lo privado, porque se deben complementar y potenciar mutuamente hacia una prosperidad sostenida y sostenible. Siempre renovándose. Nunca de manera estática. Y para ello, el marco legal y conceptual ha de ser igualmente dinámico.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAEducar en valores, educar desde el cantabrismo. Educar para una ciudadanía consciente de su valor, de sus poderes como ciudadanos, que son los derechos y deberes tanto individuales como colectivos, pues, está claro, ningún ciudadano nace en soledad, ni, tampoco, nace en una comunidad etérea, sin más. Este ha sido el problema de todos los totalitarismos, aceptar una realidad y negar la otra. En base a la declaración universal de los derechos humanos de 1948 y el resto de textos legales, amparados y respetados por el artículo 10 de la Constitución Española de 1978, es necesario enseñar reglada e informalmente a la ciudadanía de cantabria el valor, histórico y cívico, de ser ciudadana y ciudadano cántabro, tanto en su vertiente propia cántabra, como española como europea. Cultura, historia, tradición, pero también derecho propio, instituciones propias … y sus gentes: las pequeñas historias de la historia, la historia popular del pueblo de Cantabria. Elementos que deben tener su reflejo en el callejero de Santander y el arco de la bahía. En hasta 100 casos del callejero de Santander se debe sustituir un resto del antiguo régimen por nomenclaturas más propias de la realidad democrática de nuestra comunidad. Aprovechando para, debajo del nombre, colocar una frase ilustrativa del porqué de ese nombre para esa calle. Pedagogía desde el propio nombre de las cosas. Desde lo pequeño a lo más elaborado.

Arco de la Bahía como espacio de referencia. Sin límites, más que los decididos por nosotros. Y es que lo mismo que el arco de la bahía debe ser el líder de Cantabria, es uno de los ejes del entorno natural del Ebro, con cabeceras en Santander-Bilbao y Barcelona-Valencia, y centro en Zaragoza, y que es una vía natural de comunicación y desarrollo, tanto a un lado como al otro de los pirineos. Y que se complementa con el llamado arco atlántico, de muchos pueblos que tuvieron tratos con los celtas, y que, lo sean o no, se reúnen en los juegos célticos, que tuvieron, en la pasada década, sede tanto en Getxo como en la propia Santander. La dimensión nórdica con respecto al Mar Cantábrico / Golfo de Bizkaia es un elemento importante que debe ahondar en la dimensión exterior de Cantabria, desde las relaciones exteriores establecidas en su propia história. Una vez más, desde lo más reducido a lo más universal, sin perder el valor de lo propio. Pues el único que ha avanzado en el mundo globalizado, como afirma el premio nobel de economía, Stiglitz, es quien en mayor medida ha asumido las riendas de su propio futuro. Y que engarza en aquel lema de pensar en local, actuar en global. Actuar en local, pensar en global. De Cantabria al mundo, sin dejar de ser cántabros.

De Cantabria Gran Reserva a Cantabria infinita va un mundo de matices, aún a pesar de ser dos lemas de pasados gobiernos de la comunidad. Anidan dos concepciones de nuestra comunidad. Dos formas de ver su pasado, su presente y su futuro. La primera engarza bastante bien con la idea de Cabárceno, pero traspuesta al ser humano: una metáfora de algo estático, que se enseña, pero que nunca cambia. Y quien quiere cambiar se tiene que ir. Emigrar. La segunda engarza con fuerza la idea de que hay mucho en Cantabria, dentro de ella, y que esos elementos pueden combinarse y recombinarse para un futuro siempre cambiante e infinito de posibilidades, de opciones. Es en este sentido en el que hay que entender como una insensatez el hacer dumping laboral y con el territorio con ofertas debajo de precio común para la instalación de industrias en Cantabria. Porque refleja una mentalidad franquiciada, que se basa en el enfrentamiento de territorios y personas, para mantener el status quo actual, manteniendo un esquema general insostenible en el estado español, sin dar solución de continuidad al necesario cambio de modelo productivo tras la explosión de la burbuja inmibiliaria, y la inmoral utilización del suelo en la construcción de casi todo en casi cualquier lugar y condición. Eso, en cantabria, afortunadamente, se ha limitado mucho, en buena medida, por los valores propios del cantabrismo.

OLYMPUS DIGITAL CAMERASi algo nos ha demostrado la crisis es que hay tabus que se han roto, y lo han hecho para siempre. Uno de ellos que la constitución es inmutable. Si PP y PSOE, PSOE y PP, en 8 horas, bajo el supuesto mandato de “Bruselas” son capaces de llegar a un acuerdo y modificar el artículo 135 de espaldas a la ciudadanía española, se puede modificar para otras cosas. Y de ahí hacia abajo otros tabus se han roto. Y la cadena no parece se vaya a parar. Lo mismo que acuerdos de la época de la transición, rotos de manera unilateral por una mayoría absoluta, demuestran que una mayoría absoluta de otro signo puede legislar de otra manera, sin detenerse en una excusa que ha limitado en el pasado: para las grandes cosas, es necesario el acuerdo con los grandes partidos españoles, aunque se tenga mayoría absoluta. Es imposible asumir que se tenga una doble votación por parte de los partidos franquiciados: los que tienen su sede en Madrid, y en Santander tienen una oficina con un grupo de subordinadas y subordinados. A partir de ahora, en caso de negociar, deberá tenerse en cuenta que con los partidos franquicia debe negociarse sólo una vez. Porque son lo mismo. Aquí o allí. Que ellos se arreglen en su casa, sus problemas internos. Lo que no puede ser es que externalicen sus asuntos internos, y nos privaticen los beneficios obtenidos en las negociaciones entre partidos. Que usen Cantabria y las y los cántabros para luchas partidistas y partidarias que nada tienen que ver con nosotros. Eso debe acabar. Y una forma de hacerlo es potenciar el cantabrismo, primero en las formaciones propias de Cantabria, y, si se animan, en las franquiciadas. Porque todo esto, en el fondo, como cántabras y cántabros, también les pertenece.

Identidad, Territorio, Cultura, Tradición, Memoria y Relato. Cantabrismo. Ser cántabros, decidir serlo, vivirlo, demostrarlo, impregnar con ello todo lo que hacemos en nuestra vida, eso es nuestra forma de ser patriotas, de ser españoles. Otros son muy patriotas de boquilla, hacia el exterior, hacen profesión de fe, pero, en el fondo, es una excusa para otras cosas. Y se ha demostrado. También por su escaso patriotismo con los de arriba. Con “Bruselas” y con líderes europeos y mundiales. Sólo lo son con nosotros, los de abajo, con comunidades autónomas, provincias (una institución a eliminar, junto a las 38 diputaciones provinciales de régimen común, que fueron el café para todos en esa insensatez del reparto de Javier de Burgos de 1833, premiado con un ministerio) y ámbito municipal. Utilizar una bandera, o el mástil de esa bandera, para arremeter contra un tercero no es sino prueba evidente de un nacionalismo de suma cero. Las banderas, las patrias, deben servir para unir, integrar, asumir los nuevos retos, y afrontar el futuro desde el ser para decidir. Siempre decidimos. Incluso dentro de una familia se acuerda, se negocia, se pacta las cuestiones importantes, y de convivencia entre las unidades que la integran. Y así debe ser. Sociedades abiertas, como la define Karl Popper. Así debe ser nuestra Cantabria.

Carlos Salvador, diputado de UPN en el Congreso de los diputados, afirmó que en España lo que debía hacerse era una extensión del modelo foral Navarro al resto de comunidades. Tal vez por aquello del café para todos, y la necesidad de una reordenación, en vez de las 17+2 comunidades, deba reducirse su número a 10 o 12, dado que hay comunidades sin tradición autonomista que la han ido adquiriendo en los últimos 35 años. Pero, dejando de lado este hecho, está claro que una profundización en el hecho del ingreso, una mayor co-responsabilidad en el ingreso, ligada a la capacidad de gasto y su limitación por parte de las comunidades ayudará a estabilizar el sistema, toda vez que el mayor ente con duplicidades y triplicidades es el propio estado que, a veces, visualiza las comunidades y entes locales como enemigos del estado o extranjeros de un sistema al que en teoría pertenecen. Es por ello que los principios de transparencia y eficacia deben instalarse, junto a la ya citada voluntad de reciprocidad. Sin reciprocidad y reconocimiento mutuo no hay posibilidades de autogobierno real. Y es por lo reconocido a las formaciones franquiciadas por lo que es necesario aquello que el histórico jeltzale Juan de Ajuriaguerra dijera a los dirigentes del PNV en la transición, y es que debían de estar presentes allá donde se decidiera el futuro de vascas y vascos, aunque fuera en un congreso de bomberos. Y es por eso que, lo mismo que se encuentran representados partidos no franquiciados vascos, asturianos, gallegos, navarros, valencianos, canarios … es necesaria una voz clara, nítida, propia, sostenida y directa de las y los cántabros en el Congreso y el Senado. Y en el Parlamento Europeo. Y si no puede ser a través del PRC, que se apoye en formaciones amigas que piensen, para sus tierras, regiones o nacionalidades, de la misma forma que para con cantabria piensa y actúa el PRC, cabeza y líder del cantabrismo. Esas alianzas son fundamentales y necesarias, no ya para el Partido Regionalista de Cantabria, sino para la misma Cantabria, en la medida de generar sinergias compartidas, a nivel de partidos y territorios desde una óptica en la línea de lo que decía el lema de Andalucía, tal y como lo proyectara Blas Infante: por sí y la humanidad.

OLYMPUS DIGITAL CAMERACantabria y el Cantabrismo son dos términos que se superponen y que surgen, en igual medida, desde lo rural, y desde lo urbano. Tenemos derecho a nuestra propia historia, a nuestro propio relato, de nuestra gente. Tenemos derecho a gobernarnos, a nuestro gobierno, a nuestras instituciones. Tenemos derecho a ser cántabros, y españoles, a nuestra manera. Porque tenemos nuestro modelo social y político cantabrista, un modelo de, para, por y desde Cantabria. La historiografía del nacionalismo español ha hecho mucho daño, y costará superar sus dificultades, pero lo hemos hecho y lo haremos. Porque fuimos, somos, y porque somos, seguiremos siendo cántabros. Mujeres y hombres, de esta tierra, de Santander, de Camargo, de Pielagos … del arco de la bahía, de la Cantabria urbana, cantabrista, solidaria e internacionalista desde lo propio, sin abandonar nunca las raíces, lo nuestro. Desde el arco unido de la bahía de Santander, desde el conocimiento y el reconocimiento, desde un territorio determinado, el nuestro, queremos poner todo ello en valor, en positivo, sin negar nada a nadie, y reconociendo identidades plurales y complejas. Pero que nadie nos niegue nuestro derecho a vivir a nuestra manera, y a seguir construyendo nuestra forma de ser, nuestra identidad, a nuestra manera: cántabros. Así se asume la España Plural.

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