Un PRC fuerte para una Cantabria próspera y de futuro

Cuando los ecos del pasado son apenas perceptibles en el presente es complicado tener un futuro, pues si a alguien le robas su pasado, le siegas el suelo bajo sus pies, y la comparativa con una secta se hace, de una u otra manera, una reflexión inducida. Y esto, normalmente, lo hace una derecha nacionalista española que se muestra orgullosa de una línea temporal de continuidad desde que los pintores de Altamira dibujaban Bisontes pensando, sin duda, en apoyar a la selección española de fútbol y la coronación de Felipe VI, hasta la actualidad, pasando por los Austrias, los Borbones y la actual dinastía franquista. Y esto no puede ni debe negar ni el ser, ni la historia, ni el potencial de futuro de los demás, en este caso, de Cantabria.

Antes que nada lo más importante es tener claro que el ser humano nace en comunidad. La familia es una comunidad natural, pero los pueblos ya no se distribuyen sólo por familias, y en los edificios viven familias intercaladas, y este mero hecho debe darnos cuenta que no sólo hay derechos individuales, como el falso liberalismo español ha pretendido hacernos creer en estos 2 siglos de existencia, desde la pepa de 1812 hasta la actualidad, en sus 13 constituciones, sino que hay derechos colectivos, y estos, están recogidos en los acuerdos y tratados internacionales. Es importante asumirlo como una realidad, también para Cantabria.

Nunca está de más la ideología, pues es la estructuración de las ideas, y es muy importante tener ideas. Tener una visión de lo que ha de ser la ciudad, en el término griego de la palabra, la polis, es lo que nos hace ciudadanos. Eso, y el hecho de tener derechos políticos. En la antigua polis helena (decir griega es un anacronismo, entonces Grecia no existía) sólo los nativos blancos varones con patrimonio eran los que decidían en las asambleas abiertas y participativas, siendo una democracia, sí, pero para unos pocos. Actualmente todos tenemos los mismos derechos de participación, por lo tanto todos somos políticos. Y a todos nos corresponde el gobierno de la ciudad, en este caso, de Cantabria.

Tan importante como la participación política, que es un derecho y una obligación, está el hecho de tener bien claro cual es el marco de referencia en el que nos movemos. Al hermano Luis del Maestro Sabino un sargento originario de Santander le dijo en 1880 en un tren hacia Madrid que debía elegir entre los fueros y España, y es que, en la concepción ya cuajada de ese falso liberalismo español era incompatible un marco unitario de la pretendida única nación española con un concepto más bien federal o confederal como era la noción de los fueros, que, en suma, es la concepción del poder desde la base, de abajo hacia arriba, y no como actualmente, desde la cumbre hacia la base, que supone artificialidad. En honor a la verdad ahora hay que plantear lo siguiente: o se elige esa España pretendidamente unitaria, o cada unidad natural ha de apostar por lo suyo, sin renegar en lo que pueda tener con los demás, en un marco federal o confederal de un estado compuesto de varios pueblos con voluntad de ser para decidir: o esa España rancia o Cantabria.

Ahora pensemos en la necesidad de cohesionar al pueblo, de recuperar las viejas estructuras naturales, ya recogidas de alguna manera en el marco legal estatutario, pero no desarrollado, como son las comarcas. Y hacer natural lo que es tradicional. Pues el marco de la tradición nunca fue la ley por sí misma, sino el mecanismo por el que se renovaba la ley, se creaban nuevas leyes y procedimientos por el que regirse, por el que gobernarse a sí mismos. Por eso siempre ha sido más importante para los falsos liberales españoles la destrucción o anquilosamiento de las instituciones antes que la destrucción del fuero desde la raíz, viendo como les salió el invento con los decretos de nueva planta. Y es importante dar cohesión interna, en todos los órdenes, institucional, pero también económico, social, de integración de los inmigrantes, de garantía de minimizar los emigrantes, de actividad empresarial y laboral, en órden a tener una estabilidad y prosperidad que trabe viabilidad a ese proyecto colectivo llamado Cantabria.

Buscar el futuro ha de ser el objeto de esa sociedad estructurada y organizada para trabajar ese futuro común, si se quiere. Es en este punto donde entra en juego el concepto de partido político. Si todos somos políticos, hemos de juntarnos, para hacer puesta en común, combatir todos juntos, por los ideales que nos conmueven, que nos hacen movernos, que nos impulsan hacia el mañana, pero siempre, con la base en el ayer, y el impulso de la ideología. Una visión cantabrista, regionalista, ha de tener su expresión en un partido que tome las decisiones en la propia Cantabria. Cualquier otra formación, por muy próxima que sea, muy empática, solidaria, siempre tendrá sus raíces fuera de Cantabria. En todo caso debieran ser capaces de decir: bien, somos hermanos, y lo que decida nuestra gente en Cantabria, el resto, sea lo que sea lo que decidan, firmamos bajo la línea de puntos. Como sabemos que no va a ser así, es imperativo moral que, dados los retos que pueden venir en el futuro, todos los cantabristas, sea dentro de la estructura orgánica, o desde fuera, apoyen al único partido cántabro 100%, el PRC, el Partido Regionalista de Cantabria.

Regionalistas, sí, porque la mayoría social a día de hoy considera Cantabria región, dentro del marco nacional español. Pero sin olvidar el viejo lema de Cantabria región sin Castilla ni León. Y este es un miedo y un peligro muy real. El porcentaje de personas que apoyan un estado sin comunidades autónomas, o con muchas menos competencias ha crecido a través de estos años de crisis, y el mal llamado sistema del café para todos, que fue un acto cuasi criminal, pues no se puede dar igual tratamiento a quien no es igual, y esto no tiene porqué suponer desigualdad, ha crecido, también en Cantabria. Bajo cuerda y sin alharacas, el gobierno de Mariano Rajoy ha emprendido una marcha de re centralización brutal, que el gobierno de Nacho Diego ha seguido sin rechistar. Por lo tanto es evidente que el próximo gobierno de Cantabria se va a encontrar una Cantabria mucho menos cántabra cuando asuma el gobierno de Cantabria.

Insinúan la apertura de un proceso de revisión de la constitución española de 1978, lo cual, visto el agostazo de 2011, la revisión del artículo 135, en un pacto PSOE con PP, con agostía y alevosía, nocturnidad, sin contar con nadie ni llamar a referéndum, es más que plauxible. Está más que claro que partidos como UPyD o Movimiento Ciudadano (ciutadans) asumen que Cantabria no tiene sentido y debe volver (sic) a ser parte de Castilla y León. Y esto es algo que hay que afrontar, lo mismo que la desnaturalización del marco de autogobierno del que se dotó Cantabria, y al que sólo le faltó culminarlo con un referéndum de adhesión al marco autonómico a través del plebiscito de su marco estatutario. Un error del que derivan estos lodos. Y es que el marco institucional es del que derivan el resto de marcos (económico, social…). El mayor peligro ha sido, según dijo Carlos Salvador, diputado de UPN, la difusión de la política del gasto en el café para todos, y no la difusión de la política de ingresos. Y llegó a proponer la difusión del marco foral navarro a todo el marco español. Sin llegar a tanto, está claro que autogobierno ha de haber tanto como uno se lo pueda permitir, uno se lo pueda pagar, siendo leales, además de con el común español, con las y los ciudadanos de Cantabria.

Ante el reto que supone la defensa de derechos sociales, de una sanidad y educación públicas, gratuitas, universales, pensiones dignas y viables, y todo lo que implica, también en dependencia, todo ello derivado de un marco institucional claro, nítido, sostenible y sostenido, en el que, tal vez, de 17+2 comunidades, se deba simplificar en un máximo de 10, el reto de Cantabria Infinita es mayor que nunca, y la necesidad de un partido que la defienda más primordial si cabe que en toda su historia reciente. Porque para mantener una Cantabria próspera y de futuro, con altas cotas de bienestar para su población, integrada en sus marcos naturales de referencia, como son el Arco Atlántico y el Eje del Ebro, sólo hay una opción de futuro, y es el PRC, en el que una nueva generación de regionalistas asuma el liderazgo del partido, para poder asumir el liderazgo de una Cantabria renovada y preparada para los retos del futuro, que ya están asomando por la puerta. Para ese futuro, sólo hay una respuesta. PRC, Partido Regionalista de Cantabria. Arronti Cantabria!

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