Ucrania quiere ser europea (y Rusia no quiere)

0,,17244467_303,00Rusia es una potencia con los pies de barro. Y aún así su propaganda política es asumida por amplias capas de muy diferente pelaje. ¿Porqué? Uno es estructuralista, o, dicho de otra manera, contextualizador. Para explicar el hoy hay que explicar las conexiones con el ayer, el ayer más remoto. Aunque no hace falta ir más allá de un siglo hasta las hambrunas artificialmente generadas por el dictador tiránico Stalin, presuntamente georgiano, y que provocaron el repoblamiento de grandes áreas del este y sur de Ucrania. Y no fue el único momento.

Segunda Guerra mundial. A pesar de los alemanes, muchos vieron en ellos a unos libertadores. No concebían que algo pudiera ser peor que lo que acababan de sufrir. Y aún así, lo fue. Con razón o sin ella, que para el Kremlin es la línea habitual, fueron deportados numerosos pueblos, entre ellos el tértaro, y también ucranianos. Hay en Rusia territorios a día de hoy en que los Rusos no son mayoría. Es curioso al menos, en zonas muy alejadas de Ucrania, encontrar porcentajes significativos de ucranianos y tártaros. Hay incluso un oblast llamado Tartarstán. Y es el reflejo del poco o nulo respeto de Rusia a las colectividades humanas.

Europa es un horizonte muy loable y muy necesario. Se pueden criticar muchas cosas y por supuesto no es perfecto. Pero es que en un modelo de democracia las imperfecciones se ven. Y en las dictaduras no. En las democracias hay libertad de expresión y de publicación, y en las dictaduras no. Y en Rusia se está dando un retroceso generalizado de libertades producto de lo que los técnicos llamarían un berrinche infantil. Perdieron la Guerra Fría y no asumen las consecuencias que trajo. Conciben los años de Yeltsin como una debilidad. Que la política y economía occidentalizada, el intento de integración en el G8, la descentralización, la separación del servicio secreto interno y externo entre otros es algo a erradicar. Y retornar los viejos métodos. Rusia vestida de Rusia.

Victor Yanukovich es un golpista. Cuando se vuela por votación parlamentaria se está asesinando a Kelsen, Hans Kelsen, austríaco, que en 1920 funda un pilar constitucional como es el tribunal que lleva su nombre. Una constitución ha de tener garantías especiales. Por tanto es aberrante cuando, además, Yanukovich, decide usurpar al Parlamento, la Rada Suprema, del nombramiento del Primer Ministro y los ministros de interior y defensa. Eso es un golpe de estado en toda regla. Por lo tanto no tiene derecho a pretender ser autoridad en la acusación a los demás de semejante materia de la que es maestro, sin duda.

Geoestrategia. Esa es la clave de este asunto. Y es que está claro que a Rusia le preocupa el acceso al Cáucaso. Si Kazajistan decidiera ir por libre de Rusia, y veremos que podría pasar, un estrecho cuello de botella cerraría su acceso entre el extremo occidental de Kazajistan y el extremo oriental de Ucrania. En un terreno llano, de las planicies que van desde Varsovia hasta Moscú. Sólamente las marismas cercanas a Pripiat pueden ofrecer algo de resistencia. Lo supo Napoleón, lo supo Hitler y lo sabe Putin. Por eso y por la teoría de la potencia terrestre versus la potencia marítima necesita trasladar su frontera cuanto más al occidente que le sea posible.

El Mar Negro en poco más de 2 décadas ha pasado de ser un mar soviético a ser prácticamente un Mar de la OTAN. Si bien en 2008 Ucrania solicita la adhesión al sistema euro occidental de defensa mutua, en 2010, evidentemente, se revoca. Previamente, en 2004 Rumanía y Bulgaria habían hecho su ingreso. Y desde sus inicios Turkia es miembro del club. En 2008 Georgia asume su interés en ser protegido de los intereses rusos. Y la flota del mar negro está en Sevastopol, en Crimea. En Ucrania. Suele obviarse que con Kuchma se hizo, en los años 90 del siglo XX un acuerdo paritario ventajoso que caducaba en 2017. Y que con Yanukovich Putin le obligó a un acuerdo humillante que acabará en el año 2042. Es importante reparar en los detalles. Son la clave de todo.

Asia Central es un coto privado de caza de Rusia. Al menos hasta ahora. Un puente con tren y gasoducto entre Turkmenbasy en Turkmenistan y Baku en Azerbajan que canalizase todo el gas centro asiático hacia bien Georgia y de ahí a Europa por Rumanía o bien a Turkia, Grecia y los balcanes, supondría un golpe estratégico a Rusia, y el principio de la independencia de los Stan Countries anteriormente ligados en monopolio a la Unión Soviética y a Rusia después. Por eso Rusia se ha opuesto sistemáticamente a cualquier interconexión sobre el caspio entre las citadas dos ciudades. Y es que Rusia es conocedora de proyectos como Nabuco o el BTC, el Oleoducto Bakú-Tiflis-Ceyhan, que, en el fondo, fue una razón de peso para la guerra contra Georgia de 2008.

Rusia es perfectamente conocedora de todo esto, conoce las debilidades del proyecto europeo. Y que se ejemplifican de manera simplificada en la historia del lanzador Ariane. El Reino Unido pensaba que con los lanzadores de sus primos americanos era suficiente. Los franceses querían una independencia en el campo aeroespacial. Y los alemanes estaban a dos aguas, entre los británicos y los franceses. Afortunadamente tenemos el Ariane. Y Alemania juega a dos barajas. Aquí son los polacos quienes hacen el papel central. Saben que podrían sufrir las consecuencias de no plantar cara a Rusia en esta batalla. Conocen muy bien a los rusos y su imperialismo.

Imperialismo Ruso. No debe doler prendas en llamarlo así, puesto que en verdad, si hemos de ser consecuentes, y cuando el imperialismo yankee se ha pasado de la raya hemos ido a denunciarlo y tratar de evitarlo, el imperialismo es un mal en sí mismo, lo incurra quien lo incurra, venga de donde venga, y en este caso, en el caso de Ucrania, hablamos de un estado, que con zares blancos o zares rojos, siempre ha sido permeable y potenciador de veleidades imperialistas sobre cuantos pueblos hay a su alrededor. Y este factor clave ha de ser resaltado, denunciado y atajado. Porque ni un sólo pueblo ha de vivir una situación de dependencia sobre otro.

Autodeterminación y derecho a decidir dicen que es lo que en el este y el sur de Ucrania está sucediendo. Y cabría decir contra eso que es absolutamente falso. Primeramente porque son peones del imperialismo ruso. No quieren la independencia para constituirse en estado nuevo, sino para ser parte de otro estado. Y eso es sumisión. Y uno se declara soberano para ser libre. Por tanto no se les puede llamar separatistas de ninguna manera. El lenguaje es importante. El caso de Crimea sería comparable a si todos los marroquíes de España se juntaran en Almería y declararan su indepenencia para, a renglón seguido, buscar hacer parte de Marruecos. Y lo del este de Ucrania es como si Extremadura quisiera independizarse de España, pero todos supieramos desde el principio que es no para ser un estado independiente, sino para anexionarse a Portugal. Por lo tanto cualquier otra comparación es inescusable e imposible de realizar. Es una aberración.

Europa no puede aceptar ni aceptará la anexión por la vía elegida de cualesquiera parte de Ucrania. Primero porque no hay garantías democráticas de votación de ninguna clase. Un censo hecho en días y con el “apoyo” de tropas extranjeras, es decir, rusas, no parece algo homologable a una democracia. Y es que Europa, en cualquier caso, no puede lanzar un mensaje como ese, y es que si uno quiere usar el principio de la autodeterminación o del derecho a decidir, se procure el uso de la fuerza, la coacción y el hecho militar para lograrlo, y no la palabra, la negociación y el acuerdo. Sería un duro golpe admitir bajo coacción la “independencia” del Donetsk o Lugansk fuera de Ucrania (y dentro de Rusia) y negarselo a quien renuncia a la guerra, la coacción y la violación de la democracia y los derechos humanos. Por ese lado es bastante posible que toda Europa y sus instituciones estén, como debe ser, del lado de Ucrania, quien, en su constitución afirma, que cualquier cambio en la integridad territorial de Ucrania ha de ser consultada a la totalidad de ucranianos.

Ucrania es la última batalla europea. No quisimos combatir al lado de Georgia en 2008. Y lo pagamos caro. No luchar junto a Ucrania en su derecho legítimo de formar parte de la gran familia europea de la que es parte por derecho propio nos costaría mucho en unos años bien en Moldavia o bien en Polonia o en los países bálticos. El tiempo pasa y somos nosotros quienes debemos decidir el escenario de nuestras propias batallas. En el futuro de Ucrania se juega parte del futuro de Europa. Y en esta batalla debemos ganar con Ucrania. Para que el proyecto europeo sea viable. A pesar de las dificultades. A pesar de las pegas que habrá que solventar. Y que Rusia deberá aprender a sobrellevar. Tampoco son tan fieros. Económicamente son del tamaño de Italia. En la batalla de Ucrania por Europa debemos prevalecer. Combatir la propaganda rusa con la verdad. Con la verdad de un pueblo valiente y noble que no quiere sino lo que todos los pueblos de Europa queremos, paz y prosperidad. Y unidad en la diversidad. Podrán cortar todas las flores, pero no podrán frenar la Primavera. Que nadie lo dude, Ucrania es Europa.

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